Por Francisco Mateos

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Algunos señalan a José Tomáscomo el primero que les dijo a los polémicos empresarios de la Real Maestranza que ahí se quedaban con su plaza de los maestrantes, que aquí primero hay que respetar, cuidar las formas y los tiempos, y después negociar. Eso fue hace ya varios años, y ahora a José Tomás se le suman otras cinco figuras: Morante, Manzanares, El Juli, Perera y Talavante. Así que ya son seis las figuras que se han hartado de las formas que se trabajan los empresarios maestrantes.

Pero hay aún un precedente más remoto que el de José Tomásy ahora estas cinco figuras. El propio Curro Romero.Toreó en Sevilla en la temporada de 2000 (ya fallecido el recordado Diodoro Canorea) porque sus herederos respetaron el último acuerdo hecho por Diodoro -murió con las botas puestas, trabajando hasta el último minuto-, que había cerrado la temporada sevillana del Faraón. Pero a esto que a final de temporada, tras el incidente de San Miguel, la empresa no creyó oportuno colaborar con el festival del mano a mano entre Curro y Morante, y ambos lo organizaron en La Algaba, en aquella que fuera la última tarde en un ruedo de Curro.

¿Recuerdan la rueda de prensa de Curro en el Colón días antes del festival, cuando le preguntaron que después del desencuentro con Eduardo Canorea para la celebración del festival, cómo se iba a plantear la negociación invernal para la nueva temporada? Curro dejó una expresión tan clara como su reciente ‘sanseacabó’: ‘yo no soy una caja de ‘pescao’ para que se me arrastre’. Palabra de Faraón; y más claro, el agua. Y dicho y hecho, entre la edad que ya eran muchos los años, y que sabía que las formas del hijo no tenían nada que ver con las formas del padre, decidió cerrar su tarro de las esencias para siempre.

La lógica decisión de los cinco matadores actuales, más la de José Tomás, no se debe como algunos quieren hacer ver a la enésima demostración verbal de las formas que se gasta Canorea. En los inicios de su gestión, Morante las pasó canutas y lo dejó fuera de Sevilla, algo que sigue guardando con dolor el de La Puebla y que ahora sale a relucir todo. Perera y Juli, en temporadas recientes, también han sufrido el quedarse fuera de Sevilla. Ya saben cómo justificaron la ausencia de Perera: ‘Es verdad que no hemos llamado a su apoderado, pero tampoco nos ha llamado él’. Por eso no se trata del puntual exabrupto reciente de Eduardo Canorea, sino de un conjunto de ‘mal rollo’ ganado a pulso durante las últimas temporadas, hasta que los toreros han dicho ‘¡Basta!’.

Personalmente no sé por qué Canorea se ha molestado o sorprendido por la reacción de los toreros, que ¡ojo!, no han vetado a la plaza de Sevilla como algunos quieren hacer pensar, sino que han vetado a Canorea; ¿o es que alguien cree que si Canorea se presentara este invierno a El Puerto y ganara la plaza, acaso iban a torear algunos de estos seis toreros en la Plaza Real? Y decía que no sé por qué se sorprende del veto de las figuras, cuando él mismo lleva vetando a Sevilla Taurina cuatro temporadas sólo por su radical independencia y defensa de la libertad de opinión. Lo único diferente es que nosotros estamos solos contra Canorea -y aún así aguantamos-, y las figuras sí se han unido contra los pasotes del empresario. Otro aire se respiraría en Sevilla si la prensa actuara con la misma contundencia y unidad.

De todos modos, y más allá de esta respuesta de las figuras, ¿son Eduardo Canorea y Ramón Valencia los empresarios del siglo XXI que necesita Sevilla durante los próximos años para reactivar la temporada sevillana, ilusionar a los aficionados y crear nuevos proyectos y vías de promoción? Creo que nadie sería capaz de defenderlos como los empresarios perfectos para sacar a Sevilla de su pozo. Se han enfadado con medio toreo ( Morante, Juli, Perera, José Tomas, Victorino, Cuvillo, Victoriano del Río,… son profesionales básicos que se han quedado fuera de Sevilla bajo su gestión), tienen rotas las relaciones con la Unión Taurina de Abonados, han perdido una cantidad de abonados tremenda, mantienen vetado a un medio desde hace cuatro temporadas, las relaciones con algunos periodistas locales contestones son inexistentes, la presentación de carteles no pasa de las arcaicas y tristes formas repetidas años tras año hasta la saciedad,…

¿Alguien ve a Eduardo Canorea por otras grandes ferias para seguir de cerca el momento de los toreros? O más a mano, ¿puede decir su propio jefe de prensa a cuántas charlas de los ‘mano a mano’ ha asistido como un aficionado más? ¿Alguien ha visto de forma habitual a Valencia o Canorea en las charlas de Aula Taurina, Tertulia Taurina Universitaria o cualquier otra entidad sevillana? Recuerdo hace tres años que pasaba por Plaza de Cuba caminito de los Reales Alcázares para asistir a la entrega de premios ‘Puerta del Príncipe’, donde se da cita la afición taurina y la sociedad sevillana en un brillante y elegante acto, y me tuve que frotar los ojos para autoconvencerme de que quien estaba sentado en vaqueros tomando un refrigerio en los veladores del ‘Restaurante José Luis’ era Eduardo Canorea, cuando había cinco manzanas más allá uno de los actos taurinos más importantes del año.

Creo que la empresa ha dado muestras suficientes de haberse agotado. Hasta el mismo Rey, por aquello de la cacería de elefantes (no sé si del Senegal), hundido y frente a las cámaras para que le viera todo el país, dijo: ‘Perdón, me he equivocado. No volverá a ocurrir’. Ni eso ha sido capaz de decir y hacer Eduardo Canorea. Esto no da para más. Hemos llegado a un punto y final. El comunicado de las figuras actuales es tan grave que por sí solo bastaría, pero les acabo de ofrecer algunas pinceladas y muestras de que las recientes declaraciones de Canorea son una demostración más de una larga lista, la gota que ha colmado la paciencia de las figuras.

Sevilla necesita otra cosa, se merece algo más y los maestrantes no pueden seguir consintiendo que la afición sea rehén de la falta de ilusión y las polémicas formas de los actuales empresarios. Los maestrantes son responsables igualmente de esta situación por consentir reiterados excesos. Los maestrantes no están sólo para poner la mano y llevarse la pasta gansa. Son responsables de la imagen de la plaza. Si mi casa me la está incendiando mi inquilino, no espero a que me rinda cuenta al final del contrato de alquiler. Hemos llegado a una vía sin retorno, a un punto y final. Se acabó. Ahora sólo cabe buscar la salida menos traumática de la empresa, justo el revulsivo que necesita Sevilla para ilusionarse con una nueva etapa.

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