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Madridtiene en su defecto su virtud. Quizá esa sea la clave de su idiosincrasia como plaza. Perdida la intransigencia de los años de cambio hacia el toro actual, Las Ventas se ha convertido y la crisis la ha confirmado, como una plaza de trashumancia de públicos y personas, un nomadeo incesante, un transitar diario que alcanza a tener un común denominador en la raíz estable de su aficionado. Pero incluso éste muestra un abanico de gustos muy distinto. Las Ventas es Madrid, ciudad abierta y plural, lugar de encuentro y de paso, y eso se refleja en la plaza como en ningún otro espectáculo de la capital.

En Madrid, a ratos o algunos días, encontramos una Sevilla, un Bilbao, una plaza de costa o de gentes de aluvión, quizá una Pamplona.Eso en los días, pero en una misma tarde puede suceder que las encontremos todas. No es cierto que Las Ventas sea plaza anti nada. Hay públicos anti algo, parte de los públicos. Contrarios a las corridas ‘comerciales’, favorables a ellas, contrarios a otro tipo de toro,… pero no es plaza de sistema unificado ni siquiera una sola tarde. Las Ventas es el reflejo fiel del país, y este país ha dispersado su ira, ilusión, tendencia, deseo hacia lo más plural. Basta ver los resultados de las últimas elecciones.

Esta plaza, sin embargo, mantiene la inocencia de la pasión como respuesta a la actitud, a la señal de la entrega, al ánimo mostrado. Es plaza de emociones de valentía racial, y de emociones de toreo bueno. Es plaza, más de respuesta colectiva  que de sabiduría colectiva. Capaz de poner se acuerdo ante una acción de toro o torero, y menos capaz de saber ver, al unísono, el toro, el toreo, el matiz. Pero, lejos de ser un defecto, esa es la gran virtud de Madrid. Que todo torero puede llegar a ser de Madrid. Toda ganadería también. Paradojicamente, en zona de prejuicios, el juicio llega cuando algo es incontestable y pone a todos de acuerdo. Madrides el acuerdo del toreo.

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