Vídeo del faenón de Ponce en Santander I ISMAEL DEL PRADO linea-punteada-firma1

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A la quinta, de feria, salió del letargo Santander. La Feria de Santiago despertó con la triple Puerta Grande de Enrique Ponce, El Juli y Ginés Marín, que aprovecharon una importante y bien hecha corrida de Garcigrande -el 3º con el hierro de Domingo Hernández– que propició desde otro ‘lío’ del valenciano en el bravo burraco cuarto, de nuevo bajo los acordes de ‘La Misión’ -como ya sucediera hace dos años en Cuatro Caminos-, hasta un triunfo que -como también pasó y el propio diestro reconoce en la feria de 2016 con aquella corrida de Cuvillo– debe servir de punto de inflexión para elevar un peldaño más el toro del joven extremeño. Entre ambos, la ambición insaciable de un torero como El Juli, que dejó dos faenas de arrebato en las que mostró la amplísima variedad de registros de su Tauromaquia con un toreo de seda al natural al primero de sus toros.

Burraco y lucero, de vistoso pelaje, el cuarto, de Garcigrande, fue otro toro de armónicas hechuras. Bajo y de lomo recto, corto de manos, aunque abría más la cara que sus hermanos. Lo recibió Ponce por mecidos delantales, pero terminó blandeando en el saludo. Lo cuidó el valenciano que apenas lo castigó en varas. Brindó al respetable y comenzó a torear con excelsa dulzura sobre el derecho en el tercio. La figura erguida, relajado, muy templado, bajando cada vez más la mano. Girando sobre los talones aprovechando la gran transmisión del toro, que se vino arriba en el último tercio por su gran fondo, a pesar de que, también hay que decirlo se abrió y salió algo desentendido en el tramo inicial de la faena. La ciencia de Ponce obró el milagro y, a base de dejársela muy puesta, lo metió al canasto.

Porque luego tuvo bravura este ‘Guardaperros’. Y ritmo. Cada vez más abandonado Ponce, que ligó y ligó bajo los acordes de la banda sonora de Ennio Morricone para la película ‘La misión’. Por segunda vez en Cuatro Caminos. Nos pareció haberlo vivido ya. Un lío en el tendido. Cuatro ‘poncinas’ y varios cambios de mano en un palmo de terreno. Una delicia para los sentidos. Santander entregada. Otra tanda más al natural. Ligada. Sin mácula. Y ese temple prodigioso. Se volcó sobre el morrillo como si hubiera que ganarse los contratos. Seco el pitonazo en el bajo vientre, pero la espada enterrada entera. Acabó claudicando el toro y las dos orejas incontestables. Un clamor.

Tendió a meterse por dentro de salida el castaño bocidorado primero. Algo montado y de cuerna acapachada, abría la cara el ‘Garcigrande’. Siguió marcando las querencias durante su lidia. Empujó sobre un pitón en varas y cortó lo suyo en banderillas. Nada sencillo para la cuadrilla de Ponce, que le pudo pegar tres verónicas de pasmosa suavidad en el quite. Buena la media.

Comenzó con el mismo mimo la faena de muleta el valenciano, que dejó varios muletazos de bellísima factura sobre la derecha. Lo movió hasta terrenos del ‘2’ buscando que estuviera más cómodo el toro, pero siguió costándole un mundo el muletazo a contraquerencia. A medida que avanzó el trasteo, ni en paralelo a tablas, logró Ponce que se los tragara. Reservón y sin recorrido. El de Chiva optó, tras dejar algunos muletazos sueltos de fino porte, por matarlo. Estocada caída y silencio.

Bajo, de lomo recto y bien hecho, el segundo salió con pies y El Juli trató de atemperarlo en un saludo en el que destacó la media del remate de mano baja. Espectacular el quite posterior por lopecinas. A compás abierto y cargando mucho la suerte. De mano baja, de nuevo. La media, abelmontada. Dos buenos pares de Álvaro Montes. Brindó en los medios y, allí mismo, comenzó con un molinete en el que el toro giró al revés para torear ya sin preámbulos en redondo.

Templando al toro, pero sin atacarlo, a su aire. Se la echó a la zurda y le pegó dos tandas de naturales excelentes. Limpias, profundas, enganchando sin perderle pasos al toro. De figura erguida. Muy ligadas. Los de pecho, a la hombrera contraria. Muy relajado el madrileño. Volvió a la derecha y exprimió al máximo al toro. Bajando la mano en muletazos largos, poderosos, la misma hondura. Respondió el toro, muy noble, de enorme calidad, todo lo quiso por abajo, y tuvo duración. Final, con sello propio, con interminables circulares invertidos. Uno de casi 720 grados tras alargarlo con el cambio de mano. Eterno. Estocada algo desprendida y oreja de ley. Le pidieron la segunda con fuerza, pero el presidente no la concedió.

