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A Victorino Martín le han dado un premio merecido. Es uno de los mejores ganaderos de toda la historia. De los últimos 50 años, dos han marcado la pauta, con filosofías  muy distintas, pero con un historial y un apego a sus ideas para enmarcar: Victorinoy el fallecido Juan Pedro. Con gesto serio y de campo, Victorino recibió la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes de la mano del Rey de España. Bueno, se lo dio la Reina, que es pata negra, pero plebeya de origen. Enhorabuena a Victorino, miles de enhorabuenas porque esa medalla y otras más se las ha ganado siendo, insistimos, un ganadero de la Historia. Para la Historia. Y que la vida aún le sea larga. Y que su hijo y su nieta continúen con el mismo talento.

Después de este parabien, la lectura real: nos siguen dando medallitas, pero pasta no. Seguimos subiendo al pódium honorífico de las Artes y la Cultura, pero no nos dan un euro. Esa cara sonriente del Ministro en tránsito Wert es como el bolso que le queda mal al vestido, como complemento. Los zapatos que no combinan con el bolso, por ejemplo. Ya se han aprobado ayudas económicas sustanciales al circo, a la danza, a la música, al cine, al teatro, a los museos… en un plan estatal de apoyo a la cultura y las artes.

Para el toreo no ha habido nada de nada. 2015 se nos ha ido en un cero. Cero euros. Cero contra los dineros que van a ingresar las administraciones por los arrendamientos de las plazas. De otra forma, seguimos siendo una cultura oficial a la que se le da una medalla, pero no una moneda. A pesar de que nos corresponde. A pesar de que el Pentauro se firmó para ser realizado. Pero estamos igual. Tan igual que, igual que antes, los del toro tienen pavor, temor, miedo a decirlo en público y al público.

Decir alto y claro que lo firmado es papel mojado, que se les han robado sus derechos legales. Los que gestionan el toreo son los representantes del aficionado y del público. Y los están abandonando. A sus votantes, a sus partidarios. No defienden sus derechos legales. No dicen nada. ¿Por qué? Si siguen en esta línea de valentía y coherencia, quizá tengamos nosotros que decirle a los públicos y a los aficionados por qué se callan. Si siguen dando medallas sin dinero será caridad, limosna. Ya basta de acudir a ese acto con la cara partida.

Porque no nos debemos a los que gestionan el toreo. Ni a las administraciones. Ni a un Ministerio. Que no haya margen de error al pensarlo. Este medio y los demás nos debemos, ciento por ciento, al aficionado y al público. Los que gestionan el toreo viven del público y de los aficionados. Son sus ingresos, sus votantes, los que les sustentan. E, insistimos, les dan la espalda, no pelean por su derechos. No son los derechos de los empresarios, de los toreros, de los ganaderos. Son los de la gente, los miles y miles de españoles que sustentamos la tauromaquia.

Así que, una de dos, o se ponen en primera fila para defender los derechos de todos o no nos va quedar más remedio que comenzar a decirles: váyanse. Porque quizá es hora de que se vayan. Los que gestionan esto están pegando el petardo del siglo. Y la tauromaquia no es suya. Es de la gente.

Fotografías: ABC

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