Hay dos verdades irrefutables sobre las suspensiones de Sevilla. Una, que jamás en la historia se dejaron de celebrar seis corridas de abono por efectos de la lluvia. Dos, que algunas corridas, como la del sábado 27, podrían haberse celebrado. Nadie puede negar esta mayor. Y quien piense que afirmar que torear en Sevilla el sábado (Morante, Juli, Cid) era imposible, es que no estaba a las seis de la tarde en la plaza. Esta afirmación no niega que el estado del albero fuera indecente. Pero, y esto es otra verdad: corridas se han dado en peores condiciones.

Tras estas verdades, hay un mar (agua) de fondo trasnochado y arnichesco:que en el 2.008 Después de Cristo, La Maestranza recoja espectáculo y lo meta en el arca de Noé cada vez que llueve. Y, lo que es peor, que espere hasta última hora (el inicio de la corrida) para meter a toros, toreros, caballos de picar en el Arca firmando el acta de rendición. Dos asuntos de una vital importancia: una, que algo habrá que hacer para cubrir(salvaguardar, proteger) al albero los días de lluvia. Dos, que es absurdo, injusto y contrario a la educación y al fomento de la credibilidad del espectáculo, maltratar al cliente haciéndole ir a la plaza sabiendo que se va a suspender. Vamos por partes.

El debate sobre si el albero es tan hermoso como de manejo difícil para el agua, no puede servir de tope a la inteligencia del hombre. Del hombre medieval si, pero jamás del hombre del siglo XXI que ha de ser capaz de hacer compatible belleza y tradición (albero) con un drenaje perfecto, maquinaria y recursos humanos adecuados en calidad y cantidad.¿Qué no sirve el plástico? ¿Qué ha de ser de otro material? ¿Qué ha de ser de otro color?…Quizá. Pero la respuesta de que esto es Sevillano sirve. Esto es Sevilla, si, pero con toros.

No ha sido el mal tiempo lo que ha impedido la celebración de los festejos del fin de semana. Ha sido el mal estado del ruedo. La Maestranza (Maestrantes y empresa) deberían hacer los estudios e inversiones necesarias para tomar medidas que no den pie a la astracanada televisada del mini tractor color butano a la sospecha de intereses particulares. Hay ingresos y beneficios para ello. Hay que hacerlo precisamente porque, si, estamos hablando de Sevilla. Por otra parte, y llegado el caso, si hay que debatir sobre la necesidad del albero u otro piso, hágase.No se entiende la apuesta por el modernismo maestrante por un cartel anunciador del año de toros en Sevilla de dudosa identificación positiva y el enrocamiento conservador que se mantiene sobre el albero. Pero, sin duda alguna, soluciones ha de haber sin tener que tocarlo o tocarlo poco. Lo que hay que tocar es la caja,gastar, buscar soluciones.

Por otra parte, nos encontramos con una degradación (quizá violación) del derecho del público. Los dos festejos de este fin de semana se han suspendido media hora después de su hora de supuesto inicio. Es decir, que se obliga al público consumidor a acercarse a la plaza desde su lugar de origen (muchos desde fuera de la capital) para comunicarle a las seis y media lo que se ya se advertía por la mañana: que no hay toros. Porque si el ruedo está mal a las doce del mediodía y continúa lloviendo, y no hay lona porque no sirve, y no se tiene contra la lluvia nada más que la intemperie , …a las seis no hay toros. Pero se sabe a las doce.

Este absurdo provoca más especulaciones. Unos afirman que el dinero del seguro es uno a las doce del mediodía y otro si suspende a las seis de la tarde. Pero lo peor de todo es que los Reglamentos obligan a suspender a la hora del festejo causando grave prejuicio al público, aficionado y/o abonado. Es una de esas incoherencias (una más) de la norma, que, en lugar de dar cobertura al que paga, permite que lo maltraten.

La normativa anterior, el Reglamento de 1962, permitía suspender a la hora del sorteo, ahora no. Es decir, que para el sufrido público, con Franco llovía mejor, dicho sea de forma racional, nada nostálgica y absolutamente reflexiva. La norma, una vez más, tiene pocos pies y nada de cabeza. Pero sobre todo, la norma ampara más al empresario que al público. En realidad, poco hay en las normas administrativas taurinas que protejan el derecho del público. Pero eso será tema de otras editoriales.