Sobre Bilbao y Téllez I MUNDOTOROlinea-punteada-firma1

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Detrás del postureo, encontramos el fondo. Al final de las Generales de Bilbao, sale ganadora la corrida de Torrrestrella. Al final, los premios subjetivos adolecen de lo que adolecen. Da la impresión de que se premia trayectoria, se premia a personajes, se premia al premio y al primo del premio y, sobre todo, se premia a la Mejor Corrida en visión y versión de la Junta Administrativa. Que eso no quiere decir que sea la Mejor Corrida. Es la mejor en los ojos de la Junta Administrativa.

Desde un punto de vista de tauromaquia, este premio manda a su casa a Román, Luis David y Gonzalo Caballero. No triunfar en grande con la mejor corrida es de nefastos. Ergo, Román estuvo nefasto el día de la Mejor Corrida. De Caballero no digo nada porque en la Junta saben más. Desde el mismo punto de vista, resulta que una corrida de Alcurrucén seria y reconocible en tipo, con un toro de los del año en clase (no de Bilbao, de los del año), uno con raza de la buena para llenar una feria, y al menos uno muy toreable, junto a otro de peligro (todos los espectros del toro bravo), fue “peor” corrida que la de Torrestrella.

No es cuestión de negar a Torrestrella, ni a su historial ni a sus honorable gentes. Es una cuestión de tauromaquia. Y la Tauromaquia no entiende postureo. Torrestrella ha lidiado corridas muy superiores en esa misma plaza. Sin premio. Busquen en la hemeroteca y comprobarán que entonces, dije lo mismo con los nombres cambiados. Es decir, dije que la Mejor Corrida, fue la de ese hierro. Quede claro. Pero, además, la paradoja se ensaña con la realidad: dejar desierto al premio a la mejor corrida, porque los conjuntos en general han pinchado, tiene más lógica que dejar desierto el permio a lo individual.

Los miembros del Cocherito dejan desierto al toro más bravo. Bueno. Ha sido una feria donde la bravura colectiva ha brillado por su ausencia, y en lo individual no es para tirar cohetes. Entiendo que dejar desierto ese premio importante lleve una carga de profundidad con ese mensaje sobre lo colectivo. Pero algún toro de la citada Alcurrucén y el último de la corrida de Garcigrande y Domingo Hernández son los que dan razón de ser al toreo y al campo. Los premios a veces son mensajes. Pero eso no quiere decir que en Bilbao no haya saltado un toro de premio. Si hay cien tuercebotas y un Messi, no es culpa del último la proporción y menos que se quede sin premio.

La noche del viernes, en Madrid, un tal Ángel Téllez le pegó veinte o más pases a un santacoloma de Los Maños que son lo mejor del año en Las Ventas. Sin premiso de nadie, los mejores. Desde la actuación de Talavante de novillero, nadie había hecho tan bien el toreo en esa categoría. Se enteró de lo mismo nadie. Y los que nos leen dicen que exageramos. No es cierto. Es una visión a pie de plaza, matizada por la necesidad de ver algo que sea superior en ilusión y realidad. Es una visión que concluye lo siguiente: si hay un uno por ciento, sólo un uno por ciento, de que Téllez sea así, hay que poner todo a favor para que sea así.

Pero no será así. Mañana lo pondrán peor, uno más, sin que este mundo necesitado de algo superior tenga la visión sensible de ocuparse de un uno por ciento de posibilidades de que sea realidad. El toreo anda preocupado de lo no que se va a ocupar. Defectos. Es un chaval, claro.

Coge el capote regular, por decir algo, y en el segundo novillo, al quedarse inmóvil tras largo castigo, hizo varios copia y pega, como cruzarse arrastrando los pies como se hace ahora, esa forma horrorosa, como los soldados de plomo, haciendo ostentación sin naturalidad de ‘miren cómo me coloco’, cuando el toreo es naturalidad. La naturalidad con las que recogió y vació las embestidas al ralentí de un novillo al que le faltó humillar. Y el que sabe de esto sabe que torear al ralentí y hasta reduciendo una embestida cansina con la cara a esa altura, es harto difícil. Eso pasó en un algo de visión de algo superior que el toreo captaba no hace tanto, cuando no estábamos preñados de postureos, ni de esas cosas que andan criminalizando al buen taurino de toda la vida.

El buen taurino de toda la vida es la especie en extinción más ninguneada y más necesitada.