Reportaje del final de El Bombero Torero I EL CONFIDENCIALlinea-punteada-firma1

MARCOS SANCHIDRIÁN > Madridlinea-pie-fotos-noticias

Almodóvar del Campo acogerá el viernes una despedida sin boato. La estrella que lucía en otro tiempo enfrió su halo por el ridículo complejo progre con el que marcan los límites de la ‘neomoralidad’. El Bombero Torero y sus Enanitos Toreros bajará el telón después de casi noventa años haciendo reir a miles de personas de otros tantos miles de pueblos de todos los países taurinos. Desde España a Francia. De Perú a Ecuador.

Rafael Celis será el último Bombero Torero después de que Pablo Celis comenzara en 1928 con una saga que siguió de generación en generación hasta llegar a nuestros días. Fue en la década de los 30 cuando el primer Celis cogiera la estética de un bombero con un grueso bigote para hacer humor en el ruedo. Humor y acrobacias pues tuvo la capacidad de poner banderillas sentado o saltar a las reses con soberana facilidad. Con el ‘No hay Billetes’ colgado en Sevilla y con la obligación de repetir completó más de 120 festejos en un año.

El Bombero Torero junto con sus Enanitos Toreros I EL CONFIDENCIALlinea-punteada-firma1

No sería hasta 1953 cuando este cántabro que se aficionó a los toros en las capeas incorporara a los ‘enanitos’ del Circo Price, liderados por el inefable Eduardini, a su espectáculo. La fama y la consideración por el espectáculo era mundial. Durante las siguientes cuatro décadas, el espectáculo creció, evolucionó, cambió de Pablo a sus hijo Manuel y Rafael, y de él salieron grandes cómicos como Terrible Japonés, Manolín, Arévalo, Luichi, Laurelito, Gran Ricardo, Totó de Portugal, Pepino de Colombia, el Frutero y el Niño Risi.

Del Bombero Torero tampoco hay que olvidar la parte seria. Después del espectáculo cómico, un joven diestro daba cuenta a un novillo. Desde Manolete a Espartaco, pasando por Ortega Cano o Antoñete comenzaron a fraguarse y adquiriendo la fama que daban las plazas llenas durante las ferias importantes.

‘Queremos hacer reir, no por lo que somos sino por lo que hacemos’, pero nadie les hizo caso. Desde el cambio de siglo a esta parte, los propios ayuntamientos pusieron coto a los espectáculos con personas con acondroplasia creyendo que era lo mejor para su dignidad sin tenerles en cuenta. Por eso, el 15 de septiembre Rafael Celis colgará el mítico mono azul y se borrará el grueso bigote pintado. El punto final a la historia de un espectáculo mítico, del recuerdo imborrable de mayores que un día fueron jóvenes sentados en el tendido de cualquier coso. Las lágrimas que un día fueron de risa tornan hoy en pena por un país que pierde un poco más de su identidad.

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