Dávila Miura perdió los trofeos en el tercero de la tarde, un animal noble y de boyante embestida, por fallar con la espada, tras una faena de menos a más en la que destacó su toreo al natural en cuatro importantes tandas, en las que el temple y la largura fueron los ingredientes que puso el torero.
Con el sexto, una res de media embestida, comenzó con las dos rodillas en tierra y cayó en la cara del toro, si bien todo quedó en un susto, ya que el providencial capote de El Tato salió desde la barrera, y el animal se fue tras él.
Más tarde anduvo entregado ante una res parada que tenía poco donde sacar algo importante.
Un lote aceptable le correspondió a El Fundi, pero lo cierto es que el torero anduvo por debajo de las condiciones de sus toros, especialmente en el cuarto, un animal noble y de clara embestida, en el que solamente lució en el tercio de banderillas, al igual que sucediera en el primero del encierro, en el que se le pidió la oreja y dio la vuelta al ruedo.
El Tato se topó con dos reses complicadas. A la primera le sacó todo el partido que tenía, intentando torearla en diferentes distancias y terrenos.
Con el manso quinto, quiso ahormar las embestidas del toro, pero la res, que murió en chiqueros, no se prestó al lucimiento.