perros-mi-querida-tele-reportaje-20-10-15-511Mi querida tele. Reportaje Mundotoro I ARCHIVOlinea-punteada-firma1

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Una mascota es, legalmente, un producto de uso y consumo idéntico a un lavaplatos. Sin embargo no lo  percibimos así. El perro que está en casa, no se describe  como algo ‘de uso’. Es uno más de la familia. Un lavaplatos no es de la familia, sino para la familia. Es un don nadie silente, como lo es el frigorífico, aunque a éste la familia le tiene más apego por lo que guarda y conserva. Afecto éste menor respecto al que se tiene por la tele ya que ésta entretiene, da fútbol,  hace tribu y, hasta puede hacer compañía. Si un lavaplatos se estropea, pues se lava a mano, malestar chico frente a que se nos quiebre la nevera en agosto o que se funda la tele antes del Madrid/Barcelona. Ese día de agosto la nevera se nos hace de la familia, y ese día la tele es tan vital como el perro en el salón. En todos los casos, miramos si está en garantía o no, lo arreglamos o devolvemos. Es mera descripción sobre la importancia de elementos caseros que, por ley de consumo, son iguales.

Pero, y ésta es la madre del cordero, ¿sabía que si se le estropea el perro, puede exigir su cambio, devolución… sabía que, como la tele, tiene dos años de garantía? No. No lo sabe. Ni el dueño del perro. Ni esta sociedad que anda alimentando el gran negocio en nombre de la sensibilidad del llamado buen trato animal. Ningún “dueño” de un animal de ‘compañía’, percibe a su Toby como un objeto cuyo manejo de compra venta es similar al de un electrodoméstico. En el año 2007, el Instituto Nacional de Consumo dictaminó que la compra venta de un animal de compañía se rige, a todos los efectos, de la misma manera que la compraventa de una TermonixLa Generalitat de Cataluña en 2015, trasladó de forma efectiva a través de su Oficina de Consumo, la reglamentación de la compra venta de mascotas de forma minuciosa. Tan minuciosa que viene a evidenciar la teoría de este medio sobre el vínculo antis/animalistas/mascotas/negocio, tanto como lo evidencia la propia redacción de estos reglamentos, leyes u ordenanzas.

Es tan evidente, que las cuestiones morales aludidas por los antis (bienestar animal, maltrato, crueldad…), no sólo no son aplicables a la tauromaquia, sino que son exclusividad de un  negocio millonario, hipócrita y maltratador de animales que ha logrado, mediante una comunicación de décadas, una manipulación social que usa la sensibilidad de los afectos para hacer negocio con esos afectos. Porque, al mismo tiempo que  muestra a la sociedad ‘la crueldad del toreo y su sangre’, una vez abierta la espita de la ternura, introduce en las personas la calidad humana que consiste en convivir con un animal. Unos lo hacen poco sutilmente: enseñan la sangre y piden dinero para su cruzada de bienestar animal (PETA, por ejemplo,  que ha declarado en 2014 donaciones e ingresos por valor de 52.000.000 de dólares). Otros lo usan para su voto (yo lo voy a prohibir), otros por cuestiones tribales o casi ideológicas como animalistas o veganos. Y, todos ellos, todos,  favoreciendo a  un negocio de multinacionales que ya se considera más rentable que las petroleras de los años 70.

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Todo ha sido una manipulación impecable desde el punto de vista de la comunicación. Basada en dos acciones. Una, provocar  inexistencia del silencio y, otra, la manipulación de las palabras y su significado. Primero, hagamos ruido. En esta sociedad, todo es ruido.  Vivimos bajo una manipulación que consiste en que a cada minuto, en cada día, en cada medio, nos dicen qué debemos hacer con los animales. Esta forma de comunicar nueva, el ruido, trata de evitar el silencio en el que una persona se quede a solas con su pensamiento, con sus instintos, sus sentimientos o con su cultura.

Segundo. Han conseguido lo que el escritor norteamericano Philip K. Dick explicó así: ‘La manipulación de la realidad es la manipulación de las palabras. Si se controla el significado de las palabras, puedes controlar a la gente que usa esas palabras’.  Es decir, que al ruido insistente, le han dado el contenido de la manipulación de las palabras y su significado: ‘Naturaleza’, ‘Ecologismo’, ‘maltrato’, ‘violencia’, ‘crueldad’. Las negativas se las atribuyen a la Tauromaquia . No se trata de una teoría de la conspiración, sino de una elemental conclusión que se saca de realidades de textos y normativas dictaminados por quienes, en su día, prohibieron el toreo para erradicar el mal trato del toro y el negocio basado en el sufrimiento del toro:

1.- La Generalitat define y delimita qué es y quiénes son animales de compañía: un animal doméstico que las personas mantienenen el hogar, con el fin de tener compañía. A efectos de la Ley, gozan de esta consideración los perros, los gatos y los hurones.

