icono-sumario No ha habido fiesta más de izquierda en sentido de más popular, que el toreo

icono-sumario Ramón Tamames, líder del PC, dijo que prohibir los toros era una barbaridad

icono-sumario Una ley favorable es estéril si la calle no la reclama. Y la calle no nos reclama

‘Expulsados’: Artículo de C.R.V.:12/06/2015

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‘Se solía decir que si el PC  (Partido Comunista) llegara al poder, una de las primeras cosas que haría sería suprimir las corridas de toros. Lo cual es una barbaridad, se mire como se mire, porque nadie osaría atentar contra las necesidades sociales, entre las cuales están el esparcimiento y el arte, que son características esenciales de la fiesta’. 

 
Ramón Tamames, año 1979. ‘Los partidos políticos ante la fiesta de los toros’. 
Para las nuevas generaciones y para las recurrentes, es decir, las no nuevas pero ignorantes (taurinas y no taurinas) diremos que Ramón Tamames es un economista, político  e intelectual vinculado a la izquierda, miembro de Partido Comunista hasta 1982, fundador de Izquierda Unida, con  prestigio internacional, constitucionalista, top-ten intelectual reconocido por las universidades mas prestigiosas del mundo, Teniente de Alcalde en Madrid  con Enrique Tierno Galván, otro hombre de izquierdas convencido del valor social, popular y cultural de la fiesta de toros. Diremos también que éstas y otras afirmaciones de Tamames, las realizó en el Centro Cultural de la Villa de Madrid, en el año 1979, en un foro denominado ‘Los partidos políticos ante la fiesta de los  toros’. 
Eran los tiempos de las dudas, recelos, incertidumbres, con la democracia incipiente, con los partidos de izquierdas buscando su posicionamiento. Y, como ahora, momentos en los que se temía que las izquierdas prohibieran las corridas de toros. Fue uno de sus líderes más sólidos y reconocidos, Ramón Tamames, quien dijo que prohibirla era una barbaridad. Un comunista, en aquellos tiempos, era como un dragón voraz y malvado. Pues ese monstruo del comunismo, se apegaba a la fiesta. ¿Porqué lo hacía? Lo hemos afirmado en nuestro anterior artículo ‘Expulsados’, por el arraigo y raíces sociales y populares del toreo. Atentar contra la fiesta era, para el PC, atentar contra una necesidad social. 
 
Dijo más. Afirmó cosas tan actuales y vitales que el toreo y sus agentes sociales, desconocen. Que desconoce el aficionado actual, las juventudes de toros actuales, todos aquellos que ahora vivimos tiempos de incertidumbre ante las posibles decisiones de la nueva izquierda política. Igual que entonces. ‘El Partido Comunista no pretende, en absoluto, socializar la fiesta de los toros, porque se trata de un arte; sería una temeridad cualquier intento de socialización de lo que es un arte y, además, como en este caso, de fuerte raigambre popular’. Una vez más, arte y pueblo, arte y necesidad social. Porque ése ha sido, históricamente, el argumento del toreo respecto al pueblo, respecto a los políticos que lo representan. Que es un arte, sí, pero no un arte elitista o no  popular, una manifestación de las gentes de este país. De tal modo que es cultura por dos cosas, porque es culto en el sentido popular, como decía otro intelectual de izquierdas, García Lorca, y porque tiene arraigo y necesidad social. 
 
Si miramos hacia atrás, a las raíces políticas y sociales de este país, observaremos que la izquierda, hasta la más radical, era adepta al toreo. ¿Por qué? Porque el pueblo, la sociedad, cada ciudad y villa y pueblo, era adepto al toreo, formaba parte de su vida, de su cultura. Podemos afirmar que, en ese sentido, no ha habido fiesta más de izquierdas en el sentido de más popular, que el toreo. Pintores, políticos, intelectuales, poetas, escritores… sentían un afecto vital por el toreo. Desde Alberti a Valle Inclán, desde el primer universitario de los Centros Libres de Enseñanza hasta el catedrático.  Debemos  preguntarnos  ahora, en esta época de temor similar a la del 79,  qué ha sucedido para que la mayoría de los descendientes ideológicos de aquéllos, sientan este desapego por el toreo. Y, pongamos sobre la mesa argumentos reales. 
 
