La plaza de toros de Bilbao I MUNDOTOROlinea-punteada-firma1

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Cerró plaza un castaño bastote de hechuras, largo, alto y zancudo, muy serio por delante, acodado, ofensivo, enseñando las puntas, con desarrollo de pitón. No tuvo entrega ni fijeza en las telas, huidizo y arrollando. Tomó el primer puyazo en el picador que guardaba la puerta y, como luego en el segundo, trató de quitarse el palo, se dolió mucho. Sigue embistiendo a arreones. Inédito Roca Rey con el capote. Apretó para dentro en banderillas. El preludio de la faena fue por estatuarios, tragando mucho porque el toro vino cruzado en varias de las arrancadas. Buscó después componer las tandas más allá de las dos rayas, pero fue imposible, porque el toro, en cuanto perdió el ímpetu, empezó a ponerse ‘gazapón’ y a andarle cruzado al peruano, hasta que, más pronto que tarde, se rajó. La espada cayó en los blandos esta vez. Silencio.

El quinto fue otro toro serio, con cuajo, algo atacado de kilos, bajo y de lomo recto, aunque alto de agujas, acodado de cuerna, enseñaba las palas. Se desplazó sin celo y echando las manos por delante en el percal de Manzanares, que midió mucho el castigo en varas. Buen tercio de Rafael Rosa en banderillas, con el toro algo rebrincado y echando la cara arriba. Como sus hermanos, las fuerzas, en el alambre. El alicantino lo sacó más allá de las dos rayas y trató de correr la mano, pero el toro, afligido, que parecía incluso tambalearse de los cuartos traseros, soltaba la cara en embestidas muy defensivas. Se desentendió, además, enseguida. Estocada casi entera tendida. Silencio.

Muy astifino, de mazorca blanca y pitón negro, el cuarto, abría más la cara, toro algo montado, serio. Galopó de salida con bríos, aunque le faltó algo de fijeza y sin emplearse demasiado. Empujó sobre un pitón en el primer encuentro y trató de quitarse el palo en el segundo. Tuvo movilidad en banderillas, donde no le bajó nunca la mano Mariano de la Viña, aunque se atisbó de nueva esa falta de entrega. Brindó al público Ponce y comenzó a torearlo, en paralelo, entre las dos rayas. Pronto y con profundidad en el viaje, el de Chiva le robó dos buenas tandas de derechazos, aunque, en ocasiones, tendió a soltar la cara. Más descompuesto al natural, volvió a la derecha y hubo de nuevo mayor reunión. Llevó la embestida, que tuvo transmisión, siempre muy templada sin exigirlo más de la cuenta. El final, por poncinas, con un sinfín de remates afarolados y kikirikís con el toro ya muy aplomado. Se volcó sobre el morrillo, incluso pareció quedar colgado del pitón, pero el toro no dobló y necesitó de tres golpes de cruceta. Fuerte ovación. 

El tercero, que tampoco estaba sobrado, fue un toro fino de cabos, hecho más cuesta arriba, algo acodado de pitones, muy serio por delante. Le recibió con una tijerilla por bajo Roca Rey. A pies juntos. Para después torearlo a la verónica, ganando terreno en cada lance, hasta los medios. Humillando el toro y con celo, pero evidenciando también que le costaba afrontar cada giro. Apenas recibió castigo en varas, con mimo, porque estaba también al límite. Buen tercio de Viruta en banderillas con el toro desplazándose.

Comenzó el peruano con un cambiado por la espalda, citando en corto, en el tercio, acusó el esfuerzo el toro y dos pases más tarde cayó desplomado. Lo sacó a los medios y, allí, comenzó a torear en redondo. Dos tandas sin someterlo, templando a media altura, con cuidado máximo, aprovechando la rebrincada movilidad del astado. Tandas cortas. Tres, cuatro, naturales limpios y el de pecho. A la que suma otra más por ese pitón con mucha despaciosidad, que abrochó con otro cambiado por la espalda y el de pecho. Final en un palmo de terreno por circulares. Faena muy meritoria, reposada y repleta de temple para poder ligar las tandas a un toro con nobleza y calidad, pero que quería más que podía. Pinchazo y estocada algo atravesada. Ovación.

Bajo y de lomo recto, agradable de hechuras, aunque muy bien presentado, engatillado y astifino desde la mazorca, el segundo tranqueó bien de salida. Aunque salió suelto y sin demasiada fijeza, humilló y permitió a Manzanares estirarse a la verónica. No andaba tampoco sobrado de fuerzas. De hecho, pierde las manos en el remate del alicantino. No se le pega en varas. Tan sólo se le coloca la vara y el toro se ‘duerme’ en el peto en ambos encuentros. Vuelve a claudicar a la salida del segundo puyazo. Rebrincado en banderillas. Manzanares opta por sacarlo a los medios y otorgarle distancia, muy a favor del toro, pero es imposible. Duró una tanda -soltando además la cara, a la defensiva- y, acto seguido, muy mermado, dejó de pasar. Sin recorrido. Una quimera. Optó por abreviar con buen criterio. Silencio.

Salió en su lugar un sobrero del hierro titular, más despegado del suelo, alto de agujas, largo y con más peso que el titular, también más estrecho de sienes, veleto, enseñaba las palas. Echó las manos por delante en el saludo de Ponce, que no lo atacó de verdad, porque tampoco andaba sobrado de fuerzas. Se dejó pegar en varas, donde se le administró mucho el castigo, y en banderillas cumplió sin más. Comenzó a torear a pies juntos, junto a las tablas, por alto, muy a favor del toro. Pero en la segunda tanda, cayó desplomado a la salida de un pase. Varios minutos echado. Costó lo suyo incorporarlo. Inédito el valenciano, que abrevió. Estocada entera. Silencio.

Rompió plaza un toro amplio de cuna, que abría mucho la cara y enseñaba las palas, bajo y de lomo recto, con cuajo, que perdió las manos ya de salida. Tras el primer capotazo de Ponce, que le pegó con mimo media docena de verónicas. Sin embargo, siguió perdiendo las manos varias veces y después de un primer puyazo fue devuelto.

Hierro de Núñez del Cuvillo – España Plaza de toros de Vista Alegre, Bilbao. Cuarta de las Corridas Generales. Más de tres cuartos de entrada. Toros de Núñez del Cuvillo, el 1º como sobrero, bien presentados, serios y con muchos pitones, alguno como el 6º, muy ofensivo. Algo atacado de kilos y muy blandos. El 1º y el 2º, sin fuerza, a la defensiva, duraron una tanda; el 3º, con calidad, quiso más que pudo, pero igualmente muy endeble; el 4º, medido de fuerza, tuvo nobleza sin finales por el derecho, más descompuesto por el izquierdo; el 5º, de embestidas defensivas, se afligió y terminó rajado, como el 6º, que embistió antes a arreones y sin fijeza. logo-mundotoro-fichas-crónicas
Enrique Ponce, silencio y fuerte ovación.
José María Manzanares, silencio en ambos.
Roca Rey, ovación y silencio.