Veamos. Un animal de compañía lo es porque un humano quiere tener compañía. No por otra razón más honorable o poética, ni por salvar la naturaleza, ni el mundo. Gozan de esta consideración… es decir, que son privilegiados: perros y gatos y hurones. Pero ¿no dicen los animalistas en sus principios básicos ‘igualdad por razón de especie’? Pueden decirlo, pero el negocio los excluye. Porque animalistas, veganos, etc., están siendo usados por el negocio y, sabiéndolo (publicaremos los enfrentamientos actuales  entre ecologistas, animalistas, bienestaristas, especistas…). A Anselmi, líder de la prohibición de Barcelona, lo utilizó el negocio, y calla ahora en sus viajes de Marco Polo prohibicionistas y subvencionados, ante lo que es un maltrato animal tan evidente como sus números de rentabilidad. Lo de definir al ‘hurón’ como animal doméstico es ya un atentado a la definición de naturaleza. Pero el hurón es una de las mascotas más demandadas en Cataluña.

2.- Hay una economía directa basada, forzada  o impulsada por esta normativa. Todo es bisnes. La normativa exige que la compra venta se haga de la misma forma que si compramos en una tienda un lavaplatos: datos identificativos, impuestos que van a las arcas púbicas, etc… Se exige un microchip, un seguimiento sanitario, una alimentación adecuada…

3.- Destruyendo los principios morales que predican animalistas y veganos (erradicados en partidos como Podemos y por tanto activos en la prohibición del toreo) la hipocresía de la norma que ‘regula’ el negocio, llega al precio al alza en función de un principio absolutamente racista. No especista ( de especie), sino racista: dentro de una misma raza de perro, por ejemplo, el pedigrí o certificado de raza, que les hace más caros o más baratos. Pedigrí que se visa con tanto celo que incluso ya hay normativas proteccionistas del mercado: hay países productores de perros de raza con pedigrí que no se admiten en España o en Cataluña. Por el pedigrí se controla la natalidad, la reproducción… El pedigrí es útil si es elitista. En masa no deja de ser un producto barato.

4.- Dice la norma que ‘quien vende, deberá responder por los defectos que presente un animal de compañía hasta los dos años siguientes’ a la compra venta. Al igual que su tele, si es en el plazo de seis meses, lo puede devolver o cambiar. Si es después de ese medio año de garantía, ha de demostrar que no se trata de un ‘uso defectuoso’ de lo comprado, la mascota. Incluso puede devolverlo si le afirmaron que tenía habilidades de uso específico y no las desarrolla, etc… Todo muy moral muy ético, nada vejatorio para el animal, y, sobre todo, nada que pueda ser entendido como negocio.

5.- La normativa anima a una buena alimentación, la ‘adecuada’, a un control sanitario minucioso y ‘adecuado’, anima a la esterilización y castración  (literal: ‘Es una forma efectiva de evitar la super población’). Es decir que desde los poderes públicos que prohibieron la Tauromaquia, se anima a un negocio cuya moralidad es ínfima para con el trato animal, que lo convierte en un ‘producto de uso y consumo’ que ha apoyado el desarrollo, negocio y riqueza de empresas multinacionales, que ha desarrollado una medicina especial privada tan avanzada o superior a la dedicada a los humanos… Es tan evidente esta afirmación, es tan real como escrita.

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El uso perverso de un ruido constante contra la Tauromaquia  y su crueldad, la incitación a la posesión de la mascota, el desarrollo de este negocio, es el debate moral que han secuestrado a la sociedad española pervirtiendo los significados de maltrato, bienestar, crueldad… Y es el debate que hay que abrir y mostrar al público, con datos, con argumentos, con una solidez incuestionable.

Porque esta perversión de la norma de uso y consumo es tan certeramente aliada del negocio, que se permite la barbaridad moral de definir a otra parte del negocio, el ‘animal exótico’, así:  ‘Un animal exótico de compañía es una animal de la fauna salvaje… que ha asumido la costumbre del cautiverio’Pensemos: un animal salvaje (libre, en su medio por naturaleza y evolución) que se extrae de su medio natural y, que ASUME LA COSTUMBRE DE SU CAUTIVERIO. Dice el Diccionario de la Real Academia, sobre el verbo asumir:

1. tr. Atraer a sí, tomar para sí.
2. tr. Hacerse cargo, responsabilizarse de algo, aceptarlo.
3. tr. Adquirir, tomar una forma mayor.

Es decir, que una serpiente o un guacamayo, voluntaria y objetivamente toma para si su cautividad, se hace cargo de ella, la acepta, se responsabiliza de su cautiverio, lo adquiere y toma una fuerza mayor.

Los hipócritas y maltratadores son ellos. Y éste ha de ser el argumento de la Tauromaquia, que consiste en regresar a las palabras el  significado  que les corresponde: mal trato, negocio, crueldad, violencia…

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(Éste es el primer reportaje de la serie que mundotoro.com publicará para la argumentación social de la Tauromaquia. Incluye: el negocio y las inversiones de PETA, las subvenciones y ayudas a los animalistas, los enfrentamientos silenciados entre animalistas y ecologistas, la antítesis entre ecologismo y animalismo. el interior de Podemos Animal,… para terminar con el análisis económico del negocio del auténtico maltrato animal: la mascota)