Y una de las causas  es que el toreo ha sido gestionado de forma pésima. Hasta tal punto que su gran potencial popular, el público de sol, el partidario que siempre la defendió (no olvidemos que fue el pueblo de a pie quien tomó las riendas del toreo cuando el noble a caballo lo abandonó) ha sido expulsado por una fiesta que derivó al negocio, a los monopolios, a los entresijos de desequilibrios cuando se altera el equilibrio natural de los complementos: torero, ganadero, empresario, propietario de la plaza. Cuando no se continúa con esa relación natural se crea una fiesta de minorías en el sentido de una fiesta para una mayoría pudiente. Sin las bases sociales que atraían al intelectual, al artista, al político de izquierdas. 
Tamames lo intuyó ya en ese año:  pidió una real aplicación de la vigente ley de Prácticas Restrictivas de la Competencia, para acabar con todo tipo de monopolios en la fiesta. Asimismo, que el Estado establezca estímulos a la crianza del toro de lidia y arbitre fórmulas de recuperación de las castas; que se pusiera fin a la visión neo-lucrativa del toreo como fin esencial de la Fiesta.  Es más, ya entonces exigía a la televisión un trato justo para con el toreo, para con toda cultura popular de este país. Pero, desafortunadamente, la visión de la Fiesta por parte de la izquierda, la que tenían ilustrados como Tierno Galván, derivó poco a poco, en un asunto de mera economía, a rebufo de los momentos económicos y políticos por los que ha atravesado este país. 
 
Economía y beneficio, no es nada perverso. La perversidad es crear una economía especulativa, inflada, generadora de deuda, instigadora de pérdidas que se ha matizado año a año con la práctica del bajo precio, con la ruptura del equilibrio económico y de poderes natural que había entre ganadero, torero, empresario y propietario de la plaza. Equilibrio que hacía del toreo una manifestación de arte y ocio popular. 
 
Tras el año 79,  el toreo decae en números y apego social.  Sólo tras la muerte de uno de los iconos del pueblo, Paquirri, logra remontar y ya no decaerá hasta la crisis anterior a la actual, antes de mediar la década de los 90. De la que se sale con especulación económica, culminada con la era del ladrillo falso, la era del germen de la corruptela, y los manejos ilegales. Suben los pliegos de condiciones, las propiedades de las plazas demandan unos ingresos aberrantes que el toreo admite, poniendo fin a la idea de fiesta como cultura del pueblo. Y el pueblo, incapaz de seguir ese ritmo, esa pauta, esa economía, ese toreo sabido y especulativo, se va. Se nos fue porque no se hizo una fiesta para ellos. Porque la política de la media plaza (sombra) era suficiente, porque intercambios, componendas, bajo precios, honorarios sobre mínimos, túnel en los tiempos de máxima producción, creó un toreo gigante de pies de barro.
Un toreo inculto al que llegaron gestores incultos, saltimbanquis, golfos. Que terminaron de expulsar a la base social del toreo. Insistimos, a los que hicieron grandes a Gallito, Manolete, Benítez. El toreo salió del boca a boca de cada día y se arrinconó en una endogamia mediática reducida, perdiendo el apego de las nuevas generaciones, abandonando el juego del toro en las calles. Se hizo negocio, pero mal negocio. Pues admitió unos costes de producción impropios de lo que es cultura. Costes del piso de plaza sobre todo, impuesto por los políticos, costes favorables a los partidos, no al pueblo, no a la sociedad. Partidos que ahora han perdido su base social. Y que están siendo sustituidos. 
 
Algo no hicimos bien. Quizá hacer de la fiesta más culta, a decir de Lorca, la fiesta menos culta en el sentido más genuino de la palabra: social, apegada a las gentes, metida en su ADN. Y ése es nuestro trabajo. Tratar de regresarla ahí, demostrando y mostrando, conversando, razonando, dando ejemplo. Siendo cultos. Siendo cultos en el sentido de ser gentes con mensajes y calado en esta nueva sociedad española. Pedir citas, asistir a foros, entrar en el debate constructivo, variar los mensajes, que regresen los expulsados, hacer un toreo no dirigido a la sombra por más que éste dé más dinero. Volver el toreo a lo que fue, una necesidad social, una riqueza social, cultural, ecológica, productiva. Ésa es nuestra tarea. La gestión está -creemos- en que, quienes gestionan hoy el toreo están incapacitados y excesivamente contaminados por décadas de un manejo antisocial, elitista y especulativo del toreo. 
 
No nos equivoquemos. Si el toreo recupera su calado social, ningún partido tratará de prohibirlo. Al contrario. Nadie atenta, como dijo Tamames, contra una necesidad de manifestación social y popular. Hagamos del toreo más élite, más endogamia, más sombra, y estaremos clamando por una conversión hacia un arte no culto, sino de minorías, una especie de club de la lucha para una élite. Eso, a pesar de que estamos amparados por el texto Constitucional. Da igual. Porque una ley favorable sería estéril si la calle no la reclama. Y, si somos sinceros, la calle no nos reclama. No es pesimismo didáctico. Es una nueva reflexión para un cambio que el toreo, su memoria, su realidad, nos está exigiendo. 
 
Pero… ¿Quién se pone al frente de este cambio?