Video resumen de la quinta de la Feria de El Pilar I SCPlinea-punteada-firma1

 

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No fue una tarde más. Al contrario. Será difícil encontrar otro con más matices y argumento más rico dentro del abono. Desde la sangre de Cayetano, a la exhibición de Ponce. La entrega y la raza de un torero fiel a su nombre y el magisterio de un figurón fiel a su historia. Todo con una corrida de Juan Pedro seria y fuerte a la que seguramente hizo peor el piso de plaza, duro y suelto, que mermó las virtudes en un envío en el que pese a todo dieron opciones los animales corridos en segundo, tercero, cuarto y sexto lugar. El menos agraciado en el sorteo fue Ginés Marín, que vino a sustituir al convaleciente Colombo y dejó en su primero retazos de su concepto y compromiso. Se le espera con expectación el próximo sábado.

Un tío el primero. Serio, con la cara para delante, largo, con cuello. Echó las manos por delante en el capote de Ponce, que lo lanceó con suavidad. Lo señaló arriba Manuel Quinta hijo en dos puyazos muy medidos. Ponce abrió faena toreando a favor del animal, pero éste careció de recorrido y su falta de raza y empuje le llevaron a defenderse y a protestar en las telas. Ni siquiera un torero con los registros del maestro de Chiva pudo obrar el milagro.

Cayetano puso la tarde en órdita en el segundo. Estrecho de sienes, largo, con volumen y alzada. Se movió sin terminar de humillar en los lances de recibo, se dejó pegar en el primer puyazo y salió suelto del segundo encuentro. Con ese punto de manso, el toro fue y vino en los albores del trasteo, Cayetano no lo obligó, y a esa media altura el animal respondió y obedeció. Faena torera, templada, ligada y fluida que se vio interrumpida en su mitad cuando el astado arrolló a favor de querencia al torero, lo prendió de forma muy fea y lo hirió de modo certero, en la cara interna del muslo izquierdo. Volvió el torero a la cara del animal con el rostro entintado en sangre del astado y el muslo brotando la suya propia. Gesto de raza, de torero macho, que rubricó con una estocada entera antes de que las asistencias lo llevaran a la enfermería. Las dos orejas fueron pedidas con unanimidad.

Grande y voluminoso el colorado tercero, que embistió sin celo al capote de Ginés Marín y tampoco se calentó en el peto. El toro (otra vez el estado del ruedo) se dañó una mano cuando Antonio Manuel Punta trataba de cerrarlo y fue devuelto. Corrió turno el extremeño y apareció el reseñado como sexto, un tanque, bajo y hondo, amplio de sienes, que embistió con buen son a la tela rosa. Empujó en el peto, recargó, metió los riñones. Le administró bien el castigo Guillermo Marín. Saludó Fini montera en mano tras poner el par de la feria. Inició faena Marín en los medios con un pase de las flores para seguidamente ponerse a torear sin probaturas con la zurda. Aguantó las pausas del animal al tomar el engaño y sus reticencias a la hora de terminar de empujar la muleta para delante. Faena muy seria del torero pacense, de gran firmeza y templanza. Sin una duda, pese al calamocheo del astado, que conforme se desarrolló el trasteo se vino abajo y tornó su embestida en muy irregular. Un pinchazo acalló la importancia de su obra.

En el cuarto, estrecho, tocadito arriba de pitones, más suelto, tuvo lugar la faena grande de la tarde. Pareció renquear también de las manos, pero Ponce le dio celo, lo consintió, y le acabó cuajando un faenón de antología. Primero hubo relajo, verticalidad y estética con la mano derecha. Naturalidad. Ritmo. Luego esos últimos resortes incorporados a su tauromaquia, como ese natural citando con el envés de la muleta, o esos remates con el estaquillador tomado al revés para concluir con su célebre poncina. Un taco. Y el público en pie. Y eso que el toro, pese a su obediencia, tendió a perder el objeto después de cada muletazo.  Pero tuvo buen fondo. Faena larga, rematada de una estocada trasera que prolongó la agonía del animal. Sonó un aviso, y por eso a pesar de la petición mayoritaria y unánime, el presidente no concedió el segundo trofeo.

Más alto el quinto, segundo de Ginés, que en principio estaba reseñado de sobrero. Desentonaba con las buenas hechuras de la corrida. Más suelto de carnes, de menos remate. Embistió sin clase al capote del torero pacense. Al toro le costó desplazarse, se fue al suelo a las primeras de cambio y no terminó de pasar ni de entregarse. Hubo un buen inicio de faena por estatuarios, pero luego, pese a sus ganas, el lucimiento fue imposible. No estuvo acertado con los aceros.

Acapachado el sexto, segundo del lote de Cayetano. Amplio, grande. Lo toreó con mucho compás, suave y con gusto, Ponce a la verónica. El toro tuvo son, especialmente por el pitón derecho. Saludó Iván García en banderillas, que colocó son su habitual brillantez. Inicio suave sobre la mano derecha, con cadencia y templanza. Muy relajado, casi sin tocar. El toro, seguramente de nuevo por el estado del ruedo, se dolió y afligió pronto, incluso se defendió en el último tramo de la faena. Ponce redujo distancias y se pegó un arrimón infrecuente en su repertorio. Buscando la Puerta Grande. Como si estuviera tieso. Volvió a poner a la gente en pie. En el primer intento resbaló la espada en una banderilla, dejó media estocada luego, sonó un aviso, y por eso no hubo trofeos. Pero la dimensión del genio de Chiva estuvo a la altura de su grandiosa temporada. 

Hierro de Juan Pedro Domecq - España Plaza de toros de La Misericordia de Zaragoza. Quinta de la Feria de El Pilar. Lleno. Toros de Juan Pedro Domecq (5º sobrero tras devolverse el tercero y correr turno el matador) – Parladé (1º, 2º y 3º), bien hechos dentro de su seriedad salvo el sobrero. Corrida mermada en su juego seguramente por el estado del piso, demasiado duro. Salvo el descastado primero y el deslucido quinto dieron distintas opciones dentro de los muchos matices que tuvieron sus embestidas. Hierro de Parladé - Portugal
Enrique Ponce, silencio y oreja con petición de otra tras aviso y vuelta tras aviso en el que mató por Cayetano
Cayetano, dos orejas que recogió la cuadrilla
Ginés Marín, ovación tras leve petición y silencio

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