No existe una expansión mediática de la Fiesta de Toros semejante a los Sanfermines. Las cuotas de pantalla de los encerros superan las de cualquier feria televisada y son similares a los grandes eventos. Tanto es así que, por primera vez dos empresas televisivas compiten en la transmisión de este pequeño tramo de carrera pasional entre toros y mozos que apenas dura dos o tres minutos. Alrededor de esa carrera: sets, entrevistas, famosos, fiesta, cultura…en programas en directo de gran despliegue, con su resaca en telediarios, informativos, etc…Aunque parezca paradójico, entre el icono actual del toreo, José Tomás y los encierros de Pamplona, media un abismo informativo y mediático a favor de los primeros.

¿Por qué esta abismal y creciente implicación mediática de la fiesta en Pamplona? Por varias razones: una, por su difusión internacional a través de las televisiones. Dos, por su popularidad, por su apego a la gente de a pie. Tres, por su leyenda de aventura, algo muy deseado en un mundo de confort excesivo, y, cuatro, porque hay ausencia de sangre del animal: quien corre peligro de ser empitonado es el hombre. Todo esto se suma a una tradición y un apego sostenido por las gentes jóvenes de Navarra y de España que juegan al toro de una manera evolucionada pero muy similar al de sus ancestros.

Los valores de los encierros son, al fin y al cabo, los mismos que los del propio toreo: riesgo, emoción. Popularidad, pueblo. Tradición, calle. Es cierto que no existe la muerte del toro, quizá una de las claves de su imagen. Existe el riesgo del hombre, pero hemos sido tan inoperantes que el gran público obvia esta realidad. Pero incluso con esta observación, el toreo debe de profundizar e invertir en una tarea ardua de comunicación y apertura de mercados. No es de recibo que todos los manejos del campo, tentaderos de machos, hembras, herraderos…sean los grandes desconocidos para la sociedad española. El español informado vive en la ciudad y hasta allí no llega el campo. Con la ley actual y los reglamentos, no se pueden celebrar estas actividades en una plaza. Lo intentaron en Las Ventas y se lo prohibieron. Primera asignatura: dar a conocer al toro en su día a día de explotación y vida. Llevar lo que se pueda del campo hasta la ciudad. Y viceversa. Para que el campo y el toro sean conocidos. Poner fin a la ignorancia acusadora. Mejorar imagen.

Por otra parte, el toreo está preñado de tauromaquias alternativas, complementarias todas del toreo a pie, en España, Francia y Portugal: recortadores, corridas landesas, camarguesas, vaquillas, …sin sangre y para todos los públicos en un espectáculo impresionante. ¿por qué no aprovechar su imagen de aventura, emoción, riesgo…? ¿por qué no intentar abrir un mercado a través de esas actividades más allá de nuestras fronteras? Por otra parte existe el rejoneo, un espectáculo al alza en el que la presencia del caballo como animal “intocable” a los ojos de los humanos, noble y bello, pone al toro en segundo lugar de cuidado. Nuestro rejoneador más histórico, Hermoso de Mendoza, ya ha recibido ofertas y tentaciones en países de Oriente: China, Japón, para trasladar allí el rejoneo sin la muerte del toro. Y Brasil. Y otros lugares. Porque si la muerte es el problema de un posible mercado internacional incipiente, sería bueno recordar que el fin, a veces, justifica los medios. Pero hay que poner los medios. De brazos cruzados nada se consigue.