Con la corrida del 15J, Las Ventas pone punto final a un serial de toros de más de 30 días casi consecutivos con un gran éxito económico y un dispar y menguado éxito artístico. La Feria de San Isidro ha sido, como se esperaba vista la escasísima calidad de sus carteles, un fiasco sin paliativos. La feria del Aniversario, en donde se concentraron los carteles de calidad en toreros y ganaderías, un éxito de público y un gran espectáculo. En San Isidro la imagen del toreo quedó por los suelos, al mismo nivel que su imagen. En la semana del Aniversario las cosas fueron radicalmente distintas.

Salvo excepciones, la feria isidril se ha convertido en una severa coacción al público/abonado que, independientemente de que le gusten o no sus carteles, de que deseen ir o no ir a ver las funciones programadas, tienen que sacarlo y abonarlo so pena de perderlo. La Feria del Aniversario es un ciclo añadido y voluntario, un desembolso más para el abonado que tiene que soportar el abuso de una cartelería de muy bajo presupuesto en San Isidroy que, lógicamente, desembolsa el añadido monetario para no perderse a los toreros figurasy a las grandes ganaderías del
momento.

Este panorama, que va camino de convertirse en norma o en una forma de actuar institucionalizada, atenta contra el interés del público de forma evidente y, más allá, contra el interés, la imagen y desarrollo de la propia Fiesta. La Comunidad de Madrid, propietaria del coso y redactora de las normas de programación a través de sus Pliegos de Condiciones y concursos, es la primera y última responsable de esta adulteración del mercado taurino. Adulteración, pues la ley de oferta y demanda n o existe en San Isidro. Existe en la feria del Aniversario.

La Comunidad de Madrid permite y alienta una socialización de precios en Las Ventas con un criterio absolutamente político y demagógico.Un cartel de escaso presupuesto cuesta lo mismo que ver a José Tomás. Es tanto como decir que un partido Madrid/Barcelona cueste lo mismo que un partido de Tercera División. Esta política de café para todosexiste porque el a bonado se ve obligado a pasar por taquilla aunque no le guste lo que compra. Esto sólo sucede en el mundo de los toros. Y s ucede tan habitualmente que ya se ha hecho normal y nadie protesta por esta lesión de derechos evidentes. Por otra parte y, paradójicamente, la Comunidad ha a yudado a la reventa a tener los ingresos más altos de su historia a través de esta política demagógicamente socializante de precios. Justo lo que debería impedir.

La Comunidad de Madrid ha permitido una feria pobre y lastimosa a cambio de una feria, la suya, fuerte y de calidad. Pero obligando a sus ciudadanos a pagar por las dos. Esta forma de gestionar el espectáculo es una d emostración de prepotencia administrativa y política que niega la ley de oferta y demanda, la ley de mercado y cercena la libertad empresarial. La Comunidad ingresa casi mil millones de las antiguas pesetas por año, obliga a una programación de temporada sin pies ni cabeza, socializa precios (una entrada para ver a José Tomás cuesta menos que el taxi desde el domicilio hasta la plaza) se permite acciones sociales (abonos de jubilados, etc) a costa del dinero privado de la empresa de turno.

A cambio, la administración permite programar un producto barato que se sabe vendido de antemano a causa de su obligatoriedad y su coacción. Este año se ha comprobado que la calidad existe y es muy rentable y que el producto barato es tedioso y lesivo para el toreo. La Comunidad debe de cambiar radicalmente su manejo de Las Ventas y permitir y alentar una programación de calidaddejando a la empresa que analice y estudie mercado, precios, costes,…como en cualquier otro sector. Libertad hacia la calidad y hacia la grandeza.

Mundotoro exige este cambio en beneficio del consumidor: aficionado y público.Entiende que el interés general no puede ser incompatible con el de las minorías que gustan de un tipo de toro y toreros. Pero esto no significa que se haya alentado y fomentado históricamente la presencia de un grupo de manifestantes diarios que exigen el toro barato y el torero barato porque le interesa a las empresas y a la propia Comunidad. Esa afición merece respeto, pero mucho más respeto merecen los derechos de una mayoríaque consume y no protesta. La minoría que exige el producto barato no puede ser una excusa o parapeto para manejar la plaza de toros como un auténtico cortijo en pleno siglo XXI. No hay razón para ello. Sin embargo hay miles de razones para que Madrid cambie ya su forma de ser gestionada.

Lo que ha sucedido este año es, insistimos, una tomadura de pelo para el consumidor. Y el deber fundamental de una Administración es velar por los derechos de los mismos. No cercenarlos ni obligarlos a pasar por el aro. Eso es antidemocrático. Eso sólo pasa en el toreo. Y tiene que dejar de pasar ya. No revelamos nada nuevo. Aunque la Comunidad carezca de perspectiva histórica en la gestión de Las Ventas, le diremos que no hace tantos años Ma drid ponía un precio para las corridas de alto presupuesto y otras para las de bajo coste. Razonable, justo y lógico. Una lógica que hay que recuperar de forma urgente. Por el interés del público.