¿Por qué pelear donde ya perdimos? I MUNDOTOROlinea-punteada-firma1

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Que los animales entren a formar parte del Código Civil como ‘seres vivos dotados de sensibilidad’, a propuesta de Ciudadanos, es el paso que se esperaba para que, en todo el país, los derechos del bienestar animal legalizados, terminen con la actual corrida de toros y dejen a la Tauromaquia en una situación de inferioridad legal. Es decir, el inicio de su final, tal y como la observamos hoy. No es una catastrofismo apocalíptico, sino una afirmación por conclusión, simple y sencilla que nos llega con la realidad actual. En esta legislatura se va a aprobar.

Adelantamos: el PP se va a abstener o incluso dirá que sí. El resto de los partidos va a votar si. Puede haber una tregua beneficiosa, la que llegue por la escenificación de hipocresía política: un debate de máximos y mínimos sobre esta ley. La izquierda dirá que aún más derechos para los animales, el PP que algo menos… es decir, nadie querrá dar el OK a una propuesta de un rival político, Ciudadanos. Pero, que claro, ningún partido político va a frenar nada o a ponerse en contra de esta corriente económica, social y política que es el animalismo. Si alguien del taurinismo afirma que desde un gobierno o partido se va a salvar la corrida de toros, está mintiendo. Ya nos han y nos hemos mentido bastante.

¿Dónde estamos nosotros?. Denunciando tweets individuales en la era de los derechos colectivos. Jugando a fútbol siete en la era de la Champions. En un teje maneje de desescombro en la tierra donde ya se perdió una batalla. Estamos allí donde pelear sobre lo que otros ya han ganado es estéril, boxear contra la sombra de un rival que ya está en otro ring. Ya nadie puede dudar de que la batalla está fechada en espacio, tiempo, día y hora en este frente jurídico/legal/social: derechos de los animales como seres humanos o casi humanos y derechos individuales y colectivos de la corrida de toros. Ya no se trata de si dos picadores o uno, de si tres o dos banderilleros… ya no se trata de alianzas en Málaga o Malagón, o el sálvese quien pueda de unos carteles o un ‘me han dejado fuera’. Porque, dentro de poco tiempo, puede que no haya nada.

Estamos viviendo actuaciones, presentes, debates, estrategias de andar por casa, reparto de poderes en un mundo en que no tenemos poder alguno para ser repartido… que depende sólo de esto: de que sea aprobada en esta legislatura, para ser introducida en el Código Civil de este país, que los animales (las mascotas mucho más) sean, legalmente ‘seres vivos dotados de sensibilidad’. Insistimos: ¿que nos tiene que pasar para no darnos cuenta de que la corrida de toros y la tauromaquia se está debatiendo ya en el terreno jurídico de la declaración de derechos legales?. Bogotá, considerado el Tercer Mundo por los taurinos de aquí, debate justamente eso en el seno de una Corte Constitucional que ha instado al gobierno para que, en dos años, regule una corrida sin sangre. O las prohibe. En ese ring estamos.

Luchemos donde está el otro ejército. No hay otro campo de batalla. Insistimos en la necesidad de dos vías de trabajo urgentes para plantearnos frente al enemigo real y el campo de lucha real.

Uno. Necesitamos logros jurídicos que nos protejan de este avance legal imparable del animalismo. Ser considerados colectivo es el primero. Minoría, pero colectivo. Argumentarnos con todas las sentencias y hechos legales de los tribunales occidentales en materia de derechos de los animales y derechos de los colectivos de personas, como la sentencia del TC de Alemania. Necesitamos argumentos jurídicos y de derechos frente a los derechos que ya se les está donando a los animales mascotas). No se trata de tener un imposible categórico: la corriente legal que arropa al animalismo. Se trata de poner coto y frontera a estos derechos animalistas, asuntos de los que ya existen precedentes en países occidentales:

.- Alimento y vestimenta con en animal
.-Sanidad: investigación de fármacos y erradicación de animales portadores de enfermedades.
.-Derechos de los colectivos humanos minorías en función de una tradición, una religión, una ideología, un pensamiento.

Dedicar un euro de nuestra escasa financiación a otros trabajos, es, nuestra opinión, la pérdida del euro, del tiempo del euro, y de la eficacia social.

Dos. Necesitamos recuperar lo que es nuestro: el discurso ecológico, medioambiental y de planeta sostenible en equilibrio. Unirnos a los grandes grupos ecológicos. Denunciar la desertización de la sociedad occidental, la huella ecológica negativa de un mundo en desequilibrio que nos llega a través del cambio social, del reparto de recursos y de priorización de costes, a través de las obligaciones que, por ley, estamos adquiriendo con los animales (mascotas), frente al ser humano. Denunciar un negocio multimillonario que se arropa en un avance legal hacia sus intereses y en contra del interés de un mundo en equilibrio y con futuro.

Lo demás, insistimos, es tiempo pasado.

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