icono-sumario Castella, Perera y el local Román, terna para la séptima de Fallas con toros de Victoriano del Río

Román torea en redondo de rodillas al tercero I ALBERTO DE JESUSlinea-punteada-firma1

 

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SEXTO TORO.

El que cerró plaza fue una quimera ya casi antes de empezar. Tan sólo dio para un formidable tercio de banderillas de El Sirio y Raúl Martí. El valenciano, que ya bregó con lucidez al tercero, le andó con torería en el tercer par antes de asomarse al balcón y clavar reunido. Serio candidato a par de la feria. Román volvió a ser fiel a su desparpajo y brindó al público. Quiso, con todo el alma, pero no pudo. Enfrente tenía un ‘marmolillo’. Atornilladas las pezuñas al piso, ni media arrancada regaló al valenciano, que no tuvo más remedio que ir por el acero. Inédito.

QUINTO TORO.

El otro burraco de la tarde fue el quinto. Sin ser ese prototipo de toro encastado de Victoriano del Río fue el que más calidad, lo cantó en el quite por gaoneras de Román y lo corroboró en la muleta de Perera. Eso sí, siempre por abajo. El pacense le otorgó distancia y trató de dejarlo a su aire en el primer tramo de la faena. Ahí protestó más el animal.

Lo atacó más en las posteriores y consiguió ligar una tanda muy rotunda, en redondo, que prendió la mecha en el tendido. Mantuvo el interés en las siguientes, con mayor lustre cuando lo sometía por abajo. Lo exprimió hasta el último aliento con un tramo final de faena metido entre los pitones. Muy cómodo en esos terrenos de cercanías. Dos circulares invertidos bien ligados con el de pecho en un palmo de terreno. Hundió la tizona entera, algo desprendida eso sí, y rodó sin puntilla. Se pidió la primera, concedida. Hasta ahí debió llegar la cosa. Pero siguió el manto blanco y el presidente no puso medida. Dos orejas. En el límite. Demasiado premio.

CUARTO TORO.

Muy en la línea de lo que proviene de Algarra, el burraco cuarto fue un toro zancudito y alto de manos. Desde el comienzo tendió a soltar la cara y pegar un pequeño arreón al final del viaje. Pese a ello, ese tramo de su lidia fue en el que ofreció mejores prestaciones, porque luego tras banderillas no sólo no corrigió sus defectos, sino que además los acompañó acortando cada vez más su recorrido. Muy corto y sin profundidad, Castella, que comenzó su faena por estatuarios, trató de sacar petróleo de su única virtud, tuvo cierta nobleza. Manejable, pero nada más, el galo estuvo muy incómodo con él, a pesar de buscarle las vueltas. Sin opciones.

TERCER TORO.

Con muchos pies de salida, el impetú del tercero le hizo incrustar el pitón derecho hasta la mazorca en las tablas. Bien hecho y serio, cumplió en el caballo y en banderillas, donde apretó para los adentros a la salida de la suerte. Román no escatimó con él. Desde el comienzo en las tablas de rodillas, que le costó una feísima voltereta cuando firmaba el cambio de mano tras tres derechazos en redondo rotundos. Rompió la taleguilla y lo levantó del suelo, para reventarlo. Por fortuna, el pitón no encontró carne.

Román ni se miró. A lo suyo. Se echó la mano a la derecha y lo toreó con gusto. Corrió la mano y resistió con titánica entrega la emocionante arrancada del toro, que tuvo más emoción que clase. Su movilidad se tradujo en transmisión y el valenciano tiró de corazón para ligar las tandas por ambos pitones. Todo valor. Con gusto y variedad en los remates. Salió milagrosamente de una pieza tras una arrucina ajustadísima. Aprovechó cuanto pudo hasta que el animal, podido, buscó la querencia. Se volcó sobre el morrillo y hundió una estocada entera de efecto fulminante. Oreja de ley.

SEGUNDO TORO.

Otro toro con la edad casi cumplida, el engatillado segundo fue un toro muy bien presentado y armónico. Tuvo movilidad en los primeros compases de su lidia y permitió que Román se hiciera presente con un buen quite por gaoneras rubricado con revolera y brionesa. Apuntó fijeza y codicia en banderillas, destacó Javier Ambel, que se desmonteró. Nos relamíamos para la faena.

Fue un espejismo. El oasis duró sólo hasta el comienzo de faena, vibrante de Perera, que le cambió dos veces por la espalda en la misma boca de riego. Se echó la mano a la izquierda, a priori, su mejor pitón hasta ese momento, pero en el tercer muletazo se abrió el de Victoriano del Río y buscó la huida despavorido. Perera comenzó la persecución por toda la plaza hasta que el burel se atrincheró en tablas en la misma puerta de toriles. Sin opciones, le robó dos tandas más a milímetros del estribo, pero sin brillo. Buena estocada y tras usar el verduguillo, escuchó palmas.

PRIMER TORO.

Rozando ya los seis años, como segundo y cuarto, el primero de Victoriano del Río fue un toro bien hecho, bajo, de cuerna acucharada y estrecho de sienes. Salió suelto de salida, muy a su aire, y Castella se lo dejó crudito en el caballo para poder atacarlo en la muleta. Sin embargo, ‘Aturdido‘ no hizo honor a su nombre y salió muy vivo de los primeros tercios. Castella comenzó con toreros doblones, rodilla en tierra.

Fue lo más lucido de una faena en la que sudó tinta para poder domeñar las arrancadas de un animal muy gazapón, pegajoso persiguiendo al torero. El galo, muy atento, acertó perdiéndole pasos para poder ligar. Una fea colada nos hizo contener el aliento cuando trataba de darle el de pecho. El pitón resbaló por el muslo. No se amedrentó el de Beziers que lo toreó por ambos pitones a pesar de unas dificultades que no remitieron: siempre sobre las manos el de Victoriano. Certero con la espada. Palmas tras aviso.

Hierro de Victoriano del Río - España Plaza de toros de Valencia. Séptima de la Feria de Fallas. Tres cuartos de entrada. Toros de Victoriano del Río, bien presentados y de poco juego, salvo el 5º, noble, sin romper. Ásperos el gazapón 1º y el 3º; manso y rajado el 2º; el 4º, manejable pero cada vez más corto; y el 6º, muy parado. logo-mundotoro-fichas-crónicas
Sebastián Castella, palmas tras aviso y palmas.
Miguel Ángel Perera, palmas y dos orejas tras aviso.
Román, oreja y silencio.