Una tarde más, y son muchas a lo largo de esta temporada, Julián López, El Juli, ‘salvó los muebles’ a un empresario taurino. En el último momento se produjo la conjunción de un toro noble, móvil y manejable de Victoriano del Río con el joven diestro madrileño y sobrevino la apoteosis. Julián López, variado con el capote, fácil y resolutivo colocando banderillas y, seguro y sobrado con la muleta cuajó al toro en los medios entre la algarabía popular. Un pinchazo y una estocada entera desprendida no fue óbice para que el presidente concediera las dos orejas. El usía había dado una del quinto toro a Víctor Puerto por una faena sin armazón, mero muleteo honesto y fogoso junto a las tablas, consintiendo la querencia del manso. El mérito de Víctor Puerto radicó en la disposición y l
tenacidad al justificar su inclusión en el cartel.

A decir verdad, mayor meritoriaje contrajo el trasteo de Enrique Ponce al primer toro, noble aunque tardo y distraído. Poncetuvo que recurrir al zapatillazo y los toques bruscos para provocar las embestidas. Hubiera ganado una oreja, pero le faltó acierto con la espada. El segundo del lote del valenciano, que se tapó por la cara, careció de fuerzas. Y lo mismo le ocurrió al segundo de la tarde, un toro caedizo que perdió las manos reiteradamente. El tercero fue devuelto por la tara de la flojedad, y el sobrero suplente de Arjona, aunque se movió ligero, fue para escapar de la muleta de El Juli.