icono-sumario ‘Propongo adoptar como mascota a un niño de Somalia, de Etiopía, de una favela de Brasil o de una chabola del Madrid de posguerra que aún tenemos’

icono-sumario ‘Ponerle un collar, castrarlo, dejar que orine en las esquinas, alimentarlo con los hidratos y las calorías de los productos de las multinacionales y tirarles una pelota de goma para que brinquen sus esqueletos en los parques’

icono-sumario ‘Logrando que esos dos soles negros y muertos que tiene por ojos, nos dediquen una babosada simpática. Pero que no caguen’

Belmonte, a la dcha, junto a Valle-Inclán, al fondo. A la izq., Pérez de Ayala con Sebastián Miranda I ABClinea-punteada-firma1

C.R.V. > Madridlinea-pie-fotos-noticias

Me pregunto por qué el gato ha sido la raza que logró domesticar al ser humano. Ayudado por otra raza que, en los orígenes, era una paranoia de la que corría, huyendo de sus fauces: el cánido o perro. Las dos razas antípodas naturales han logrado domesticar al hombre. Me pregunto la causa de este misterio y, estoy seguro, será pregunta común dentro de unos años, cuando el domesticado ya no tenga duda alguna de que quién tiene el mando de la correa para orinar, a la hora del paseo, es el perro. Y que, cagando dos dentro de la misma casa, gato y humano, es el primero quien recoge y limpia la del segundo. No habiendo gesto de domesticación más evidente que quien limpia la mierda humeante del otro.

Esta nueva colonización que consiste en servir a la mascota o animal diseñado para vivir a costa del humano, a cambio de sustituir al propio humano (un nieto abandonará al abuelo y a su caca en un geriátrico, pero recogerá con toda naturalidad y amor las cacas de su gato y de su perro) es una paranoia que me hace pensar en ‘Los Pájaros’ de Hitchcock. Pero pensar en esa película no me adivina el futuro. Porque esa película, ya ha llegado: ganaderos de Zamora han denunciado varios años el ataque de cuervos a ovejas y corderos para matarlos y comerlos. Así que me pregunto si el cambio climático no es otra cosa que el resultado final del cambio de la relación de las razas. O su consecuencia.

Un cuervo atacando a una oveja y un humano limpiando el culo a un gato porque no quiere limpiar el culo del abuelo son actos desnaturalizados que se admiten ya como naturales a causa de la mitología de un nuevo puritanismo. Esa moral de bolsa de polietileno y arena de caca de gato que consiste en afirmar que ellos te aman, que ellos te necesitan, que ellos desean, que ellos lloran, que ellos ríen, sueñan,… que ellos son. Sustituyendo a todo ello el sentir, llorar, reír, soñar de millones de seres de nuestra misma raza. El nivel de vida de gato (600 milllones en el mundo) que nos ha domesticado y el nivel de vida del can (1.000 millones en el mundo) que nos han domesticado, es superior al nivel de vida de mierda de unos 1.000 millones de seres humanos del mundo sin mascotas.

Propongo adoptar como mascota a un niño de Somalia, de Etiopía, de una favela de Brasil o de una chabola del Madrid de posguerra que aún tenemos. Ponerle un collar, castrarlo, dejar que orine en las esquinas, alimentarlo con los hidratos y las calorías de los productos de las multinacionales y tirarles una pelota de goma para que brinquen sus esqueletos en los parques, logrando que esos dos soles negros y muertos que tiene por ojos, nos dediquen una babosada simpática. Pero que no caguen. Ahí no. En este siglo, el puritanismo avanzado y ya mitológico del ‘mascotismo’, está modificando el Código Penal para que sea delito limpiar el culo al viejo abuelo de la tribu, y haya un bonus masturbatorio de buen ciudadano para quien recoja la mierda caliente y olorosa de su perro.

Yo no sé qué pensaría de esto… Lorca… o toda la generación del 27. Incluso qué pensarían de esto la generación que reivindicó una España nueva, renovada, la del 98. La que sensibilizó su pensamiento mientras España perdía hasta el último de Filipinas y ya no éramos ni el eco afónico de un imperio. Valle-Inclán, gallego que sí ejerció de y con esa generación dijo esto: ‘si nuestro teatro hubiera tenido el temblor de las corridas de toros, habría sido magnífico… si hubiera sabido transportar toda esa violencia estética, sería un teatro heroico como la Ilíada, la corrida es algo muy hermoso’. Cuando este gallego le dijo a Belmonte, ‘Juan, solo te falta morir en plaza’ (‘Se hará lo que se pueda’-, dicen que contestó el torero) no lo decía jugando a la Literatura, sino apelando a la belleza de la naturalidad de la muerte, el arte y el mito. Lo dijo Don Ramón, miembro de la Generación que criticó esa España de sotana y oscuridad doliente y atrasada.

Dijo mucho más. Pero lo que esa Generación del 98 dijo no fue otra cosa que el regreso al ser natural de lo español, a la creatividad libre de lo español, a la España de luces y no de sombras. La luz de lo natural. Abajo colonias, falsos imperios, puritanismos de cuello blanco. Si alza la voz ese gallego, señala con su pluma lo mismo. Este puritanismo mercantil. El mascotismo (no diga animalismo, diga mascotismo) es el mercado mundial progresivo basado en la desnaturalización de las relaciones humanas, entre sí, y con otras razas, al amparo de la mitología de lo puritano. Que consiste en desterrar del ser humano cualquier impulso natural, creativo y rebelde.

Y que se rebela sin género de duda alguno, cuando ya el hombre condena al hombre al destierro de su vejez, a espacios de abandono con falsos tintes de humanidad residencial. Eligiendo entre recoger dos cagadas de un culo. Ya decidió. Ahora el debate social de una ética superior avanza hacia este otro dilema. Que mierda es de mayor calidad moral, la del can o la del gato.

Gana, por ahora, la mierda del perro. Pero los gatos no pierden la esperanza. Tienen fe en su mierda.