C.R.V.
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Esa hipocresía social que llama deporte a lo que es violencia. Que llama afición a lo que es tribu en armas, que llama arbitro o juez  a un pelele que al final no pinta nada, que llama prensa al partidismo mediático de bufanda y visceralismo, que llama periodismo a una trinchera donde se pelea, se grita, se miente, se apoya hasta el acto mas repugnante. Ese deporte donde los contratos que se escabullen de Hacienda y Hacienda lo sabe, ese negocio en ruina y deuda con el Estado, que el Estado permite. Esa hipocresía basada en los bajos instintos de lo que llaman deporte. Me quedo en y por y con los toros. Soy culto.

Millones de padres e hijos aplaudiendo esa visceralidad, esa violencia, esas agresiones, ese humillar al que pierde, esa actitud de guerra, esa patada emboscada, ese escupitajo, ese golpe, ese insulto, esa agresión, aquella intención de lesionar, esa provocación continuada. Esa hipocresía sólo apta para mayores de 18 años, que, sin embargo, nadie de este país muestra un gramo de sonrojo. Esa televisión de todas las horas con el mensaje de la trinchera, del frentismo, del todo vale, del dale más y más fuerte. Me quedo en, por y con los toros. Soy culto.

Esos futbolistas contratados al margen de los leyes fiscales, esas estrellas tan cultas y tan deportistas qu e viven  en el mejor país del mundo sin pagar un euro a Hacienda, esos clubes que gastan y gastan y hacen ostentación, ese mercadeo de híper millones de euros, esa prensa divertida, libertina, apta sólo para un bando, esa perversión del deporte, ese pan y toros, ese pan y circo de la política de carnaza. Me quedo en, por y con los toros. Soy culto.

FOTOGRAFÍA: TEINTERESA.ES

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