MÓNICA ALAEJOS
Segui @Mundotorocom 
 
Nicolás Fraile, in memoriam…
 
En el campo charro el frío aprieta dejando congeladas hasta las ideas al amanecer, hay que romper el hielo de las charcas para que los animales puedan beber y frotarse las manos y juntarlas a la boca en busca del calor del propio cuerpo para entrar en reacción. En el campo charro el hielo se abraza a las encinas y a los becerros, tan frío que quema la piel. En el campo charro el calor del mes de julio derrite la constancia y abrasa muy despacio a la madre tierra, hay que esconderse del sol lo mejor posible en las horas centrales del día, porque si es capaz de encontrarte te hace daño. En el campo charro el calor amenaza a los toros bravos y a las madres, tan intenso que es capaz de matar.

Así es el campo charro donde se crió y vivió Nicolás Fraile, una tierra de contrastes tan grandes que te curte la personalidad y te la moldea a su imagen y semejanza. Un campo charro en el que apenas quedan toros grandes para los próximos años y que ha visto reducirse las camadas y las procedencias rindiéndose a la decepción y al mercado y un campo charro en el que a pesar de los problemas se crían toros de lidia de primer nivel y se mantienen encastes dignos de cuentos de hadas. Una tierra de contrastes pero de pasiones únicas como la suya, Atanasio- Lisardoen estado puro.

Nicolástambién es un hombre de contrastes, y digo es, porque es tan cercana su marcha que todavía no me autoriza a hablar de él en pasado y sobre todo porque se que nunca se irá de Valdefresno. Dulzura y maneras de caballero en un cuerpo grande y basto de ganadero antiguo, suavidad y temple en su carácter mezcladas con cabezonería serrana y firmeza de hierro en sus decisiones. Cariño y delicadeza en sus palabras con el respeto de quién es consciente de que no le gusta que invadan su espacio y una mirada verde, verde intensa, luminosa pero triste porque el pasado maldito no le dejó pasar página.

Un hombre de contrastes que peleó por lo que creía y trabajó duro en la selección de su apuesta, sabiendo de corazón que el romanticismo ha muerto y un hombre íntegro que supo transmitir a sus hijos el amor por el campo y la ganadería a pesar de los duros momentos que atraviesa. Nicolás se separó de Lorenzo para poder llevar adelante su propia batalla que hoy se traduce en una de las ganaderías más prestigiosas de los últimos años y que da argumentos a quienes opinan que la Salamanca ganadera vive hoy por hoy de las rentas.

Nico, al que familiarmente llamábamos quienes le queríamos, era un hombre de contrastes, con un ojo no perdía cuidado de sus nietos y con el otro, siempre en silencio daba instrucciones a José Enrique y a Nicolás para que no se salieran de su pista ganadera. Su presencia era pura armonía, puro hielo, puro fuego, puro campo bravo de Salamanca.
 

Tweet  
Estamos en