En el que abrió plaza, un animal con poca fuerzas pero noble, no se prestó al lucimiento de un Pedrito de Portugal que anduvo bien, dejando muletazos buenos, pero a los que les faltaba la transmisión del toro. Su labor fue muy torera.

Con tres largas cambiadas y lances de rodillas recibió Pedrito de Portugal al segundo de su lote, un cinqueño -al igual que toda la corrida- manejable, pero soso, al que no le ligó las series y por ello la faena no llegó a los tendidos, pese a dar buenos muletazos sueltos.

Un mulo, manso y sin fuerzas, fue el primero de Eugenio de Mora. El animal sólo quería tablas, pero ni en ese lugar quería embestir. El toledano estuvo breve, puesto que no había una mayor solución.

Nada fácil fue el quinto que hizo dos extraños por el pitón derecho, uno a su matador y otro a su subalterno. Por este lado realizó la mayoría de una faena en la que se plantó firme, pero el toro fue orientándose cada vez más.

El tercero fue devuelto al corral, pese a inutilizarse en el ruedo a la salida de un lance de Millán. El sobrero de Julio de la Puertamanseó y resultó complicado, pese a que Millán realizó una labor esforzada, siendo golpeado al natural, sin consecuencias. Continuó la faena por el lado derecho.

Blando resultó el que cerraba festejo y feria. Miguello toreó a media altura, porque cuando le bajaba la mano el toro caía por los suelos. Le dio distancia y ejecutó una pulcra labor, finalizada de rodillas.