Dos de las grandes ferias que abren y cierran el primer gran ciclo de corridas (de mayo a julio) Madrid y Pamplona, programaron una cartelería de bajo presupuesto. Ambas gozan de una gran salud económica, sobre todo la protagonista de los Sanfermines. Ambas tienen un entramado tinglado torista y las dos se han nutrido de los llamados toreros “modestos”. Y las dos han tenido un balance artístico escaso, que poco anima a la narrativa y al recuerdo.

Son dos casos distintos. En Madrid la gran ganadora es la Administración, con ingresos netos superiores que rondan anualmente los mil millones de las anteriores pesetas. La empresa necesitará dos o tres años para lograr estos beneficios. El caso de Pamplona es una gestión privada a cargo de una institución benéfica, La Casa de Misericordia, que hace el bien con el dinero del toro. No se entra a valorar la necesidad o alcance de la aportación  benéfica enmarcada en una Comunidad rica en recursos, en el año 2008 y un estado de bienestar y no es un estado de necesidad.

E n cualquier caso al toreo le está tocando jugar un extraño papel en el siglo XXI. Juega una especie de papel de benefactor en el que las empresas buscan beneficios para fines muy dispares, benéficos o no, donde se recauda mucho en impuestos, en donde las administraciones obligan a funciones sociales para jóvenes y jubilados como si el toreo fuera el inserso camino de Benidorm. Muchas obligaciones para unos modelos de gestiones extraños y disparatados: ¿cómo es posible que dos plazas de un inmenso presupuesto económico puedan anunciar carteles tan baratos y de tan baja calidad? ¿Cómo es posible que dos formas de gestión tan diferentes como Pamplona y Madrid coincidan en lo mismo?

Por la sencilla razón de que el toreo ha globalizado sus modos y manejos. Allí donde más hay, menos se da al cliente. Allí donde se llena pase lo que pase, se abusa y se da un contenido ralo y pobre, de bajo coste, para aumentar beneficios. Benéficos que no van al toro. Es lamentable y hasta obsceno constatar que la Comunidad de Madrid no haga otra cosa para por el toreo que obligar a nuevas ferias en donde aglutinar a las figuras dejando desamparado al abonado de siempre, al de San Isidro. Pero nadie protesta. Es lamentable ver que la MECA de Pamplona imita en lo malo a las grandes plazas sin rubor alguno.

Mirando los carteles de Bilbao vemos una feria cara y muy buena. La maneja una institución mixta entre benéfica, privada y pública. Y lo tienen claro: la función social está en manos de las instituciones. Esto ya no es el siglo XIX. Y apuestan por una feria fuerte, de calidad, para mantener a su cliente, al público. Pero eso es Bilbao, en donde el poder público aún empuja hacia la calidad, aún anima a buscar lo mejor. En Madrid, en Pamplona y en otras muchas plazas el toreo está en manos de una absoluta y absurda especulación . ¿Riqueza? El toreo no  tiene constancia de ello.