El Ministerio de Cultura ha publicado los datos de asistencia de público a las plazas de toros en 2.007. A bote pronto, sacamos tres conclusiones de lo hecho público. Primera, que el toreo sigue viviendo en un laberinto de caos en cuanto a su incardinación: nos vigilan, censuran y delimitan las administraciones a través de Interior o similar en las Comunidades autónomas, pero no ofrecen un dato o estadística que nos facilite la labor respecto a nuestro potencial. Lo hace Cultura. Si Cultura admite que ella es la competente en materia estadística, ¿por qué no lo es en el manejo o incardinación del toreo? Un absurdo y una gran incoherencia. O una tomadura de pelo.

Segunda conclusión: estos datos estadísticos de asistencia a las plazas de toros en 2.007 son los siguientes a los datos publicados por el mismo Ministerio…en 2.002. Es decir, que nos ofrecen dadivosamante datos oficiales cada cinco años. Un período de tiempo extremadamente largo para tomar decisiones de manejo del propio espectáculo, su organización, su potencial, sus necesidades…Leer las estadísticas cada cinco años es leer tarde. Es decir, no poder actuar de forma empresarial coherente.

Tercera conclusión. La única que aporta una sonrisa a este espectáculo. Dicen los datos de Cultura que alrededor de 3.680.000 personas fueron a los toros, lo que supone un incremento de unos 720.000 asistentes más que en 2.002. El aumento ha sido más evidente en las comunidades de Madrid, Valencia y Andalucía y muy significativo en el País Vasco, Extremadura y Castilla La Mancha. El caso de Cataluña es heroico: sin las plazas de Gerona y Tarragona en funcionamiento (lo estaban en 2002). La Monumental se queda como isla y fortín del toreo y logró un incremento para toda Cataluña de 5.000 personas en 2.007. Poco, pero significativo y muy terco y tozudo.

Los datos del toreo son los que son. Claro que Cultura no tiene en cuenta los espectáculos menores o los populares, que cuentan con una base de asistencia excepcionalmente alta. Pero incluso sin esos datos, el toreo pinta de una forma nada pesimista. Otra cosa es que este potencial popular tenga que convivir con una pésima gestión, con un secuestro organizativo y con un manejo empresarial tan a corto plazo y tan agobiado por sus costes que apenas genera riqueza para el propio toreo. Y sin riqueza el futuro es más costoso, menos fluido, más criticable o vulnerable.

Es curioso cómo el Ministerio de Cultura ha tenido a bien incluir a la Fiesta de Toros dentro de su estudio sobre los “Hábitos Culturales de los Españoles”. Es decir, que si no se entiende mal, el toreo es, de forma institucional, cultura de los Españoles. Una cultura que se sitúa como el segundo espectáculo de masas en directo tras el fútbol. Cultura y espectáculo que sigue siendo una especie de protectorado administrativo, mitad paternal, mitad policial, siempre intervenido. Si este espectáculo fuera libre sería mucho más grande. Grandioso.