La última del abono de la Feria de Fallas  I ALBERTO DE JESUSlinea-punteada-firma1

 

JOSÉ MIGUEL ARRUEGO > Valencialinea-pie-fotos-noticias

Era la tarde que le faltaba a la feria. Explosión (de toreo), apoteosis, controversia… y hasta un indulto. Ni siquiera la polémica faltó. Un espectáculo rico en matices, de los que generan opinión y crean afición. Porque todo el que estuvo volverá. Y el que se lo perdió, aunque sea por curiosidad, irá en cuanto tenga ocasión. Por orden de importancia el podio de la tarde (y de la feria) es para El Juli. Tremendo su despliegue. No sólo por su raza (inagotable), es que en cada faena, en cada planteamiento, hay una lección de Tauromaquia y con el poso de la madurez, una manera cada vez más asolerada de interpretarla. Después vino algo así el ‘ninot indultat’ con que en esta tierra premian a la mejor falla. En la arena premiaron (quizá de modo exagerado) la bravura de ‘Pasmoso’, el último toro de la feria, y también el mejor del abono, con un indulto cuyo mérito hay que apuntarle a su lidiador, Alberto López Simón, que creyó en él, apostó y lució en la distancia al de Domingo Hernández, hasta lograr la recompensa final. Talavante fue el único que se marchó de vacío, pero fue por sus fallos con el acero, porque varios de los mejores pasajes de la tarde llevaron su firma.

Abrió El Juli la tarde lanceando con temple y sosiego al primero, a pesar del incómodo viento reinante. Tuvo el toro humillación, pero resultó gazapón y andarín entre un pase y otro, sin terminar de entregarse nunca. No le dejó pensar el torero, que por cierto le había bordado un inicio rodilla en tierra precioso. Le ganó terreno sin irse en cada muletazo, y así ligó series con la mano derecha con limpieza, lentitud y estética. Tres series de nota aderezadas además con remates de mucho sabor. La oreja, importante.

El castaño que hizo cuarto, tuvo remate y presencia. El Juli lo veroniqueó con brillantez y después de dejar entrever calidad en los primeros tercios llegó a la muleta, caminando, como el toro anterior, y el torero madrileño lo volvió a parar con poderío y mano baja. Otra faena de insultante seguridad, en la corta distancia, vendiendo mucho cada cite, sin atosigar al animal, para extraer muletazos de gran longitud y despaciosidad. Un ‘taco’. Porque su arrimón fue para torear, porque entre un muletazo y otro se dejó llegar los pitones a la taleguilla, y porque, tomándolo tan en corto, los muletazos tuvieron una largura inusitada. Sin duda alguna, la faena de la feria. La vuelta al ruedo al toro, que nadie pidió, un flipe producto de la ignorancia y la incompetencia del presidente.

Antes de que saliera el sexto todos los titulares eran para el de Velilla, pero faltaba la guinda del pastel. No era ‘Jaleoso’ un dije de hechuras precisamente. Corto de cuello, cuesta arriba, el toro que cerró Fallas derribó con estrépito al caballo. Se agarró arriba luego Ángel Rivas, muy aplaudido por el cónclave. Saludó Vicente Osuna en banderillas antes del inicio con pases cambiados en los medios de López Simón. Tuvo el toro alegría y ritmo, y el torero madrileño lo lució dándole metros, se lo dejó llegar y, verticalizando la figura, relajada la planta, bordó el comienzo de faena con la derecha. Como el toro se desplazó y despegó de los vuelos, facilitó que aflorase el concepto de López Simón de ligar con economía de terreno, sólo girando los talones para edificar la obra en una loseta.

La faena tuvo cuerpo y nivel, y cuando el torero cogió la espada para ponerle rúbrica, parte del público comenzó a solicitar el indulto, una petición sorprendente en un primer momento, que cobró cuerpo y fuerza después de una nueva serie del torero. Subieron los decibelios, aumentaron los pañuelos, creció la demanda y el presidente, después de unos minutos de deliberación, optó por sacar el pañuelo naranja y ‘Pasmoso’ regresó a los corrales mientras el torero era recompensado con las dos orejas simbólicas, un premio más que merecido, porque fue quien primero apostó por el animal y se empeñó en que las virtudes prevalecieran sobre el resto de calificativos que tuvo la embestida, que ni viajó obligada ni resultó humillada.

Antes, el torero de Barajas había saludado muy vertical al tercero, alto y zancudo, con la cara para delante, al que luego midió en el peto porque evidenció escasez de fuerza el animal en esos primeros tercios. Inició luego de rodillas una faena un tanto amontonada porque el astado pedía sitio y el torero, pese al buen trazo de varios muletazos, no terminó de dárselo. Faena de ataque, de mucho fuego, donde la ligazón fue la mejor virtud y la clave para que la obra llegara al tendido pese las fases de embarullamiento con las que contó.

Al melocotón segundo, tocadito arriba de pitones, bien hecho, Talavante lo lanceó con pulcritud y serenidad, ganando terreno, en lances de mucha expresión que el toro tomó humillado, aunque tendió a desentenderse un tanto tras el embroque. Aunque el animal no terminó de emplearse en los primeros tercios, el animal acometió con celo y profundidad en el inicio de faena, que por cierto el extremeño improvisó citando con la muleta plegada primero y en varios naturales excelsos flexionando la pierna después. Quizá para dar celo al toro, el extremeño se quedó muy encima en las series siguientes y en esa cercanía surgieron algunos desajustes en forma de enganchones. Retomó vuelo la faena al final con muletazos de uno en uno, muy metido entre los pitones, pero un pinchazo y una estocada corta le dejaron sin premio.

Más basto el quinto, que se movió pero con la cara muy suelta. Tuvo virtudes el animal, como la humillación y hasta la largura en sus arrancadas, pero nunca dio la impresión de viajar metido en los vuelos. Talavante se puso a torear sin preámbulos en los medios, con la mano zurda, y lo que era una serie grande a punto estuvo de concluir en un percance porque el toro se metió por dentro y le marcó la cornada en el muslo. Estuvo importante el torero, porque nunca rectificó ni dio un paso atrás a pesar de la embestida incierta del animal, que tendió siempre a embestir con el pitón de fuera. Hubo muletazos de excelente dibujo, mérito, valor, y resolución. Pero volvió a echar todo a perder con el acero.

Hierro de Garcigrande - España Plaza de toros de Valencia. Undécima y última de la Feria de Fallas. Lleno. Toros de Garcigrande (1º y 5º) – Domingo Hernández, de variadas hechuras, distinto juego. Destacó la alegría del sexto, ‘Pasmoso’, que fue indultado. El cuarto fue premiado de modo incomprensible con la vuelta al ruedo. Hierro de Domingo Hernández - España
El Juli, oreja y dos orejas
Alejandro Talavante, ovación y ovación tras aviso
López Simón, silencio tras aviso y dos orejas simbólicas