Vídeo del triunfo de Roca Rey en Sanse I ISMAEL DEL PRADOlinea-punteada-firma1

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Es la ambición que sólo tienen los elegidos. El ansía que obliga a no dejarse ganar la pelea, no quedarse nunca atrás. Le supuró por el vestido de luces esta tarde a Roca Rey en la última de San Sebastián de los Reyes para debutar en La Tercera acompañando por la Puerta Grande a José María Manzanares que, a golpe de empaque y trazo caro sumó tres trofeos. El peruano siempre quiere y, tras sortear un tercero que duró tanda y media -tan poco como una corrida de justa vida y menos casta- formó un lío en el quinto al que cuajó de principio a fin. Todo esto en una alternativa sin redondear de Álvaro García, agridulce, porque, tras cortar un trofeo al de la ceremonia, se le atragantaron lo aceros con un sexto reservón y a la defensiva con el que había porfiado para arrancar esa segunda oreja. Pero, su final no fue feliz.

Más lleno que los tres primeros, el cuarto fue un castaño que tuvo enorme calidad, pese a que tampoco andaba sobrada de fuerza. En el alambre. Buen saludo a la verónica de Manzanares, con prestancia y temple. Empujó en el peto con bravura. Luego, Manzanares hilvanó una faena, a más, en la que destacó el toreo en redondo. Sin apreturas en la reunión, pero con ese empaque y es composición marca de la casa. Hubo temple y hondura aprovechando la humillada embestida del enclasado toro, que quiso siempre más de lo que realmente podía. Hubo varios circulares y cambios de mano larguísimos. El espadazo, en la suerte de recibir y perpendicular a las dos rayas, de premios. Dos orejas.

Pobre de cara y de justa presentación, el segundo salió con pies y lo paró a la verónica con bríos Manzanares, que toreó con cadencia, ganando terreno en cada lance. Empujó en el peto y el toro sacó raza a medida que avanzó su lidia. El alicantino lo probó por ambos pitones, fácil, sin apreturas, ni atacar de verdad al de Victoriano, que tuvo fijeza y transmisión. Se decantó por insistir en el derecho, a pesar de que el toro pareció mostrar mayor ritmo y profundidad por la zurda. Por ahí, de hecho, llegaron las dos mejores tandas del trasteo. Se perfiló y hundió el acero entero, pero trasero, que fue suficiente.

Espoleado por la esquiva suerte en el tercero, Roca Rey salió ‘a revientacalderas’ en el quinto. Un toro manejable, que se dejó, pero al que faltó empuje y, sobre todo, casta. Lo recibió con una larga cambiada y templó después a la verónica con capote de seda. Una serpentina, de remate. No perdonó el quite, por gaoneras, pese a la floja condición del toro que, medido de fuerza, duró después en la muleta. Comenzó con hasta tres cambiados por la espalda, el último enroscándose al toro para ligar el de la firma con el de pecho.

Le pegó tres derechazos, cumbre, en la tanda posterior, reduciendo la velocidad de la embestida. De abajo a abajo. Exigiendo una barbaridad al toro. El de pecho, de pitón a rabo, a la hombrera contraria. Luego, templó por ambas manos, corriendo la mano con despaciosidad. A compás abierto, los inicios, siempre con el pase de las flores. Se echó, entonces de rodillas y le pegó media docena excelente en redondo, muy cruzado, exponiendo mucho. El epílogo, por bernadinas, citando por un pitón para pegársela por el otro. De infarto. Para entonces, la plaza, un manicomio ya. Dejó un pinchazo hondo y dos descabellos, que no impidieron el doble premio.

Sin caja, se trataba de tapar con la cara el tercero, al que formó un lío con el capote Roca Rey. Verónicas, templadísimos delantales, meciendo y acompasando la embestida del toro, chicuelinas, revolera… Largo saludo. Más de quince lances. Todo muy reunido. Sumó después un galleo por gaoneras y un quite por altaneras. Humilló el toro, pero evidenció, como los anteriores, poco motor. Comenzó por estatuarios, en un inicio, que debía aliviar al toro. Nada más lejos de la realidad, en la tanda posterior en redondo, ligada y reunida, se desplomó y, no hubo forma de ligarle un pase más. Espadazo final. Ovación tras fuerte, y cariñosa, ovación.

‘Casero’ era el de la ceremonia. Para uno de casa. Álvaro García vivió su gran día con uno de Victoriano del Río, negro, terciado y gachito, que tuvo calidad en sus embestidas. Definido desde el saludo de capa, templado a la verónica -la media, superior-, y el posterior quite por chicuelinas, que no perdonó a pesar de la justa fuerza del toro. Largo parlamento de Manzanares en la ceremonia y el toricantano comenzó directamente en los medios al natural. Por ese pitón, transcurrió todo el trasteo en el que tuvo que echar los vuelos y enganchar cada embestida, porque al toro le costaba un mundo y a partir del tercero tendía a defenderse. Acabó metido, por ello, entre los pitones en un tramo final de faena lleno de entrega. Estocada desprendida y oreja.

Cerró plaza un sexto con la divisa de Toros de Cortés, que marcó acentuadamente las querencias del encierro. Tuvo movilidad, pero siempre hacia dentro y con feo estilo. Cortó muchísimo en banderillas. Luego, la faena tuvo altibajos, porque el toro desarrolló a peor y tendió siempre, reservón, a defenderse. Brusco. Álvaro García puso ganas y actitud para lograr robarle dos tandas al natural meritorias. Pero el acero se le atragantó y el burel, además, no ayudó para descabellar. Saludó una cariñosa ovación.

Hierro de Victoriano del Río - España Paza de toros de La Tercera de San Sebastián de los Reyes (Madrid). Última de la Feria del Cristo de los Remedios. Toros de Victoriano Del Río y Toros de Cortés (6º), terciados de presentación, manejables, en general, salvo el reservón 6º, a la corrida, le faltó vida por sus escasas fuerzas y su poca casta, salvo el enclasado 4º, con ritmo y transmisión. Tres cuartos de entrada.
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José María Manzanares, oreja y dos orejas;
Roca Rey, ovación y dos orejas;
Álvaro García, que tomaba la alternativa, oreja y ovación.