ÁLVARO ACEVEDO

SEVILLA (España). A Salvador Vega le apodera Pedro Castillo, un perro de presa en su época de matador, que aconseja y dirige al artista. ” Es alguien especial para mí –indica el malagueño – porque me conoce desde pequeño, con él di mis primeros pasos en este mundo y sabe lo que necesito en cada momento. Además, no te habla igual una persona que se ha puesto delante del toro, que otra que no sabe lo que es eso”. Pero Castillo era torero de ataque y guerra, de arrollar e ir a por todas, mientras que Salvador tiene otro concepto diametralmente diferente. ” Me viene bien tenerlo al lado –explica Salvador – porque por una parte me deja desarrollar mi personalidad, pero por otra no me permite acomodarme. Me imprime en cierta manera ese empuje y esa raza que él tenía”.

El tándem Vega-Castillo es independiente, y el apoderado no está vinculado a empresa alguna. Este hecho supone para Salvadorun factor negativo a corto plazo, porque siempre cuesta más trabajo entrar en las ferias, pero a medio y largo plazo será positivo. Si respondo como debo, él mejor que nadie sabrá defender mis intereses sin cortapisas de ningún tipo. Al final –concluye Salvador – si yo no doy la cara, me quedaré parado de igual forma”.