icono-sumario Enrique Ponce y ‘Jaraiz’, de Juan Pedro, dejan un encuentro para la historia

Resumen de una tarde histórica I TOROSlinea-punteada-firma1

MARCOS SANCHIDRIÁN > Málagalinea-pie-fotos-noticias

La realidad superó al sueño de Enrique Ponce. Su encuentro con ‘Jaraiz’ será recordado por la historia. Fueron las lágrimas que cayeron en la mejilla de aquella niña o el sombrero de ala ancha que voló a la arena desde el tendido. Fue todo el toreo. La conjunción de los suaves movimientos del torero, el vuelo como flotando de la muleta, la cadenciosa embestida del toro y la voz de Estrella crearon una atmósfera inigualable. Juan Pedro también debe estar orgulloso y la ganadería agradecida con la vuelta de un semental. El estreno de Crisol, con una puesta en escena espectacular, fue el marco para una obra eterna.

El indulto fue la cúspide de una tarde emocionante. Crisol conjugó el flamenco con la filarmónica. La música con la pintura. Lo culto con lo popular. Todo orientado para el toreo convertido en una coreografía perfecta. El arte de las artes. Por eso otro artista se inspiró. Javier Conde volvió a ‘su’ Málaga años después. Quiso y se arrebató. Dio cante grande a su lote el día en que España miraba a Barcelona. Una Rambla que gritaba de desesperación contra la barbarie. Esta vez sí, todos somos uno. Esta gloriosa tarde también va por ellos… y por la paz.

La conjunción entre Enrique Ponce y ‘Jaraiz’, un extraordinario toro de Juan Pedro Domecq, quedará para los anales de la historia. Algo excepcional. Sublime. Insuperable. La fusión entre el torero, el toro, la música y el público. Todo uno. Una obra de arte a un toro bravo. Bravísimo. Ponce toreó tal y como lo soñó en más de una de esas noches de desvelo. Porque hubo despaciosidad, naturalidad, relajo. Hubo expresión, trazo largo, mano baja. El valenciano exteriorizó todo aquello que quiere reflejar en el ruedo. Una vida en una faena. Por eso surgió esa tanda al natural con la que se vieron todas las cualidades del toro. Comiéndose la muleta por abajo, con una clase excepcional.

Y después Estrella cantó como nunca. Y Ponce acompasó sus movimientos con el compás. Y ‘Jaraiz’ embistió al mismo son que pedía la obra. Fue perfecto. Como en una coreografía, todo era con cadencia, con ritmo. El público estaba en pie. Llovieron los sombreros y asomó alguna lágrima. Después vino la poncina, como si estuviese toreando para sí mismo. Entre gritos de ‘Torero, Torero’, Enrique se fue a por el capote. Ya no había reglamentos que pudiesen sujetar los sentimientos para hacer aquello que solo hace en la soledad del campo. Por eso se dio la vuelta, flexionó la rodilla y volvió a bordar la poncina con el capote por primera vez en un ruedo. El remate con un farol fue de gritar. Ya no había momento para la razón. Se echó de rodillas -las dos-, encajó los riñones y pegó una tanda cumbre. Afloraron los pañuelos. La gloria. El sueño. El presidente sacó el pañuelo naranja. El indulto 47 de Ponce pero podemos hablar de una de sus faenas más redondas. Como flotando salió Conde con la muleta para quedarse a gusto. El delirio. ‘Jaraiz’ volverá al campo mientras Ponce hizo que el toreo recobrase todo su sentido.

Momento en el que Ponce perdonó la vida a ‘Jaraiz’ I TOROS DEL MEDITERRÁNEOlinea-punteada-firma1

No faltó nada para el estreno de Crisol. Música y estética fueron de la mano para acompañar una bellísima faena de Enrique Ponce al buen Juan Pedro que abrió el festejo. Inspirado con el capote, fue replicado por un torero Javier Conde. Estrella Morente comenzó al cante mientras Ponce lo cuajaba al natural. Cadencioso, relajado. Todo muy despacio. Una tanda cumbre mostrando el envés de la muleta, para después ofrecérsela al natural. Y con el paso a la mano derecha, la filarmónica. un cambio de mano puso boca abajo la plaza. La estocada entera fue de libro. Cayó la primera oreja y, cuando pensábamos que saldría el segundo pañuelo, el presidente volvió a querer ser el protagonista quitándole lo que había merecido.

El tercero se dio dos vueltas de campana sobre un pitón en el capote. Ponce lo cuidó: se acopló a lo que el toro le pedía para terminar siendo una obra grande. Primero no le bajó la mano, le consintió, tanda tras tanda. El siguiente paso fue llevarlo a media altura donde el valenciano se recreó pero nos tenía guardado un final explosivo. Cuando parecía que todo había acabado, Ponce lo apretó por abajo sobre la mano derecha. Hubo toreo largo y roto por abajo -quién lo iba a decir-. Un cambio de mano eterno fue de cartel. Estuvo hábil con la estocada que hizo rodar al toro. Cortó otra oreja.

Era el día de la inspiración. Javier Conde no se quiso dejar ir y después de ver algo histórico, bordó el recibo a la verónica. Tuvo temple, sabor, y un aire muy de Paula. Con ‘su’ Estrella de fondo fue el momento de querer, de encajarse sobre la mano derecha, de alargar el muletazo y de rematar con esos destellos de genialidad que le caracterizan. Si la espada hubiese entrado a la primera hubiera acompañado a Ponce por la Puerta Grande.

El segundo rompió en el quite de Ponce. Volvió a galopar en banderillas e incluso desplazarse con mucha clase. Javier Conde se confió hasta torear muy despacio al natural. Hubo detalles del ‘condismo’ más arrebatado que encandiló a todos. Media estocada y un golpe de descabello fue la rúbrica. Hubo petición pero todo se quedó en una vuelta al ruedo. El cuarto era uno de esos toros con los que Conde hubiese tirado por la calle de en medio. Grande, hondo y muy astifino, no terminó de desplazarse con claridad en los primeros tercios. Pero hoy era un día de apostar. Al cante de Gwendolyne, Conde dejó destellos que contaron con el beneplácito de un público que sabe a lo que iba hoy a la plaza. La espada no tuvo rúbrica.

Hierro de Juan Pedro Domecq - España Plaza de toros de La Malagueta. Toros de Juan Pedro Domecq, 1º, 4º, 5º y 6º, el quinto ‘Jaraiz’, nº 53, negro mulato, 12/12, de 554 kg, fue indultado y Daniel Ruiz, 2º y 3º, bien presentados y de buen juego en líneas generales. Hierro de Daniel Ruiz - España
Enrique Ponce, oreja con fuerte petición de la segunda, orejas tras aviso y dos orejas simbólicas;
Javier Conde
, vuelta al ruedo, silencio tras aviso y ovación.

 

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