Cena de Nochebuena de Cáritas con los ‘sin techo’ en Madrid / Instagram Dani Rovira I MUNDOTOROlinea-punteada-firma1

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Sueño con un mundo sin muros y sin niños en la calle, sin humanos en estado básico de animalidad, con frío, con hambre. Hace tiempo me sucedió algo en el cuerpo que me enseñó a estar estos días al lado de los con muro, de los con hambre y de los con frío. Hay mucha gente que dedica gran tiempo de su vida y recursos a que no haya frío ni hambre. Anónimos. Gente de Cáritas, de Cruz Roja,  de otras asociaciones, sin recursos, sin twitter. Gente no instalada en ese ‘buenismo’ palúdico y deshumanizado que consiste en decirse asímismo que uno es muy bueno porque ama a los animales. A una clase de animales llamados mascotas. Al animal humano no.

 

Como ser humano, jamás voy a renunciar a serlo, y serlo es ser solidario con el humano que sufre. Sin embargo, en todos los medios de comunicación se silencia esta inhumanidad de millones de seres y, sin embargo, hay espacio para que grandes seres humanos como el actor Dani Rovira clame al cielo porque su mascota perro pasó fatal la Nochebuena a causa del ruido de petardos. Toda una denuncia para cambiar hacia hacia una sociedad inteligente, humana, solidaria. Miles de likes desde el confort para afirmar qué buenos humanos somos, qué esfuerzo hacemos con nuestras mascotas, para las que hemos logrado un nivel de vida superior a cuatro millones y medio de españoles.

 

Rovira. Te invito a ti y a tu mascota a venir conmigo allí donde los ruidos de las lágrimas ya no tienen eco. Donde morir es aleatorio. Allí donde la vida humana sólo espera para apagarse a que otro humano le dé la mano. Te invito, súper hombre. Invito a todos los bienestaristas de perros mascotas a darle la mano a quien, probablemente, muera de frío y de soledad en estos días. Quizá esta misma noche. No voy a llorar por sus mascotas asustadas. Mi cuerpo tiene un millón de lágrimas y las voy a usar para otros seres humanos. Las priorizo.

Gastaré mis lágrimas por la decencia de ver hombres, mujeres y niños abandonados por otros hombres, mujeres y niños. Yo me declaro un animal bárbaro. Mis lágrimas y cuitas estarán, mucho antes que para nadie, para otro ser humano. Cuando se arregle el mundo, Rovira, cuando ya no haga falta sufrir ni llorar de indignación por el hambre y el frío de millones de mis iguales, acunaré a tu perro. Te invito, Rovira, a ti y a los bienestaristas de mascotas, a dar una vuelta por cada cada calle de vuestras ciudades y regresar a vuestras casas sin sentir la necesidad de ser un ser humano. Una sociedad que se olvida de su semejante, madres, padres, hijos, es una sociedad que merece ser perro.