Faltó confianza en Julio Aparicio para haber realizado algo más notable que las cuatro pinceladas que dejó con la muleta ante un toro manso, que no se entregó en el capote, pero que en la franela desarrolló nobleza.

No lo vio claro el madrileño desde que abrió el capote en su segundo. El toro parecía tener buena condición, pero el torero no se paró en ningún momento con el consabido enfado del público.

Una oreja cortó El Tato en su primero, un toro flojo de remos con el que estiró con el capote. Por alto comenzó la faena de muleta y poco a poco logró que el animal desarrollara una potable embestida por el pitón izquierdo, ya que por el derecho le costaba más. Claro resultó el quinto en el capote, si bien luego cambió a malo en banderillas. El Tato lo recibió con unos buenos lances a pies juntos. Con la muleta, el toro se fue rajando y sólo quería estar en tablas, lugar en el que el torero le dio notables series de redondos y naturales, dejándole la muleta en la cara. El temple y el gusto brillaron en muchos momentos dentro de una faena de menos a más, importante. Cortó dos orejas.

Bien toreó Jesús Millán a la verónica en el saludo capotero a su primero. El toro resultó bueno y con una clara embestida por los dos pitones. La faena resultó vistosa de inicio y al final se entregaron los tendidos al dar una serie de redondos de rodillas. Tras una estocada, cortó las orejas y rabo, un premio que resultó excesivo.

De buen corte fueron las verónicas que ejecutó Millán en el sexto y fueron rematadas con una bella media abelmontada. El animal se fue parando y quedó con media embestida, con lo que el torero se entregó y le dieron las dos orejas.