Hay una nueva política empresarial: sarna con gusto no pica. Desde el regreso de José Tomás, muchos de los empresarios que han contratado a este torero han exigido al público la compra de entradas para otros festejos. Una especie de mini abono. El último, el llamado Bono Real de El Puerto de Santamaría. Un ciudadano de Madrid aficionado que quisiera estar en el mano a mano de JT con Morante tuvo que comprar la misma localidad para otros tres festejos. Hizo el milagro de ver tres festejos en una tarde pues sólo estuvo el domingo en la plaza.   Esta práctica: obligar a comprar una o varias entradas para un espectáculo no deseado si quieres tener la deseada, ha sido el juego de cintura del empresario para poder rentabilizar los altos (y justos) honorarios de Tomás.

Esta práctica, apenas censurada en pequeños corrillos, es, a pequeña escala, lo mismo que el abono de Madrid. O lo compras todo o te quedas sin las cuatro o cinco que quieres ver. Lo curioso es que en Madrid si hay clamor y protesta. Y hasta definición : el abono cautivo. Pero nadie habla de cautividad ni imposición en estos casos. Casos en los que un señor de Chamberí (Madrid) con apenas un día y medio de vacaciones, ha tenido que sacar entradas para una novillada o en su día una rejones, festejos a los que ni puede asistir, para asegurarse la de JT. Seamos justos y claros: si lo Madrid es una imposición cautiva, ésta nueva también lo es. Dirán que se trata de JT. Si. Pero sigue siendo una imposición.

¿ Porqué un empresario que desea y quiere a JT se mete en estos encajes nada solidarios con sus clientes y aficionados?. Porque el precio de los festejos de toros en este bendito país es un precio administrativo. Jamás el mercado pone el precio del espectáculo.Insistimos en que ver a JT en un abono cuesta lo mismo que ver a un torero de escaso interés. Esta imposición de las administraciones a través de sus pliegos y reglamentos, es zafio, bruto y de instintos socializantes. ¿Porqué no es posible poner los precios de las entradas en función de su demanda? ¿Porqué no se deja al empresario subir los precios para ver a JT ¿ ¿Para proteger a los aficionados? Pero ¿acaso es protegerlos obligarles a pagar tres y cuatro veces el precio de la entrada al tener que comprar las otras?

Es obsceno. Las administraciones no dejan variar el precio, pero, de facto, se multiplica por dos, por tres y hasta por cuatro. Y por si fuera poco, alimenta el mercado negro. Es decir, pone en manos de la reventa un número de entradas que nos e sabe muy bien de que fondos proceden, entradas que se van revendiendo mucho antes del día del festejo. Es decir, que, con su precio oficial o en la reventa, el aficionado tiene que pagar mucho más por ver a JT. Justo lo contrario que dicen buscar las administraciones.  No obstante, a todo el mundo parece irle bien con esta práctica pues apenas nadie ha protestado. En el toro es difícil la protesta pues el tópico de la cultura taurina localiza a la protesta en el ruedo, muchas veces de forma inocua y desajustada y no fuera de él. El aficionado a los toros no tiene conciencia de consumidor con derechos legales. Puede que sea cierto: que exista una nueva práctica empresarial. La de “sarna con gusto no pica”. Pero no deja de ser sarna.