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Comienza una semana crucial para la temporada, porque es la semana en la que el público debe de dejar de tener dudas sobre Sevilla. Y, como dijimos hace unas fechas, en Sevilla no deberían faltar ninguno de los que faltaron el año pasado. Por dos razones. Una, porque si en lugar de los cinco ausentes que ‘batallaron’ contra la empresa, Morante, Manzanares, Juli, Perera y Talavante, solo torean tres, como alguien ha asegurado, nadie se va a creer que se ha cerrado herida alguna. El final de ese pleito no será creíble. Y eso es malo para todos.

Pero, por otra parte, y en una razón superior, porque hay plazas que, más allá de gestionar ‘sus’ carteles o su temporada, son lugares en donde se está gestionando el toreo. Mucho más en estos tiempos. Sevilla y Madrid, muy distintas pero muy importantes, son símbolos, iconos e imagen del toreo. No sólo de su plaza ni de su ciudad. Tanto es así que las ausencias del año pasado provocaron, posiblemente la peor asistencia de público en muchísimas décadas, pero, sobre todo, creó un sentimiento de frustración en los públicos. Una frustración que se resumía en que incluso en estos tiempos de precariedad, las gentes del toro son incapaces de dialogar, de unirse, de mirar por el bien general.

Y es ese cainismo que huele a intereses particulares y sabe a desunión, el que deja ese amago regusto de revancha para el futuro. El revanchismo es una nueva suerte del toreo moderno que consiste en que, lejos de cerrarse heridas, se pasa la factura. Y la forma de gestionar las heridas sin la apetencia de la revancha, es lo que hace grandes a los grandes: toreros y empresarios. Por eso la coherencia es que los cinco toreen. Y para ello es necesario que los seis, la empresa y los cinco toreros abandonen cualquier idea que no sea el de año nuevo, camino nuevo.

Los pasos de Canorea y Ramón Valencia este año han sido distintos. No han avanzado públicamente el elenco ganadero, que era lo primero que mandaban al abonado. Y en cuanto a los toreros, comenzaron por Manzanares y parece que hay un ‘casi’ acuerdo con Morante y, creemos, Talavante. No falta quien dice en mentideros que no anunciar las corridas es fruto de saber o no si van a torear los cinco, cuatro, o tres. Incluso se hacen quinielas basadas en ausentes o no ausentes. Hasta en alguna red se ha leído ya el cartel del Domingo de Pascua: Morante, Manzanares y Talavante o una alternativa.

No creemos que esto sea así. El pleno de Sevilla es tan necesario como saludable, pues el 2015 ha de ser un año en donde el toreo demuestre que es creíble sin revanchismos. Es sencillo. Aplicar el sentido común todos. La empresa en sus ofertas. Los toreros en sus demandas. Y el público a la hora de recibir a los toreros en esa plaza. Luego al que Dios se la dé, San Pedro se la bendiga y que cada cual tire de su carro. El de la Fiesta.

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