Hondo y con cuajo, merodeando los 600 kilos, el cornidelantero quinto tuvo buen tranco desde que salió de chiqueros. Buenas verónicas templadas, mejor aún el quite posterior por ‘julinas’. De mano baja, a compás abierto y hundido en la arena. Puro aplomo. Comenzó la faena El Juli en los medios y allí corrió la mano por ambos pitones aprovechando la noble condición del toro, otro toro de nota del hierro charro. Lo toreó con mando y muleta poderosa en tandas largas por ambos pitones. Siete, ocho, hasta nueve muletazos. Varios remates en cada una de ellas. Preciosos los pases del desdén, auténticos carteles de toros. El tramo final, atacando al toro para sacarle hasta el último muletazo, arrebatador. Circulares y muletazos por uno y otro pitón, sin enmendarse. En el sitio. El pinchazo inicial, antes de una estocada entera, le privó del doble trofeo.

No tuvo fijeza el castaño tercero, largo, bajo y cornidelantero, al que Ginés Marín saludó con una larga cambiada en el tercio. Salió suelto y no tuvo continuidad el saludo, pues tuvo que terminar recogiendo tras pegarse dos vueltas al anillo en los medios. Buenas verónicas, aunque deslavazadas, pese a todo. Siguió saliendo suelto durante su lidia. Manseando cada vez más. Se atrincheró junto a toriles en banderillas. Brindó al público Ginés y se echó de rodillas junto a las dos rayas para comenzar a torear en redondo.

Largo, templado, corriendo la mano, para después ligarle un molinete y el de pecho. Excelente. Continuó toreando ya en pie sobre la diestra, pero la tarea tuvo miga, porque el de Domingo Hernández, único con el otro hierro de la casa de la tarde, no paró quieto. Muy manso y desentendido. Logró, pese a ello, Ginés retenerlo en la muleta y tragó lo suyo -miradas y parones a mitad del viaje- para ligarle las tandas siempre al abrigo de las tablas. Incluso le marcó la cornada dos veces en el tramo final, con el toro ya más reservón al sentirse podido. Final por manoletinas, que mantuvo el interés, antes de una estocada de certero efecto que puso en su mano un trofeo.

Cerró plaza otro salpicado, más suelto de carnes que sus hermanos y que abría más la cara. Astifino desde la mazorca. Lo saludó a la verónica con bríos, Ginés, ganando terreno en cada lance. Un lienzo cada una de ellas. Cumplió como trámite en los dos primeros tercios y el extremeño, directo, le puso la franela con la zurda. Buenos naturales barriendo la arena rojiza montañesa. Fueron tandas cortas, sin presionar al toro en exceso.

A fuego lento lo fue haciendo, porque el toro corroboró que le tocó el peor lote de la tarde. Sin entrega y a menos, duró poco y Ginés tuvo que fajarse para poder arrancarle la segunda oreja de su tarde. La mecha prendió realmente en una tanda de tres circulares invertidos en un palmo. El tercero de ellos, infinito, tras prolongarlo con el cambio de mano. Otra tanda más, metido literalmente entre los pitones del burel y el epílogo por bernadinas. Milimétricas. Cuadró al toro y enterró el acero en el sitio, pero tardó en doblar y, quizás, por ello, el doble premio, quedó un trofeo para salir en hombros con sus compañeros.

Hierro de Garcigrande - España Plaza de toros de Cuatro Caminos, Santander. Quinta de la Feria de Santiago. ‘No Hay Billetes’. Cinco toros de Garcigrande y uno de Domingo Hernández (3º), de buenas hechuras, aunque desiguales de presentación. El 1º, aquerenciado y reservón, le costó mucho salir de tablas; el 2º, buen toro, noble, con transmisión y duración, lo quiso todo por bajo; el 3º, mansurrón y desentendido, tuvo transmisión mientras duraron las nobles inercias; el 4º, bravo toro, se vino a más en la muleta, con ritmo, mucha transmisión y gran fondo; el 5º, noble y con bondad, colaborador; y el 6º, sin entrega, a menos enseguida. Hierro de Domingo Hernández - España
Enrique Ponce, silencio y dos orejas;
El Juli, oreja con fuerte petición de la segunda y oreja;
Ginés Marín, oreja y oreja.
Incidencias: Los toros lucieron divisa negra por el fallecimiento de Domingo Hernández, su ganadero.