FEDERICA PIAZZA

La dinámica del uno no se puede entender sin intentar trepar por la dinámica del todo. Cuanto más alto llegues, más cosas abarcarás con una única mirada. Por eso un día decidí marcharme. Me faltaba la perspectiva. Necesitaba alejarme del mundo del toro para poderlo redescubrir en su esencia más pura. Sentí que la Fiesta no se puede entender desde dentro mejor de cómo se debería comprender desde fuera. Quería trepar más alto para verla como parte del todo y no como una fortificación atrincherada en la que había encontrado un cómodo cobijo. Muchas veces tienes que alejarte de algo para poderlo intuir más profundamente.

Al mismo tiempo, esas necesidades interiores estaban restando al Foro de la Juventud Taurina las atenciones que requería y que yo era en ese momento incapaz de ofrecerle. Lo dejé en las mejores manos para que siguiera un camino sensato y armónico, lejos de las turbulencias de mis inquietudes. Me fui así a descubrir que en todas circunstancias de la vida hay un ruedo, tendidos y despachos. Protagonistas, espectadores y especuladores. Pero, al contrario de otros contextos, en el toreo existe aún una verdad generosa, que hay que reaprender a mirar cada día, para no caer en la inconciencia de darla por sentada. Verdad, qué sustantivo más puro y más ambiguo a la vez.

La verdad que no se contradice y la verdad que lo contradice todo. La de hierro forjado según gustos y necesidades, y la que todavía es un incorrupto diamante bruto. La verdad tiene millones de formas, y hay que adquirir mucha capacidad de discernimiento para escoger por libre albedrío cuál agarrar de bandera. Y cuanto más alto trepes por las dinámicas de la vida, cuantas más cosas abarcarás con una sola mirada, más brillará ante tus ojos la integridad de ese ruedo solitario sobre tantas hipocresías.

Por ello para entender la pureza universal del toreo, hay que extraerlo de su contexto más endogámico y mirarlo no como parte de su sociedad más próxima, sino como el engranaje del motor de una humanidad que no tiene trampas. Vivimos una época en la que la crítica precede el razonamiento, en la que confiar en lo falso ahorra el coste de la experiencia. Austeridad. Caviar para la política y pan seco para el vulgo. Pobreza moral.

Lo que está ocurriendo del otro lado del burladero, es hierro forjado de diferentes formas y por muchos fabricantes. Nada es para el bien y todo es para el mal menor. Poco es para la Fiesta, y mucho, que tampoco es tanto, para algunos bolsillos ávidos. Pero los taurinos tenemos una riqueza que preservar: el ruedo solitario. Último yacimiento de diamantes brutos, de verdad incorrupta.

Por ello, esa misma verdad tiene que transcender la arena, e impedir cualquier intento de especulación que pueda pervertir su implícita riqueza. “Esto funciona así” dicen. Pues está más que comprobado que funciona regular. Decimos que la Fiesta forma parte de la cultura y de la sociedad y la tratamos como al niño en su primer día de colegio. A algunos les cuesta dejarla evolucionar. Por miedo a desconocerla y así, a no controlarla. “Enseña a tus hijos de manera diferente a como te enseñaron a ti. Han sido creado para una época diferente a la tuya”.

El futuro consiste en buscar soluciones creativas ante la ineficacia de criterios tradicionales. Consiste en entender que lo mediocremente rentable a corto plazo te cubre una deuda, pero nos empobrece a todos. Consiste en agarrar de bandera la verdad incorrupta del ruedo, porque por ella hay hombres dispuestos a morir.

FOTOGRAFÍA: ARCHIVO

Por error, se publicó durante unas horas un texto que no correspondía a la autora. Este es el correcto, pedimos disculpas por las molestias.

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