Faena de Ortega Cano en San Sebastián de los Reyes I ISMAEL DEL PRADOlinea-punteada-firma1

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Fue sábado de despedidas. Una que duele más, para siempre, de un torero de toreros, Dámaso González. Nos lo recordó el sepulcral minuto de silencio y, sobre todo, el brindis al cielo del otro protagonista. José Ortega Cano, con el que compartiera tardes de toreo, gloria y miedos,  también dijo adiós. Se cortó la coleta en su Sanse adoptiva. Como quería. Y toreando, de lo lindo, a sus dos toros. Como soñaba. Paseó una oreja en cada toro, pero eso era lo de menos. Lo superior fueron esos diez, quince, muletazos caros, que pegó a cada toro. Enfibrado incluso en su segundo, dejó un natural que todavía no ha terminado y una trincherilla de cartel de toros.

En su gran día también tuvo mucho que ver una excelente corrida de Núñez del Cuvillo con varios toros enclasados, de nota, con los que Miguel Ángel Perera estuvo cumbre. Tres orejas para él y otras tantas para Alejandro Talavante –más variado y originalidad que templado-. El de la Puebla del Prior formó un lío al segundo en un faenón descomunal, reteniendo al toro en los vuelos de la muleta en un palmo de terreno, que pareció un juego de niños.

Rompió plaza un colorado salpicado, de buenas hechuras, bajo, de lomo recto y corto de manos. Tomó la capa de Ortega Cano con buena condición, metiendo bien la cara. Especialmente por el derecho. Permitió que el de Cartagena se estirara y liberara nervios a la verónica. Lances templados. Mejor aún el quite posterior. Le pegó dos puyazos largos, pese a ello, el de Cuvillo, bravo, llegó con motor y duración al último tercio. Excelente toro. Con fijeza, prontitud, ritmo y mucha profundidad. Para soñar el toreo. Le pegó una buena tanda de derechazos y se echó a la zurda la pañosa. La llevó arrastrada por el albero en naturales de mano baja. Limpios. Muy ligados. Dos tandas más en redondo al mismo nivel. Lo disfrutó mucho el torero. Varias trincheras de cartel. A medida el toro. Dejó media atravesada y cayó la primera oreja con fuerte petición de la segunda.

Bajo, enmorrillado, con la cara bien colocada, bien hecho, el cuarto era un ‘tacazo’. Apretó para dentro en el recibo capotero de Ortega Cano, que resistió el ímpetu del toro. Se quedó crudo, pero no impidió que el torero, que brindó a su familia su último toro de luces, dejara una buena faena. Se le vio incluso más enfibrado que con su primero. Fue un trasteo medido, pero en el que dejó muletazos llenos de esencia. Hubo una trincherilla de cartel de toros y otro natural eterno, por donde desarrolló la práctica totalidad de la faena, porque por el derecho se acostaba más el de Cuvillo. El fallo a espadas no impidió el segundo trofeo y la consiguiente Puerta Grande en su último paseíllo de luces.

Más montado y altote, más cómodo por delante, el segundo de Cuvillo tuvo mucha movilidad en los primeros tercios. Largo el saludo a la verónica de Miguel Ángel Perera, ganando terreno en cada lance y con cadencia, que terminó en los medios con dos medias. Aprovechó esas inercias del toro en el quite, largo,  en el que combinó chicuelinas, cordobinas, gaoneras y brionesas. Brindó al público y comenzó con dos cambiados por la espalda en los que supo hilvanar esas querencias del toro. A base de de dejarle siempre la muleta muy puesta, girando sobre los talones, logró firmar un trasteo marcado por la economía de movimientos. Quietud para ligar en un palmo de terreno. Tuvo duración y nobleza el de Cuvillo, que amagó varias veces con abrirse en busca de la querencia. Logró retenerlo Perera, que estuvo muy importante con el toro. Pareció un juego de niños. Sobrado. Faena cumbre. Estocada hasta la yema. Dos orejas.

Bizco del pitón izquierdo, otro toro armónico, bajo y de lomo recto, el quinto empujó en el peto del caballo. Metió los riñones el de Cuvillo, que luego apretó hacia las querencias en banderillas. Se lo sacó a los medios Perera y ahí construyó una faena en la que apareció ese Perera de muleta poderosa. Hubo mando. Faena porfiona en la que volvió a dejarle puesta la tela en el hocico para ligarle las tandas. Un látigo por muleta y obligando al toro a perseguir el engaño, porque el burel estaba como loco por rajarse. Se terminó poniendo a la defensiva, pese a ello, sacó petróleo de él el de la Puebla del Prior. Pinchazo, estocada y tercera oreja

Abrió más la cara el tercero, un colorado gacho del izquierdo que tuvo prontitud y buen tranco en los primeros tercios. Se hizo presente Talavante en la tarde con un quite por saltilleras. Mantuvo esas virtudes en el comienzo de faena, que aprovechó el pacense para correr bien la mano por ambos pitones. Mejor al natural. Se apagó hacia la mitad del trasteo el toro, pero mantuvo la nobleza y Talavante recortó las distancias para a base de quietud sostener el interés del tendido. Variedad en los remates. Cambios de mano, arrucinas, naturales mirando al tendido. Buena estocada y dos orejas.

Cerró plaza un colorado listón que humilló en los primeros tercios. Se dejó hacer en varas y apretó a Valentín Luján a la salida del primer par que, muy dolorido, pasó a la enfermería. Comenzó Talavante de rodillas toreando en redondo e intercalando dos cambiados por la espalda. Le buscó las vueltas al toro, que tuvo bondad y transmisión, aunque le faltó una brizna más de poder. Dejó una estocada casi entera y paseó su tercera oreja.

Hierro de Núñez del Cuvillo - España Plaza de toros de San Sebastián de los Reyes. Media entrada. Primera de la Feria del Cristo de los Remedios. Toros de Núñez del Cuvillo. logo-mundotoro-fichas-crónicas
Ortega Cano, oreja y oreja.
Miguel Ángel Perera, dos orejas y oreja tras aviso.
Alejandro Talavante, dos orejas y oreja.