Video resumen de la cuarta en la plaza de toros de Illumbe I TOROSTVlinea-punteada-firma1

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Que Roca Rey pide el bastón de mando es tan innegable como que está crónica se escribe de noche. Cuesta admitirlo en ciertas esquinas de este toreo tantas veces dormido en los laureles, que tacha al peruano de torero sin clase, como si el escalafón fuera un escaparate de excelencias. Una tarde más sin un paso atrás, una faena más de una capacidad y arrogancia insultante. Con una respuesta de Ponce como si tuviera aún la hierba en la boca, casi bozalón, tocando a arrebato para defender galones y sitio. Gran tarde los dos con una corrida de hechuras fuera de la armonía del toro, basta a veces, diose en lo bueno y lo malo. Suaves y sin decir nada primero y sexto, complicados y a veces duros segundo y tercero y cuarto y quinto enrazados en buen y largo fondo. Un mano a mano de última hora, con miga y nada amigable en el que Roca Rey, a estas alturas del año y a la espera de Bilbao, pide, con la educación de la insistencia, el bastón de mando. El Bocho gana en expectación.

La faena de la tarde llegó en el cuarto. Bajo y descolgando mucho desde que salió de chiqueros, el castaño cuarto abría mucho más la cara que sus hermanos anteriores y salió con muchos pies. Complicó bastante a Roca Rey el saludo a la verónica. Empujó sobre un pitón en el peto y le otorgó la lidia apropiada Juan José Domínguez. Comenzó de nuevo con un cambiado por la espalda en los medios, aunque esta vez, de rodillas. Sobrecogedor, porque el toro le pegó un regate antes del embroque. Los tres derechazos posteriores, al ralentí, reduciendo la velocidad del toro. De abajo a abajo.

Lo cuajó después por ambas manos, aunque no era fácil acertar en la distancia y en las velocidades del toro que, en ocasiones, le faltó ritmo. Toro con muchas teclas, porque tuvo movilidad e inercias y pareció perder la transmisión al acabarse las mismas, pero mostró calidada en un tramo final, en el que Roca Rey volvió a torear a cámara lenta en algunos muletazos. Largos, los de pecho; angostos, los cambiados por la espalda. En uno de ellos, resultó prendido por la taleguilla, de tanto quererse ajustar. Manoletinas finales y otro espadazo de premios. Dos orejas incontestables. Otro golpe en la mesa.

El segundo se lastimó una mano en el comienzo del saludo capotero de Roca Rey, corrió turno y salió en su lugar el sexto, ensillado y bien hecho, enseñando las palas. Lo paró a pies juntos el peruano, igual que después Ponce le devolvió el quite también a pies juntos. Templados delantales. Se desmonteró Iván García tras dos soberbios pares de banderillas. Comenzó Roca Rey -que también brindó al Monarca Emérito– con dos cambiados por la espalda sin enmendarse en los medios. El del desdén, de cartel de toros. Luego le toreó en la misma boca de riego corriendo la mano por los dos pitones, aunque al toro -que le avisó un par de veces- le costaba de mitad de muletazo para delante, porque no tenía empuje. Por eso, en la segunda mitad de faena, tuvo que recortar las distancias y meterse un arrimón de contener el aliento. Insultante autoridad. Hundió el acero hasta la empuñadura y el toro sin puntilla. Oreja.

Cerró plaza un sobrero castaño, tras haber corrido el turno en el segundo Roca Rey, con el hierro de Victoriano del Río. Lo toreó el peruano con consistencia y rotundidad, en muletazos de largo trazo. Pero fue una labor de más a menos, porque el toro que repetía y humillaba con nobleza pastueña, terminó ‘rajándose’ demasiado pronto. El epílogo, por milimétricas bernadinas. Media en buen sitio y descabello, que hicieron esfumarse la oreja. Ovación.

El quinto fue otro toro grande, bastote de hechuras, amplio de cuna y algo acapachado, cornidelantero. También fue grande por dentro. Buen toro. Tuvo celo en la capa de Enrique Ponce, que salió arrebatado toreando a la verónica con cadencia. Encajado y meciendo el capote. No perdonó tampoco Roca Rey, pese a las tres orejas, el quite, por caleserinas esta vez. Brindó al público Ponce -enrazado y espoleado por el triunfo de su rival esta tarde- y firmó un inicio de faena que hizo crujir Illumbe.

Torerísimos doblones, con poder, el cambio de mano, larguísimo, casi circular. Lo toreó luego muy vertical, relajado, en tandas largas de siete, ocho, muletazos en redondo. Lo mismo, al natural, una de ellas, mayúscula. Echando los vuelos y enganchando la embestida, cada vez a más el toro, que no perdió la codicia ni al final del trasteo. Gran toro, bravo y exigente. El epílogo de Ponce, de nuevo, por bajo, como el prólogo. Muy vistoso, el abaniqueo final. Hundió el acero entero, tras un pinchazo previo, y necesitó de un certero golpe de verduguillo. Pese a todo, oreja de ley.

Rompió plaza uno de Toros de Cortés largo, sin llenar la caja, serio, de pitón negro y mazorca blanca, que tuvo movilidad en los primeros tercios. Lo saludó a la verónica con suavidad. Quiso poner caro el duelo Roca Rey desde el inicio con un precioso y ajustadísimo quite por chicuelinas de mano baja, que remató con revolera y brionesa. Brindó a Su Majestad Don Juan Carlos y comenzó, sin preámbulos a torear al natural, pronto y en la mano, a un toro manejable, que pasaba, pero al que faltó siempre entrega, que embistió por ahí mejor. Logró darle celo durante la faena y así logró que transmitiera el trasteo. El final, por circulares. Metió la espada casi entera y contraria, que escupió el toro y necesitó de un golpe de descabello. La petición, fuerte, pero el presidente, sin embargo, no concedió el trofeo.

Basto y con romana, el alto tercero estaba por encima de los 600 kilos con holgura. Con mucha caja y cuello. Enseñaba las puntas. Lo recibió en un saludo capotero a favor del toro tratando de enseñarlo a embestir. Tomó con fijeza dos varas, empujando, y convirtió un trámite las banderillas. Luego, muleta en mano, Ponce trató de alargar las embestidas de un animal al que le costaba mucho, atacado por esos kilos, siempre regalando embestidas defensivas. Soltaba mucho la cara, aunque Ponce buscó y logró templarle varios muletazos sueltos estimables, pero no hubo continuidad, porque no había celo ni ritmo en las desclasadas embestidas del animal. Hábil con la espada, saludó una ovación.

Hierro de Victoriano del Río - España Plaza de toros de Illumbe, San Sebastián. Cuarta de la Semana Grande. Más de tres cuartos de entrada. Toros de Victoriano del Río (el 6º, como sobrero, tras correr turno en el 2º Roca Rey) y Toros de Cortés (1º y 4º), muy desiguales de presentación, fea de tipo. Más deslucidos, los tres primeros; destacaron, exigentes, en buenos, el 4º y el 5º, toro bravo, que fue a más. El 6º, noblón y de embestida pastueña, se terminó ‘rajando’. Incidencias: En banderillas, se desmonteraron Iván García en el 2º y Juan José Domínguez, en el 6º. Hierro de Toros de Cortés - España
Enrique Ponce, ovación tras fuerte petición y aviso, ovación y oreja.
Roca Rey, oreja tras aviso, dos orejas, ovación.