icono-sumario PETA declaró en 2014 unos ingresos de 51.933.001 dólares

icono-sumario Tiene relaciones con McDonald´s, Burger King, KFC…

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Pese a sus protestas, PETA tiene intereses económicos en McDonald´s I PETAlinea-punteada-firma1

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La asociación que dice actuar por el bienestar animal, PETA (People for the Ethical Treatment of Animals -Personas por el Trato Ético a los Animales-), declaró en 2014 unos ingresos de 51.933.001 dólares. Los gastos de explotación de esta empresa del bienestar animal fueron de 47.382.000 dólares, con un saldo activo de beneficio de más de cuatro millones y unos activos netos valorados en 12.000.000 de dólares. A PETA le va bien. Tan bien que ha admitido haber invertido en acciones de McDonald´sKraft Foods (conglomerado que engloba a Oscar Mayer, Philadelphia… ) y unas 80 compañías alimenticias más según informaciones de la CNN. Recordamos que el trato fiscal de PETA es el de una ONG sin ánimo de lucro y está exenta de todo tipo de impuestos.

PETA, creada en 1980, es ya una multinacional o empresa transnacional del llamado bienestar animal. Su radicalidad ha derivado a aceptar una mejora en los sistemas de muerte de animales destinados al consumo humano. PETA tiene trato con Burger King, con KFC y con otras marcas multinacionales de comida rápida con las que mantienen un buen trato: el sistema de muerte por gas de los pollos de KFC les parece bastante ‘humano’. En realidad PETA, que ha alcanzado cotas de relaciones sociales impensables con familias como las Rockefeller, tiene una buena relación con todas las empresas del sector de la comida rápida.

Según PETA, no es una forma de hacer negocio sino de poder mejorar el bienestar animal desde dentro. Sin duda alguna, quien ha mejorado su bienestar es la propia organización, que ha destinado en 2014 casi 9.000.000 de dólares en campañas internacionales y en educación pública unos 20 millones. El año pasado tuvo 4.768.940 nuevos afiliados. Estamos ante una organización empresarial de formación transversal, accionista de 80 sociedades relacionadas con el consumo para humanos de carne animal y con primeras marcas de ropa de moda.

Sin embargo, no consta, paradójicamente, que esté relacionada con las multinacionales de la alimentación, sanidad y ocio de la mascota. Algo que causa sorpresa pues PETA, desde su inicio, invirtió decenas de millones de dólares en campañas de recogida de mascotas, campañas que animaban a la adquisición de animales de compañía. Durante esas campañas, PETA, según distintas informaciones no desmentidas, sacrificó a decenas de miles de mascotas que ella misma había recogido tras una campaña mediática internacional sin precedentes.

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Desde hace unos años, PETA sigue manteniendo sus campañas mediáticas de elevado prepuesto, pero ya forman parte del ‘lobby’ de las empresas de alimentación con carne de animales. Barbare Hegedus, integrante de PETA en Parkersburg (EE.UU.), afirmó que ‘influir en las juntas directivas es una forma más progresista de hacerlo, podemos resolver las cosas entre bambalinas‘. Entre bambalinas. Algo ha cambiado en esta organización de inicios tan radicales.

Su líder, Ingrid Newkirk, se ha inventado un lenguaje perverso para justificar el devenir de PETA. Habla de ‘vegetarianismo a tiempo parcial’, de ‘flexitarismo’. Dice que los ‘puristas absolutos’ (veganos, animalistas, especistas, los que están en los partidos como Podemos) deberían  ‘estar en una cueva’. Este neo-pragmatismo de PETA, una vez convertida en una empresa multinacional, comienza a abrir brecha con los grupos (como el español PACMA) que nacieron con su ideología y que, tras la llegada del negocio, se han separado ideológicamente.

PETA sigue financiando, moviendo los hilos, sigue siendo la más activa contra la Tauromaquia. Pero los datos y las cifras y los ‘entre bambalinas’ parecen derivar a hacia lo que sencillamente es un gran negocio. Un negocio que nace del maltrato animal, con una sustanciosa perversión del lenguaje y unas campañas de comunicación que sobrepasan los 30 millones de dólares al año.