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Sabida en los aires y respirada desde hace meses, la noticia sobre la decisión de ETMSA (Espectáculos Taurinos de México) de comprometerse con la Fiesta en Europa, ha causado efectos que van desde una mayoría de esperanzahasta el escepticismo, pasando por alguna alarma e incluso gestos de sorpresa. No sabemos muy bien qué está sucediendo en este nuestro mundo del toro porque, una de dos, o no usamos la inteligencia que tenemos o, sencillamente, no la tenemos. Lo segundo es un déficit de difícil arreglo, un determinisno. Lo primero es peor: no saber usar la inteligencia es la mejor fábrica de inoperancia.

Quien se sorprendió de la noticia, no acudió a clase el día que se explicó que, en el toreo, la mayoría de las empresas tiene un débito superior a sus activos. Lógico, entre otras cosas porque los activos fijos(propiedades, inmbuebles…) y los circulantes (liquidez, cuentas bancarias…) son inexistentes. Tampoco asistió a clase el día o los días en los que Simón Casas habló con una y otras empresas taurinas exponiendo suproblema y elproblema. Y se debieron ausentar muchos días de la escuela, porque la propia ANOET, otro día de clase, afirmó que el toreo estaba en quiebra.

Pero para el toreo hubo muchos más días de clase en los últimos años a los que no asistimos. Porque se nos explicó que  tiene tan escasa fuerza el toreo que se le puede prohibir. O que un partido político puede ofertar a la sociedad española acabar con el toreo a cambio de un voto. O no estábamos en clase el día que se supo que, para el toro de lidia, los días de recibir ayudas (como todo rumiante recibe) de Bruselas, están contados. Tampoco asistimos a clase cuando desde Francia y desde Colombia nos aseguraban que trabajáramos en la dirección jurídico-constitucional para asegurar el derecho de la fiesta. Ni los días en los que se dijo que había exigir a las propiedades de las plazas pliegosrazonables.

No asistimos al colegio cuando los ganaderos, en días y días de clase, argumentaron su realidad de pobres y la estrechez y precariedad con la que se cría el toro bravo. Pero tampoco nos sentamos en el pupitre los días que se nos explicó que la sociedad y la juventud, a la que tanto echamos en falta, varió el rumbo de las comunicaciones y gustos en una revolución social sin precedentesde la que el toreo no forma parte: La red está está cambiando los hábitos de ocio e incluso se ha convertido en un medio de movilización política. Una globalidad usada por cualquier sector. Y por los antitaurinos, de forma muy eficaz.

Mientras nosotros seguimos con el cartel anuncio pegado en la tapia y creemos que a los jóvenes (y por tanto al futuro público de toros) se les llega con el uso endogámico de grupos poco numerosos, los jóvenes de nuestra sociedad  van por otro lado. No les llega nuestro mensaje. Para los jóvenes y adolescentes de la sociedad en la que vivimos, teléfono, web, red, forman parte de su formación cultural y de su vida cotidiana. Muchos de ellos han conocido la red desde que nacieron. Y casi todos desconocen el toreo.

El 94% de los jóvenes entre 16 y 35 años tiene móvil y el 84% se conecta a Internet. La internacional antitaurina lleva usando desde hace muchos años ese cauce de mensaje de impacto millonario. Son, pues, muchos días faltando a clase, durante muchos años. Por faltar tanto, no sabemos siquiera cuántos somos. Qué fuerza tenemos. Qué pegada social, a cuántos españoles les gusta esto o no les gusta, pero están dispuestos a defenderlo para que no los prohíban. No estaba en clase nadie el día que, insistentemente, se pidió  una mínima inversión en encuestas confidenciales que nos digan dónde estamos, quiénes somos. Con qué armas contamos. Para sentarnos frente a un político y una administración y frente a las empresas que gastan en la publicidad que no tenemos.

Quizá ésta sea la razón de la noticia. Todas o en parte. Aunque es lógico que haya cierta alarmapor el poder concentrado. No es nuevo. La antigua empresa de Madrid lo tuvo parecido, o la casa Chopera. Porque ahora resulta que nunca estuvimos en clase los años en los que se nos explicó que el taurino iba de la mano de un roneante financiero o político o ladrillero para que le dieran una plaza en condiciones ruinosas para el propio toreo. Esos días, sobre todo esos, no fuimos a clase.
 
Es lógico que a esta Fusiónse les pida y se les exija el buen uso del poder, no abusar del poder. Respeto al toro, al toreo, a los toreros, al público. Equilibrio. Pero, además de ese respeto, y, quizá más que eso, que se supone, lo que se espera es esa tarea reflexiva y activa del trabajo que los profesores nos pusieron desde hace muchos años en la escuela. Los días que no asistimos.

Y como no vamos a la escuela, no nos cuentan. Y como no nos cuentan, no sabemos cuántos somos. La misma noticia de ayer sirve de ejemplo. Si Alberto Bailleres y el Grupo BAL le entra al rescate, o la inversión, o al interés de la cría en cautividad del cangrejo de río, es portada a doble columna en periódicos generalistas. La importancia social y mediática del toreo queda retratada. Como retratada queda la ausencia de deseo de roneo, la ausencia  de afán de notoriedad de todo el apellido Bailleres. No es que no lo busquen, es que se empeñan en no tenerlo. Por discreción, no por vergüenza frente al antitaurino.

Quizá sea el momento de regresar a la escuela todos. Momento de hacer los deberes entre todos. Y tener la esperanza de que en el toreo algo se mueve. Porque lo que es inapelable es que esta sociedad se ha movido ya hacia rumbos para nosotros casi desconocidos.

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