Pablo Hermoso de Mendoza es una isla en el archipiélago del rejoneo. Su concepto del toreo a caballo difiere notablemente de los demás rejoneadores. No hay más que verlo torear para verificar que llega donde nadie y templa de manera increíble. Hoy se presentó en Palencia y ya salió en olor de multitud. Le han bastado quince minutos, la colaboración de un extraordinario toro para ganarse el favor del público. Con Fusilero paró los pies del toro, sobre Cagancho lo templó y toreó dejándolo domesticado; montando a Aldebarán se lució y a los lomos de Borba lo apioló. Pie a tierra paseó las dos orejas.

En la línea del toreo de Hermoso, Sergio Vegas tuvo también una gran actuación. Monta espectacular, de rápida conexión con los tendidos. Su lidia tuvo lagunas propias de la inexperiencia, pero resultó intensa siempre.

Luis y Antonio Domecq, imprecisos en sus respectivas actuaciones individuales, se compenetraron juntos y recrearon un espléndido tercio de banderillas en el quinto toro. Hermoso y Vegas, en equilibrada y emocionante alternancia, lidiaron al sexto toro, cubriendo con un manto apoteósico la corrida y la feria.