icono-sumario Fernando Robleño, única ovación y dos estocadas de premio

icono-sumario Corrida seria, temperamental y desfondada de Ibán

icono-sumario Esfuerzos improductivos de Serafín Marín y Luis Bolívar

Video resumen de la 24ª de San Isidro I CANALPLUS TOROSlinea-punteada-firma1
JOSÉ MIGUEL ARRUEGO > Madridlinea-pie-fotos-noticias

Coincidiendo con el final del Giro (Enhorabuena a Contador), arrancaron las etapas de montaña en la Feria de San Isidro. Una semana con el toro como protagonista que tuvo en su primer capítulo una corrida de Ibán muy seria por delante, suelta de carnes y fina de cabos, que apuntó cosas buenas aunque en su mayoría le faltó fondo para poder acabar de desarrollarlas. El animal que dio la bienvenida la tarde fue también el de mayor duración y frente a él Robleño consiguió los pasajes más celebrados del espectáculo. Además, las estocadas del de San Fernando de Henares contarán entre las mejores al final del ciclo. Serafín sorteó los dos toros que más pronto se aplomaron mientras Bolívar hizo un esfuerzo notable, y no del todo reconocido, tanto con el primero de su lote, que como fue tónica general del encierro se vino pronto a menos, como frente al sobrero de Torrealta que cerró plaza, que fue agriando su comportamiento conforme se desarrolló la lidia.

Tuvo la corrida de Ibán cosas muy buenas, aparte de su pareja y respetable presencia. La mayoría acudieron y tomaron los engaños con prontitud y fijeza, y su embestida fue seria y fuerte, y además por abajo. Pero salvo el que partió plaza, que se vino a más en su comportamiento, el resto de ejemplares echó el cierre mediado el trasteo, justo cuando éste debía definirse en uno u otro sentido. Si el primero fue el de mayores virtudes, segundo y quinto fueron los que menos duraron y entre medias, tercero y cuarto, que fueron el tono medio de una corrida de ese mismo tono. El sobrero sexto de Torrealta engañó a parte del público, que se fijó más en su movimiento que en la altura a la que llevaba la cara. Y como no reconocieron las dificultades tampoco acabaron de valorar el esfuerzo de su matador Luis Bolívar.

Algunos dirán que Fernando Robleño sorteó el mejor lote, pero en el comportamiento de ambos astados tuvo mucho que ver la actitud del torero madrileño. Sincero, solvente, aplicando oficio y madurez, se ganó a la parroquia desde un apuesto quite por saltilleras a su primero. Respondió mejor el toro siempre por abajo y la faena cogió fuerza cuando Robleño, en el ecuador de la obra, apretó al animal por ese pitón en tres series de una obra recia y firme, que, como la embestida del toro, acabó de modo creciente. Una estocada cobrada en rectitud y con seguridad le valió para saludar la única ovación de la función.

El cuarto fue un cinqueño cornidelantero y estrecho de sienes. al que el torero se sacó a los medios con mucha gracia y compás. Las primeras series resultaron ligadas y tuvieron la intensidad que proporcionó el toro en la embestida, y que perdió cuando en la tercera serie el toro comenzó a tardear y a no despegarse de los vuelos. Robleño le ganó un paso en cada muletazo con habilidad pero la obra, a pesar de la decisión del torero perdió fuerza continuidad. Otra gran estocada dejó las espadas en alto para el segundo compromiso de Robleño en el abono, con los toros de Cuadri, dentro de 48 horas.

Había humillado y se había desplazado con tranco el tercero. Por eso Bolívar le dio metros e inició faena con una pedresina en la boca de riego. A pesar de no acabar nunca de ir metido en los vuelos, tuvo el toro codicia y empuje y el principio de faena de Bolívar, mucha emoción. Cuando el toro perdió ímpetu la faena bajó el diapasón, a pesar de la buena actitud del colombiano, que pese a la firmeza y el aplomo con que planteó la batalla, se quedó sin reconocimiento. Tampoco la tuvo en el sexto, un jabonero cinqueño de Torrealta que suplió al titular, lesionado en los lances de recibo.

Tuvo movilidad el toro de Borja Prado, pero quizá por su constitución, alto, aleonado y algo montado, siempre pasó sin humillar. Le cogió pronto la altura y la distancia Bolívar y manufacturó tres series muy enraizado en la arena, ligando con habilidad e inteligencia sobre la mano derecha, porque era un arco de iglesia hilvanar muletazos sin que el astado te tropezara el engaño. Sin embargo, por la zurda además de embestir a la altura del corbatín, el de Torrealta no pasó del embroque y derrotó con mal estilo. Y pese a la actitud del colombiano, que volvió a intentarlo con dedicación sobre la derecha, la faena nunca remontó.

Serafín Marín cumplió sin brillo en su primer paseíllo en el abono. En sus manos cayeron los dos toros que menos posibilidades ofrecieron, un castaño astifino y bajo que se afligió en un suspiro y un cinqueño descarado y agresivo que embistió sin ritmo ni entrega. A su primero aún le pudo ligar tres naturales de largo trazo antes de consumirse, mientras en el parado quinto, las protestas del publico le instaron a desistir de prolongar una faena sin visos de éxito. Cerrara feria el catalán con otra etapa dura, la de Miura, dentro de siete días, otro Mortirolo en una semana de culto. De culto al toro.

Hierro de Baltasar Ibán Plaza de toros de Las Ventas. 24ª de la Feria de San Isidro. Tres cuartos de plaza (19.139 espectadores). Toros de Baltasar Ibán, serios por delante, finos de cabos, Tuvieron un comportamiento temperamental, pero venidos a menos en su mayoría, sobre todo segundo y quinto. El primero fue el que más duró. Un sobrero de Torrealta (6º), que nunca humilló. logo-mundotoro-fichas-crónicas
Fernando Robleño, ovación y aplausos
Serafín Marín, silencio y silencio
Luis Bolívar, silencio tras aviso y silencio