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Se acuña como elogio esta frase dirigida a novilleros: ‘parece un matador de toros’. Eso es lo malo, lo que los iguala a todos, lo que les impide crecer. Se busca rápido a toreros con capacidad de resolver y no a toreros con capacidad de crecer y de evolucionar. Se les enseña a torear para ser capaces y no para ser artistas. Para resolver y no para inspirarse, para convencer al taurino y no para atraer al público.Se busca oficio y no inspiración.

Reflexionemos: si un chaval de 17 años parece ya un matador de 25 años, le hemos robado el año 18, el 19…hasta el año 25. Y eso no sólo no es natural, sino que es impostación. Un pintor con 17 años no pinta igual que con 25, ni un poeta, ni un escultor…nada que sea sentimiento, inspiración y ejecución individual  de la mismo, no pasa por la etapa adolescente como tal. Existe el amor del adolescente, el poema del adolescente, la novela del primerizo…  y¿dónde está el toreo adolescente? ¿dónde la ilusión de verlo crecer, de que nos ilusione, nos anime a seguirlos, a mimarlos, a verlos?

Toreros novilleros que recuerdan a un matador de toros y un torero jamás ha de recordar a otro torero. Un torero sólo nos ha de recordar el toreo.

Vistas las dos novilladas de Olivenza, dentro de los parabienes elogiosos, hacemos esta reflexión: si todos son tan buenos desde hace años, qué pasa con ellos que no salen a empujar o echar fuera a una figura actual o a los que llevan años en las ferias. Lejos de culpar a sistema alguno, quizá hay que decir que es el sistema el que iguala a los novilleros, los hace capaces, los arropa en el común denominador de la capacidad, de la resolución. Quizá estemos hiriendo de muerte al toreo a través de lo capaz.

Porque si el toreo es emoción, la capacidad de un adolescente la anula, la elimina. Si el toreo es arte, es fragilidad pura e imperfección continuada. Pero se busca lo contrario. Un error a nuestro juicio en una época en la que s e torea más buscando que ‘no tropiece, que no enganche las telas’ antes que buscar el toreo de enganchar, de reducir las embestidas, de ordenar el desorden de la movilidad de un toro y de un novillo.

Quizá por eso estamos igualando al toro y al toreo: que se mueva el toro sin importar cómo. Y que no enganche la muleta sin importar cómo. Ese el toreo de hoy.La capacidad.

Nada perfecto es elogioso a la segunda vezque lo vemos pues se hace usual y cotidiano: el muletazo que sale sin tropiezo alguno. Al contrario, un enganchón coloca al torero en el paredón de fusilamiento del fracaso. Ese es el error del toreo, que es pura intención individual. Y si seguimos insistiendo en buscar novilleros con el elogio de que parezcan matadores, no nos preguntemos luego porqué no hay relevo.

Porque al año, ya están vistos. Ya nos recuerdan a un torero, ya no nos asombra su capacidad. Y un torero sólo tiene que recordarnos el toreo. Porque esto no es la película de Benjamin Button.

 

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