“SOMOS TORPES”

No dejamos de alimentar nuestra decadencia ni de airear nuestros defectos. A la que podemos nos retratamos como desean  quienes sienten ese deseo irrefrenable de definirnos como decimonónicos, obsoletos , arcaicos y primitivos. Sabíamos que el mundo del morbo y el antitaurino bucearía entre la sangre de José Tomás para ensuciar de nuevo a la Fiesta. Sencillo: este mundo es tan arcaico y brutal que no tiene ni gasas en una enfermería. Y, además, claro, es México. Y por supuesto, México es un país subdesarrollado a donde no se puede ir ni a heredar, y, menos, pasar por un hospital.

Y dicho esto, sale la reacción nacionalista de toreros como Armilllita que, en lugar de poner sensatez y ser cabal, se remonta a la tenebrosa historia de Paquirri, un made in spainque nos sitúa en las cavernas. Es decir, más leña, Caín y Abel a garrotazos de quijada, mientras el héroe no dice nada, sufre en silencio su grandeza. Es lamentable. Pero más lamentable es ver cómo profesionales que deben de ser sensatos, cautos, prudentes y nada mediáticos, como el doctor Ramón Vila, no pueda prescindir, no de su gusto por los medios, pues salir no significa otra cosa que ser relevante, si no comenzar a especular.

Siete meses o más sin torear. Parecida a la de Paquirri. Decir eso mirando informaciones aún sin ajuste, sin valoraciones ciertas y contrastadas de los doctores mejicanos, es una irresponsabilidad pública. La cautela, el decoro y la ausencia de especulación es lo que se le debe exigir, en estos casos,  a gente de tanta preparación. Porque es fácil encender un fuego que va a perjudicar mucho al toreo. En este sentido, las palabras de Boix, apoderado de JT, son ejemplares. Y lo son porque los médicos mejicanos son muy buenos. Muy buenos. Porque el hospital es muy digno. Porque a clínicas de México van muchos españoles a operarse y curarse.

Porque, aquí, en España,  se reta el taurinismo de bote pronto a dar una patada a la puerta de muchas enfermerías de muchas plazas de España para ver su estado. El problema es otro. El problema es que los que gestionan y dirigen la carrera de un torero, de una figura que factura una barbaridad,  se preocupan de un cartel de unos toros, presionan y presionan para salir airosos en dinero y exigencias que son legítimas, pero son incapaces de echar un vistazo a una enfermería para proteger a su torero. Tardes y tardes, ciudades y pueblos.  Y suspender o no contratar si es necesario, porque no hay los mínimos sanitarios.

Porque la sanidad preventiva de urgencia del toreo aún no está desarrollada excepto en plazas importantes pero no hay pliego alguno o administración alguna que le eche cuenta. Porque en lugar de trabajar con coherencia y solucionar problemas somos cainitamente imbéciles, de corta inteligencia y muy dados a lo visceral. Es más fácil que cumplir con el deber y el deber de cada responsable de la carrera de un torero es exigir  los mínimos de una enfermería, de evacuación y de hospital. Por si no caen en la cuenta. El hombre llegó a la luna en 1969. Estamos en 2010.