icono-sumario La corrida de Cuvillo no respondió a las expectativas

Morante, Manzanares y Roca Rey en La Maestranza  I @torostvlinea-punteada-firma1

 

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Se esperaba más. Del espectáculo en sí y sobre todo de la corrida de Cuvillo con la que echó a andar la temporada 2017 en La Maestranza. Claro que hubo cosas que llevarse a la boca, sobre todo las dos lidias de Morante, por el planteamiento y por la clarividencia con la que dijo el toreo con las escasas opciones de lucimiento que tuvo. Pero se antojó insuficiente. Manzanares anduvo cerca de cortar una oreja del quinto por una faena correcta a un toro medio, que sin embargo fue el mejor dentro de una corrida que no respondió a las expectativas. Ni siquiera Roca Rey, esperado y motivado, y que ve toro por todos los lados, tuvo opciones de éxito. Sólo con el capote pudo destacar el peruano, que como sus compañeros tendrá ocasión de resarcirse en una feria que ya asoma a la vuelta de la esquina.

El primero de la suelta tuvo más trapío que hechuras. Algo corto de cuello, con la cara para delante, se emplazó en los medios de salida. Morante ya se hundió en el albero para veroniquearlo, mentón hundido en le pecho, pero al animal le faltó celo. Le taparon la salida en el caballo y en su huida arrolló a Lili, por fortuna sin herirlo. Fue complicado de picar porque el animal deambuló abanto y marcó querencia. El inicio de Morante fue prodigioso por la manera de sacarse al toro a los medios y, sin obligarlo, sin molestarlo, ir poco a poco dándole celo. Así le robó una serie con la derecha exquisita, en la que pareció que había reclutado al animal, pero el celo sólo le duró esa tanda. Afloró la falta de raza cuando Morante cogió la zurda, empezó el toro a otear las tablas, y a aburrirse al salir del embroque, hasta que, afligido, se paró en seco. Sonó un aviso antes de que Morante le diera muerte.

Más feo el cuarto, de cara y cuerpo. Construido cuesta arriba, con los pitones casi veletos, muy astifino. El toro pasó sin emplearse en el capote de Morante y se dejó pegar en el caballo. Acudió pronto en banderillas pero en el último tercio le costó tirar para delante. Morante, que había brindado a Vargas Llosa, se lo llevó al tercio, y en paralelo a las tablas, dejando la muleta puesta, dando un tiempo al toro entre los muletazos para desahogar al animal y no violentarlo. Lógicamente no hubo ligazón, no podía haberla porque el toro se defendía y no la permitía, pero aunque sueltos, hubo muletazos extraordinarios. Sobre todo con la mano zurda. Todo lo hizo con suma pureza, hasta entrar a matar, echando la muleta al hocico, atacando en rectitud y dejando la espada en lo alto.

Fino el segundo, algo ahogado de cuello, acodado de pitones, corto de manos. Embistió bien al capote de Manzanares, colocando la cara y se empleó en el caballo en dos puyazos bien administrados por Chocolate. Quitó Roca Rey por chicuelinas, muy estoico, y replicó Manzanares muy reunido y apretado. Las palmas echaron humo. El toro escarbó y esperó en banderillas y a la muleta llegó un tanto descompuesto, lo que obligó al alicantino a perderle pasos entre un muletazo y otro. No hubo conjunción porque el animal, que no andaba sobrado de raza, se paró a las primeras de cambio. La estocada de las suyas, contundente, de rápido efecto, fue lo mejor de su actuación.

El colorado salpicado que hizo quinto, enseñando las puntas, fino de mazorca pero más lavado de cara y suelto de carnes, se fue al relance al caballo que hacía puerta. Como sus hermanos, humilló en los capotes pero ya en los primeros tercios apuntó tendencia a la tapia. Luego en la muleta el toro se vino arriba y fue a más. Sin terminar de viajar metido en el engaño, sobre todo por el pitón derecho, el animal duró y permitió a Manzanares acompañar con ritmo, sobre todo al natural. El tramo central, sobre la mano zurda y dos pases de pecho con la derecha, casi circulares fue lo más consistente de una obra que tuvo el acompañamiento de la música, y que se vio con agrado pero sin arrebato. No obstante, le hubieran pedido una oreja de haber manejado el acero con precisión. Pero lo pinchó en una ocasión, el toro tuvo una agonía lenta, y aquello se diluyó. Recogió una cariñosa ovación desde el tercio.

Muy largo el toro, estrecho de sienes, bizco del izquierdo, enseñando las palas, hondo y con romana el melocotón tercero. Jugó bien los brazos a la verónica Roca Rey, el toro metió bien la cara y apenas fue señalado en dos puyazos. Volvió la rivalidad en el tercio de quites entre Morante, que lo bordó por delantales con una soberana media, y Roca, muy reunido con el capote a la espalda. Excelentes las gaoneras. Galopó el toro en banderillas, brindó Roca Rey al público, pero ya en la primera serie se vio que el toro andaba justo de fuelle. Lo trató con sutileza Roca por el izquierdo antes de meterse entre los pitones. Pero con el animal muy rendido, aquello no llegó arriba. Gran estocada, cobrada en rectitud además, para rubricar su obra.

Bajo, con la cara para delante, el sexto, más fino, tuvo mejores hechuras. Roca Rey lo saludó con verónicas de rodillas rematadas en los medios con una larga también de hinojos. El toro pareció apoyar mal una mano, se movió desacompasado en los primeros tercios y el público pidió su devolución. Luego en la muleta el animal evidenció sus carencias, sobre todo su falta de raza, y la manifestó de modo deslucido, quizá de los más del espectáculo. Ni siquiera la disposición de Roca Rey sirvió para meter, aunque fuera de modo fugaz, al público en el espectáculo.

Hierro de Núñez del Cuvillo - España Real Maestranza de Sevilla. Festejo de Domingo de Resurrección. Primera de abono. Cartel de no hay billetes. Toros de Núñez del Cuvillo, muy desiguales de hechuras, y faltos de raza en términos generales. logo-mundotoro-fichas-crónicas
Morante de la Puebla, silencio tras aviso y silencio
José María Manzanares, silencio y ovación tras aviso
Andrés Roca Rey, ovación y silencio