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No hace tanto tiempo, Las Ventas estaba extramuros de la ruta turístico/cultural de Madrid. La capital tiene una oferta cultural de primer nivel internacional, pero el palenque de Las Ventas, lugar de paso de decenas de miles de personas cada año, con la feria taurina mediática y económica más importante del mundo, apenas ocupaba espacio en cualquier guía de turismo. Hoy, con las Ventas Tour, esta situación se ha revertido. Las Ventas comienza a formar parte de la Marca España. Y lo ha hecho tras sortear todos los impedimentos de pliegos de condiciones que mantienen un modelo de gestión caduco en su propuesta y asfixiante en lo económico.

Ni los pliegos anteriores ni las informaciones que nos llegan del nuevo, contribuyen a que Las Ventas sea, de verdad, un centro de ocio y cultura internacional que aumente ingresos y que sirva para la mejor imagen de Madrid y de la Tauromaquia. Todo lo que Las ventas tiene de actual, desde el Tendido 11 hasta el Tour turístico, ha sido creado por la empresa actual sin que la Comunidad se haya dado cuenta de que esto forma parte del futuro del toreo. Crear algo donde estar, consumir y asumir como madrileño, español, aficionado o no, más allá de la arena.

Desde el punto de vista de la gestión, Las Ventas, en Madrid, en una capital de un país cuyo mayor ingreso porcentual del PIB es el turismo, no pude tener ni una cocina para restauración. Leen bien. Y en la CAM y Ayuntamiento se lavan las manos porque es edificio protegido, histórico, sin licencias pertinentes… Una estúpida excusa atemporal, pues cosos históricos como Granada y otros, mucho más antiguos que la Monumental, han logrado centros de ocio y restauración con una oferta gastronómica que ha sido un éxito. Sucede que en Madrid no hay esa voluntad.

A sabiendas de que este Ayuntamiento va aponer todas las trabas posibles para que no se celebren toros, es casi inaudito que no exista una voluntad política activa de apoyo claro y directo por parte de la CAM, liberalizando todos los aspectos de la gestión, reduciendo normativas, imposiciones, exigencias económicas, hojas de ruta de corridas, novilladas y días de precepto. La CAM siempre ha argumentado su más de lo mismo en el aspecto peliagudo del toreo como tic tradicional y cultural de difícil manejo. Pero lo que lo ha dificultado han sido las condiciones de gestión, el auténtico gen regresivo y parásito del toreo.

En realidad, a la CAM le ha gustado más el Imserso que las nuevas generaciones. Eso sí, que el público sepa que toda oferta a mayores y/o menores es juerga que paga la empresa. La opinión pública ha de saber también que las empresas gestoras no sólo no pueden disponer del inmueble a su libre albedrío para dar cabida a cualquier actividad de ocio, sino que tienen las manos atadas a expensas de qué fechas o qué hace la CAM con las fechas fuera del calendario taurino. Algo que se antoja injusto ya que cualquier mejora de obra en el espacio, mantenimiento e inversión en este recinto, sale del bolsillo de la empresa gestora, que no se beneficia al ciento por ciento de la explotación total del recinto.

Los intentos de cubrición del coso no han contado con un apoyo decidido de la CAM, cuya percepción de Las Ventas es como la del abuelo que hay que mantener por exigencias de forma pero no por razones de fondo. Un abuelo y no el nieto que puede crecer dentro de una capital como Madrid, dejando la gestión empresarial a su libre ventura, liberalizando normas y exigencias ancianas y caducas. Las Ventas no es lugar donde la clase política acude tres o cuatro veces al año a dejar su perla tópica de apoyo al toreo. Apoyarlo es liberalizar su gestión. Lo demás, papel mojado.

Insisten los pliegos en decir qué día hay que dar toros y éstos días en modo y forma son idénticos a los de hace 50 años. Se duplican festejos un fin de semana cuando la Paloma o día obligado de toros, cae en domingo, devaluando así lo que quieren dar valor, duplicando oferta para la misma demanda. No se atiende a las variantes vitales que cada temporada aparecen en toreros y ganaderías, en más corridas o menos, más novilladas o menos, dependiendo de cómo transcurre cada año, de las necesidades y ofertas de los públicos. Hemos sobrevivido a pliegos sin cintura social, sin capacidad para adecuarse al paisaje anual del toreo, que es variable. Y que hay que leer, pues ofertar en contra de la demanda, lo sabrá la señora Cifuentes, lleva al fracaso económico. Por tanto, a la ruina de la Tauromaquia.

Los Directores Gerentes del llamado centro de Asuntos Taurinos suelen ser gentes de poca capacidad de decisión y miembros de un sistema en donde estar y permanecer va parejo a seguir la misma hoja de ruta para la CAM: ingresar la mayor cantidad de dinero posible y que no haya problemas. El papel de estos Gerentes no es gestionar sino que el toreo en Madrid sea un buen chico. Que no dé problemas. Que cumpla años con el mismo traje que ya no se lleva ni en los almanaques. Ya no es hora de seguir con este modelo inmovilista sino de dejar que la Tauromaquia se gestione de forma libre y responsable. Y si el pliego que se presentará en breve no atiende a estas necesidades básicas, estará poniendo piedras gigantes en el camino de desarrollo de la Tauromaquia. Y nosotros se lo haremos saber alto y claro a la opinión pública.