Faena de El Juli en la plaza de toros de Toledo I JOSÉ MIGUEL ARRUEGOlinea-punteada-firma1

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Lo de menos fueron las tres orejas (una por coleta), incluso el faenón de El Juli y la patochada del palco quedaron a un lado de lo verdaderamente importante: la reacción de la plebe. Esos más de cinco minutos de rechifla -al borde de un altercado de orden público- ponen de manifiesto que aquí el que manda es el público, juez soberano del espectáculo, por mucho que un reglamento que cada vez con más celeridad urge renovar, dote a un indocumentado del poder para decidir algo de lo que en la mayoría de los casos ni entiende ni tiene la sensibilidad para entender.

Pese a que el presidente le robó por la cara la Puerta Grande (que debería ser potestad del que paga), El Juli fue el triunfador y el actor principal del espectáculo. El cuarto tuvo calidad y profundidad en su embestida pese a terminar rajado en tablas, pero él ya lo cuajó con el capote, que meció con compás y gran parsimonia y muleta en mano, después de un delicioso inicio rodilla en tierra, lo imantó al trapo en una labor redonda, de mucho gobierno y mano baja, pero sin perder la estética, pues el trazo surgió vertical y suave.

Cuando el animal se refugió en tablas El Juli lo buscó y jugando con las querencias le hizo perseguir el engaño en roblesinas y circulares invertidos coronados además con un soberbio cambio de mano. Después de un soberano espadazo, sólo un chuflón hubiera valorado el faenón con una ridícula oreja, pero era el que ocupaba el palco. Su decisión estuvo a punto de provocar un altercado de orden público. La bronca al palco duro más de cinco minutos.

Luego cometió un agravio comparativo al equiparar en trofeos la faena de El Juli con las de Roca Rey y Lorenzo. Porque el quinto tuvo nobleza pero medido empuje y obligó a Roca Rey a sacar toda su artillería, sobre todo en el tramo final de la faena, cuando literalmente se dejó acariciar la taleguilla con los pitones en un arrimón coronado con un desplante con ambas rodillas en tierra. Concluyó su obra con unas escalofriante bernadinas para amarrar una oreja, que, sin desmerecer el esfuerzo del peruano, no puede compararse a la realizada por El Juli.

El sexto fue igualmente obediente pero se consumió enseguida. Anduvo Lorenzo queriendo desde el inicio de rodillas hasta acabar montándose encima del animal y matarlo por arriba para acabar haciéndose con su oreja. Pero con todo, lo más importante fue su soberbio toreo de capa, a la altura de los más grandes. Primero a la verónica, trayéndose al animal toreado un metro antes del embroque para deslizar la tela con suavidad y cadencia, y luego en un soberano galleo con el capote a la espalda de insuperable despaciosidad. Un lujo.

La primera parte tuvo menos sustancia: El Juli estuvo muy por encima del primero, al que faltó celo y entrega, el segundo manifestó su mansedumbre saliendo desentendido del engaño y dándose al vuelta al revés después del embroque. Roca Rey le tapó la huida dejándole la muleta en la cara pero obligó en demasía al animal y no le ayudó nada al entrar a matar. Por eso se quedó sin oreja. Tuvo más recorrido el tercero, y Álvaro Lorenzo aprovechó su condición para muletearlo con temple y despaciosidad, pero la espada no viajó al lugar adecuado.

Hierro de Garcigrande - España Plaza de Toros de Toledo. Tradicional Corrida del Corpus. Tres cuartos de plaza en tarde de calor asfixiante. Toros de Garcigrande, desiguales de presentación y juego. Mejores tercero y cuarto, dentro de su mansedumbre. Nobles y de poca raza el resto. logo-mundotoro-fichas-crónicas
El Juli, silencio y oreja con abrumadora petición de la segunda.
Roca Rey, ovación tras aviso y oreja.
Álvaro Lorenzo, ovación tras aviso y oreja.

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