icono-sumario  El animalismo es ya, hoy, una revolución realmente revolucionaria para implantarse, no en el mundo externo, sino en las almas y en la carne de los seres humanos

icono-sumario En la estabilidad de un nuevo orden social está la posibilidad de sostener el negocio: 1.800.000.000 millones de euros facturados en 2011 por siete empresas de la mascota

icono-sumario El ser humano ya no será el líder de raza o especie, sino uno más que deberá convivir como igual con el animal de diseño: la mascota

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La nueva Constitución será global. Y no será para el ciudadano sino para éste y un nuevo ser de necesidades humanas llamado mascota: el animal que el hombre lleva diseñando desde hace muchas décadas. El nuevo orden social occidental repartirá sus recursos económicos y productivos entre estas dos especies: la humana y la mascota, a partes iguales. Porque en las ciudades que diseñó la raza humana para convivir, ya habrá mas habitantes mascotas que humanos. Si hoy una ciudad tipo Gijón tiene ya más nuevas mascotas en hogares por año que nacimiento de seres humanos, el futuro queda avanzado.

Será un futuro al que sólo le falte, para ser un cómic futurista de especies animales, un escenario andromorfo como el de Blade Runner, alguien que lo filme hoy para que sea verdad mañana. Verdad que no cierto, porque esto ya lo es. Sólo nos falta permiso de la naturaleza para la cruza de especies. Y eso se podría lograr con inversión en genética reproductiva. ¿Fantasías? Eso dijeron del submarino de Julio Verne y de la sociedad de epsilones de Aldous Huxley en ‘Un Mundo Feliz” o el mundo al revés de El Planeta de los Simios.

Madrid Capital Animal, proyecto realizado por una secta (de sectarismo contra el ser humano y su ideología no política llamada humanismo) y desarrollado con fondos públicos del Ayuntamiento, no es una acción contra el toreo o la Tauromaquia. Esa es la cortina de humo, la anécdota, el mensaje de titulares para la prensa. El animalismo es ya, hoy, una revolución realmente revolucionaria para implantarse, no en el mundo externo, sino en las almas y en la carne de los seres humanos. En su sociedad actual, que deberá ser modificada y cambiada hacia una nueva relación ser humano/ser mascota. Una revolución económica social estable, un nuevo orden occidental.

Miremos la historia. Viviendo como vivió en un período revolucionario, el marqués de Sade hizo uso con gran naturalidad de esta teoría de las revoluciones con el fin de racionalizar su ideología. Robespierre había logrado la forma más superficial de revolución: la política. Yendo un poco más lejos, Babeuf había intentado la revolución económica. Las personas que gobiernan el Mundo feliz pueden no ser cuerdas (en lo que podríamos llamar el sentido absoluto de la palabra), pero no son locos de atar, y su meta no es la anarquía, sino la estabilidad social. Porque en la estabilidad de un nuevo orden social está la posibilidad de sostener el negocio: 1.800.000.000 millones de euros facturados en 2011 por siete empresas transnacionales de la mascota.

No se trata del toreo o de la tauromaquia o de la caza del zorro o del hígado de la oca. Todas estas cuestiones son las cortinas humo usadas para adormecer como enmariguanados las sensibilidades del ser humano. Que éste no se cuenta de que está apoyando la estabilidad de una nueva sociedad en donde el ser humano ya no será el líder de raza o especie, sino uno más que deberá convivir como igual con el animal de diseño: la mascota. Una nueva especie que ni es gato, ni es perro, ni es loro, ni es pez de colores. Todos ellos son mascotas.

Se trata de obtener estabilidad en un nuevo orden social en donde el mercado millonario no sufra riesgos por la inteligencia del humanismo. Aquellos que nos declaró como seres humanos consientes del arte, de la creatividad, de la evolución científica, del buen uso de la naturaleza, de la necesidad de compartir con otro ser humano aquello que tenemos, de investigar sobre nuestras enfermedades, de crear hospitales, de fomentar la cultura, de hacer necesidad saber leer y saber escribir para decirnos todos los días que pertenecemos a una raza y a una especie única: somos los únicos seres vivos conscientes de que se nos acabará la vida.

Ese sensiblería dirigida a esta nueva sociedad futura, consciente de que su nueva especie de diseño, la mascota, jamás podría ser dotada de ser consciente de su propia muerte, ha diseñado para la mente humana la idea de pérdida vital cuando acontece la muerte de su mascota. Ha sustituido ya la no conciencia de un gato por su propia muerte, por la consciencia en su amo de que su mascota morirá un día. Como muere un ser humano. Y entonces ha de compartir con nosotros recursos, bienestar, cuidados, alimentación, vestidos, medicinas, ocio, educación. Y leyes.

No son los toros lo que está en peligro.