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Madrid (España)La cabecera internacional Gentlemanen su sede de México y Latinoamérica lanza un amplio reportaje sobre la figura de El Julicon una entrevista del periodista Luis Martínez y fotos de Javier Salas. En el texto se pueden leer sus reflexiones sobre temas como la familia, la actualidad, el reglamento, su vida y sus gustos. Todo, en ocho páginas apenas pasados los primeros éxitos de la campaña española.

EN DOS LETRAS PUEDE CABER UN MUNDO
Dos letras separan a Julián López El Juliy por el hueco que dibujan una vocal abierta y una consonante nasal se cuela, en efecto, una vida entera. Una existencia con todo su equipaje: sus éxitos, sus fracasos, sus recuerdos plenos, sus renuncias amargas y hasta tres niños pequeños. Dos de ellos mellizos. Dulces, claro. El último, recién llegado. Isabel (así se llama la criatura) nació apenas unos días después de esta entrevista a finales de marzo y alguno más desde que la madre, Rosario Domecq, saliera de cuentas. Julián López Escobar (Madrid, 1982) es un tipo seguro de lo que quiere, padre de familia, curioso e inquieto; El Juli es otra cosa. El Juli es torero y, en efecto, un matador de toros, por definición y quizá por la cornada que serpentea por el labio, no tiene que ver con nada. Ni con nadie.

¿Qué es exactamente un torero? ‘Ahora más que nunca es necesario explicarlo. Creo que hay mucho desconocimiento de la fiesta y de lo que significa en nuestra cultura. Vivimos un momento muy delicado. Durante mucho tiempo, cuando las cosas han ido bien, cada uno ha ido a lo suyo y ahora estamos pagando las consecuencias. La responsabilidad es de todos, yo me incluyo’.

El Juli
hace reflexiones sobre el actual reglamento taurino: ‘Estás limitado de forma absurda. ¿Por qué los quites tienen que ser en el segundo puyazo y no en el primero? ¿Por qué una faena de muleta tiene que tener una limitación de tiempo?… Soy partidario de que el torero sea responsable de su espectáculo y que el público le castigue o premie según su responsabilidad’.

‘Pasamos de querer proteger al toreo como bien de interés cultural sin que el toreo mismo figure siquiera en el Ministerio de Cultura. Y sin que la sociedad lo reconozca como tal. Es un poco absurdo’.


‘Me molestaba tanto que me trataran como a un niño o que se valorara mi toreo por ser un sólo crío, no un torero, que todo mi afán era parecer mayor. Me cuesta trabajo dar con una anécdota o trastada infantil, de ésas que todo el mundo recuerda. Ahora creo que tengo más espíritu infantil que nunca’

El que habla sufrió, no hace tanto, un año cabal, una de esas cornadas que lo cambian todo. Nada que ver con las otras 14 que como arañazos picassianos le visten de arriba a abajo la piel. Fue en Sevillay el navajazo se acercó demasiado a la femoral. ‘Me hizo muchísimo daño. Es la primera vez en mi vida que he tenido la sensación de morirme y es verdad que esa rara certeza te cambia la vida. Me costó muchísimo coger el sitio, reaparecí sin estar preparado, tenía anemia. Sufrí muchísimo. Sentía que me moría’.

PorLuis MartínezparaGentleman México / Fotos Javier Salas

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