C.R.V.
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Una vez soñé con eso. Con lo que va a hacer Viard y su Observatorio en Francia. Una manifestación de miles y miles de españoles llegados de todos puntos por Las Ramblas. Una manifestación que obrara dos cosas. Una, que mostrase que somos muchos los que no tenemos vergüenza de tener esta querencia del toro. Otra, que en la cabecera estuvieran los que aún no han salido del armario. Me refiero a aquellos que pregonan su taurinismo hasta que su afición entra en conflicto con su negocio. Cuando eso ocurre, vuelven al closet y cierran la puerta. Los hay a puñados: presidentes de multinacionales, banqueros, altos cargos de compañías transnacionales. Españoles todos. Taurinos sólo si su negocio no corre riesgo o no se ve incordiado por esa vergüenza que tienen de decir abiertamente que el toreo forma parte de su vida. Y sin embargo hablan de sentimientos y pasiones.

De Francia aprecio su historia. La responsabilidad para con las ideas, la forma de hacer coincidir el hacer y el decir. Dicen y hacen y por eso se van a manifestar en la calle. A nosotros nos robaron Barcelona y Cataluña y no supimos ni llorar. En este país hemos plagiado el llanto de Boabdil al perder Granada y ya se nos olvidó el llanto de los padres que perdieron a sus hijos muertos un 2 de Mayo. En cada plaza, en Sevilla, en Madrid, en Valladolid… hemos sufrido cabeceras de noticieros cubriendo la malquerida escena de un puñado de gritadores antitaurinos una y otra vez. Jamás una manifestación de signo contrarioalcanzó una cabecera de noticiero. Ahora en Francia quieren dar, cómo no, el primer paso.

Hay una vergüenza latente de salir a la calle a dar la cara y a decir, sí. Los quiero. Los participo. Los apoyo.No me los quites, son parte de mi vida o de mi libertad. Libertad. Esa se ganó siempre manifestándose. Saliendo del armario y perdiendo la vergüenza. El otro día, un presidente de una empresa vital de este país, ganadero, hombre de barrera de sombra. Se ‘disculpó’ por no estar más en los toros al cabo del año por una cuestión sencilla: ‘No está bien visto en esa multinacional’. Somos entonces esa querida que pone, que excita, que da lo que no da la oficial. Y por no ser oficial, se esconde, se tapa, se oculta.

Un día diremos nombres y apellidos de esa lista top de prohombres y mujeres de grandes empresas que están dejando millones de euros en publicidad y patrocinios y que, sin embargo, miran hacia otro lado cuando es el toreo el espectáculo que demanda esos auspicios. En los photo-call del toreo no están. Porque hay temor a las protestas de los antis. Porque su temor es mas grande que la vergüenza de no hacer nada por el toreo. Es superior a encabezar una manifestación. Su temor es tanto que no salen del armario.

La vergüenza es un sentimiento que han abandonado, que hemos abandonado. Abandonarla no es su final, se puede recuperar. Francia, Viard, su Observatorio, la van a recuperar en las calles. Lo peor es cuando uno se hace adicto a la vergüenza. Dejan de reconocerla. Y se deshonran tantas veces que acaban inmunizándose contra ella. Jamás saldrán del armario.

Fotografías: Ruvén Afanador

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