Video de la faena de Manzanares al segundo, en Valladolid I MARCOS SANCHIDRIÁNlinea-punteada-firma1

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A la entrada a Valladolid los kilómetros pesaban. Dos días, dos ciudades, doce toros, tropecientos kilómetros. Morante y Manzanares se habían visto las caras hacía unas horas y, como pasó en Jerez, la plaza volvió a registrar un lleno total. Cuenta la leyenda que a San Pedro Regalado le sorprendió un toro que se había escapado mientras rezaba. El santo le ordenó que se agachase y el toro obedeció. Hoy es el patrón de los toreros.
Manzanares triunfó en el día grande de Pucela con un buen lote de Cuvillo y dos tremendas estocadas. Oreja y oreja que pudo ser algo más. Puerta Grande sin paliativos. Abrió Morante que consiguió en el último toro de esta media maratón de 48 horas torear con arte, gracia y soberano mando. La temporada ya rueda con él. Talavante tuvo el garbanzo negro pero con el tercero ahondó en la búsqueda de su tauromaquia. Todo al natural, erguido, dejando la muleta que vaya hasta el final y con imaginación en los remates. Nadie se aburrió.

José María Manzanares se abrió de capa a la verónica con buen aire. El colorado segundo de Cuvillo apretó en el caballo en un gran puyazo y en banderillas se desplazó y humilló en el capote de Rafael Rosa. Gran tercio de Suso y Luis Blázquez. Rápido, efectivo y brillantes. Sin alardes también se saluda. En la muleta, Manzanares le dio distancia y tiempo. Una fórmula que si el toro rompe es de éxito. Pronto, el toro se venía en cuanto sentía el cite del alicantino. Hubo profundidad en la faena. Circular para cerrar de pitón a rabo. Entró como un cañón tras la espada que quedó un poco baja. Cortó la primera oreja del festejo.

Más serio fue el quinto. Negro, enseñando las puntas. Embistió con buen aire en los primeros tercios. Otra vez, la cuadrilla volvió a sobresalir en banderillas. Monumental Rafael Rosa. Había buena materia prima. Manzanares ejecutó una faena muy ligada, con ajuste, de gran empaque. En el mismo sitio de Morante, donde parece que el viento molesta una pizca menos. Bravo este cuarto. Con un trincherazo abrió la última tanda donde lo exprimió con rotundidad. Montó la espada, citó, el toro de vino pero dejó un metisaca. Volvió a repetir y esta vez dejó al toro que incluso le tropezase en la chaquetilla. Estocadón. El público pidió insistentemente la segunda oreja pero todo quedó en una.

Triunfador‘ fue el cuarto toro en dos días consecutivos después de nueve meses sin torear. Nueve meses pensando en el toreo, madurándolo. Nueve meses es una vida para el que vive por torear. Con la espalda de la chaquetilla pegada al burladero lo recibió por ayudados por alto. Qué toreros. Un molinete de remate. Antes, otra vez el viento había hecho del capote una utopia. La muleta iba camino de serlo también. Más afuera, más adentro. La izquierda ni soñarla. Pero después de un tironcito, entre el tendido 6 y 7 cerquita de las tablas, empezó a brotar el toreo.

El toreo de Morante duele porque no sabes si ese muletazo va a volver, si ese remate es de verdad o es un sueño, si ese cambio de mano o esa forma de salir andando son de hoy o hace un siglo. Morante conjuga todo el toreo. Ahí fue cuando le dio un tiempo, respiró y sonó el cite con la voz dura. El toro se deslizó y Morante sacó el pecho para torear. Qué belleza. Y esos remates que son pura gracia. Otra tanda más. Todo por abajo. El toro, además, respondía a la sutileza. Ahí fue cuando volvió a la izquierda. La plaza estaba loca. Literalmente. De pecho, molinete y andando a por la espada. Brutal. Aún había guardada otra tanda, a pies juntos, remate jugando con el toro. Y esta vez sí, estocada. Tardó el toro en morir, Morante siempre paciente. Oreja. Qué más da. Morante.

El viento fue el condicionante verdadero de la primera función de la corrida de San Pedro Regalado. El primero de Cuvillo tampoco fue una gran cosa, fino de cabos, bajo, con la cara hacia delante. Salió suelto en el caballo y de igual manera, iba de acá para allá en el capote de Carretero en banderillas. Morante tomó la muleta que parecía la bandera de lo alto del palo. Imposible dominar. A pesar de ello, vio en el pitón izquierdo algo más que el resto. Incluso cambió la muleta pero así no se puede.

Imposible torear a la verónica al tercero. El viento hacía del capote un paño de seda. Este castaño estaba más cuajado. Se redimió Talavante en el quite por chicuelinas. Dos pares excelentes de Trujillo, cuadrando en la cara con el toro arreando. Inició Talavante por estuarios, que ligó a un cambiado por la espalda en un palmo de terreno. Explosivo. Talavante está en el proceso de buscar y encontrarse. Al natural basó una faena en la que los remates fueron muy distintos, con mucho gusto. De un cambio de mano a un farol. Todo sale del cerebro del extremeño en un instante. Cerró por manoletinas as una faena de nivel pero no remató con el acero lo que dejó todo en una ovación.

No tuvo más opciones Talavante que el buen saludo capotero con que recibió al sexto. Después de que el toro diese una vuelta de campana, a la salida del caballo, no hubo más toro. El presidente, de forma manifiestamente errónea, lo dejó en el ruedo y Talavante tuvo que abreviar.

Hierro de Núñez del Cuvillo – España Plaza de toros de Valladolid. Feria de San Pedro Regalado. Lleno en los tendidos en tarde soleada pero fría. Toros de Núñez del Cuvillo, correctos de presentación y de juego dispar. Destacaron quinto, el más completo, y el cuarto. logo-mundotoro-fichas-crónicas
Morante de la Puebla, silencio y oreja tras aviso.
José María Manzanares, oreja y oreja con fuerte petición de la segunda.
Alejandro Talavante, ovación y silencio.