CRV
Seguir a @Mundotorocom

Montados a los lomos de un sueño que no cabalga, hemos creado un negocio que no existe. Subidos a los hombros tiernos de los que aún no tienen espalda, pusimos un chiringuito de adultos insensatos. A los hijos del toreo, a los hijos más hijos, más niños, más soñadores, más débiles, les dimos escuelas y profesores para hacerlos profesionales antes que toreros. Un engaño sutil sin acuerdo escrito, acordado entre adultos, entre organizadores, administraciones, ganaderos, profesionales del toreo, banderilleros, y todos los demás que callan una realidad vergonzosa que no se denuncia porque no vende titulares. Una novillada sin caballos con olor a pueblo, a boñiga, a fonda y portátil, a miedo tierno e ilusión nueva no vende. El gran problema del toreo: montar un tinglado profesional a costa de un chiquillo, es el silencio más oscuro de esta fiesta.
 
Pero hay silencios que gritany su ecos llegan a rebotar en tantas piedras que, muy al final, llegan a taladrar los tímpanos de los propios negociantes. Un día decidimos civilizar el toreo terminando con la tapia y con los corre caminos de hatillo a la espalda. Decidimos que esa imagen de la España precaria e indecente había que reconducirla hacia una escolástica que consiste en crear escuelas a donde ir, en lugar de caminar allí donde el eco de un becerro o una vaca tentada les llevara. A ellos. A los que deseaban ser toreros. Ye tenemos escuelas. Allí han ido ya las ilusiones y los sueños, a aprender bajo techo. Ya no se mojan de lluvia, ya no se les hielan los huesos, ya no les quema el sol, ya las gallinas de los corrales de los caminos y las manzanas de los huertos duermen en paz porque no se las comen los que quieren ser toreros. España duerme tranquila. El toreo elimina su imagen de pateras y buscadores de tapias.
 
Ya globalizamos los sueños, los metimos en un aula, los domesticamos hacia la técnica enseñada, ya hicimos civil lo incivilizado, ya pusimos a nuestros hijos en manos de los padres y de los maestros y de las escuelas. Muy bien .Ya hallamos la cuadratura del círculo: ideamos un formulario común a rellenar por las ilusiones de los que quieren ser toreros. Ya los sueños encajan en los papeles de admisión de cuadrículas y DNI. Y pregunto: ¿para qué? Porque cuando salgan de ese paraguas protector, cuando aún el traje de luces no les avale como toreros, cuando el vestido de luces sólo es el símbolo chispeante de un sueño casi inalcanzable, los mandamos a un mercado lleno de obligaciones de adultos para que el personal de la plaza cobre, la seguridad social ingrese, el fisco ingrese por IVA, los veterinarios, médicos, pisos de plaza, banderilleros, etc…cobren. Cobren. Ingresen. ¿Para eso los quitamos de los caminos?
 
Esta hipocresía abusadora que colectivizó a los corre caminos y los metió en una escuela para darle la salida profesional, se convierte ahora, en tiempos de ruina global, en algo tan inviable como pescar en río sin agua. Y nadie se detiene a pensar que algo hay que hacer . Que manteniendo este sistema profesional sobre los hombros de los que apenas puede hablar, decir, y que, además, se les suele poner delante de mini toros, toretes o casi toros, hemos matado al sueño, a la ilusión de ser toreros. Y matamos con ellos al futuro del toreo. Si. Porque un día nos arrogamos el poder de quitar a los sueños de los caminos y los metimos en un formulario, pero la letra escrita de este cambio civilizado y de porvenir, era a cambio de ser profesionales, correr con gastos, ser el eje de compra y venta.Entonces había dinero de mentira en ladrillos, ayuntamientos y golfetes mediadores y trapisondistas. Ahoya no lo hay. Ahora no hay nada. Y pregunto. ¿Seremos capaces de crear una alternativa para todos esas ilusiones? Cada vez que escucho a un matador hablar de sus sueños legítimos, me pregunto si acaso olvidaron ya que una vez soñaron con 16 años los ilegítimos sueños de quienes no salen en los titulares de prensa.  
 
La realidad de una vergüenza colectiva

IMAGEN: Pintura al óleo de JOSÉ MILLÁN TEY, recogida de la web www.espartinas.net

Twittear