El último fin de semana de toros en España y Francia ha demostrado la potencialidad de este espectáculo. Sus posibilidades reales. Su fuerza popular, informativa y mediática. Con un pero: que todos los grandes eventos de Nimes y Barcelona, han vivido divorciados de las transmisiones en directo y de la apuesta promocional de los medios de comunicación. Medios que, visto los resultados, no han tenido más remedio de conceder espacio a lo que sucedió. A la noticia. A su impacto.

Analicemos Barcelona. Sin posibilidad de grandes campañas de publicidad, prácticamente con el “boca a boca” o las promociones de los medios especializados, la Monumental se llenó hasta acabarse el papel el domingo, en la despedida de José Tomás. Una tarde que fue histórica en todos los sentidos. Qué fuerza no tendrá el torero para terminar el papel y qué fuerza no tendrá la fiesta (José Tomás es torero, no cantante) para lograr éxitos de esta magnitud. Un día antes Barcelona ya había vivido momentos de una calidad excepcional del espectáculo con Juli y Fundi. Si en una tierra en la que la administración, medios y grupos de presión y opinión boicotean a los toros, se puede lograr este éxito, que sucedería si el toreo tuviera las manos libres. Igualdad de manejo, igualdad de desarrollo, igualdad de trato.

En Nimes el éxito ha sido de un calado impresionante fruto de una gran programación, de una apuesta por la calidad. Calidad significa altos costes de producción. Pero la calidad suele ser, al final, el mejor gasto de una empresa ya que sus réditos llegan a ser incalculables. El valor añadido de las encerronas de Juli y Castella no se puede cifrar en euros. La imagen del toreo y de la fiesta en Nimes ha crecido hasta límites inverosímiles gracias a la calidad de sus carteles. Nimes no tiene interés de especular son los costes ni con la fiesta, sino de programar a lo grande. Además, el anuncio de Castella en la televisión francesa pública y nacional, ayudó a crear un ambiente sin precedentes.

Es decir: que las dos ciudades auparon al toreo en la cima mediática gracias a una gran programación en la que primó la calidad. Lo caro. En las dos ciudades la gestión taurina no tiene pliego de condiciones de subastacomo la gran mayoría. Hay una mayor libertad. Y la hay a pesar de ser Francia un país parcialmente taurino y Barcelona una isla en el desierto del toro de Cataluña. Una gran paradoja. Concluimos entonces que la libertad de empresa, la competencia, la calidad y la programación dirigida hacia el éxito, suele dar estos resultados. Lo otro, el ahorro, el producto mediocre, el miedo a no ganar, provoca un espectáculo de segunda fila. El que es incapaz de convertir en si el no de los medios generalistas.

Entre los pliegos abusivos, el sistema económico del toreo, y la falta de apuesta por la calidad, podemos hacer de esteespectáculo algo sin interés. Al toreo lo hemos metido preso. Está detenido. Las políticas de las administraciones con sus plazas son execrables. Pero también lo es el gesto de manos caídas del un sector empresarial taurino que ha entrado por el aro de la locura y el abuso de las normas y las exigencias de los dueños de las plazas. Los gobiernos de cada ciudad o de cada comunidad. Entre unos y otros pueden convertir a este espectáculo grandioso en algo menor. Toro barato y toreros baratos son una mala suma. El resultado de ella es una fiesta débil. Justo lo contrario de lo que sucedió en Nimes y Barcelona. Ese es el ejemplo.