icono-sumario Se puede, se debe eliminar el problema del viendo en Madrid. Sin excusas.

icono-sumario Nadie del toreo trabaja para la Tauromaquia porque no existe sector

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Es sino de la gestión del toreo: llorar, conseguir, no usar I ARCHIVOlinea-punteada-firma1

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Todo lo que se estaba buscando, se logró. Pero todo lo que se logró, no se sabe si va a ser usado. Es el sino de la gestión del toreo: llorar, conseguir, no usar. Hace unos días, el Parlamento ha blindado al toreo con la aprobación de La Ley de Patrimonio Cultural Inmaterial, en cuya disposición final quinta, incluye a la Tauromaquia. Una encuesta realizada por este medio (que por razones de decoro, no se va a publicar) a profesionales del sector, nos confirma una catástrofe neuronal en los actores de la Tauromaquia. Un 78% desconocía la aprobación de esta Ley.

De los que afirmaron conocerla, sólo un 45% sabía su significado para el futuro del toreo. Con este panorama, nos preguntamos qué pensará el gabinete del tan denostado Ministro Wert, hombre que ha logrado colocar a la Tauromaquia allí donde jamás habíamos soñado. La cuestión, por tanto, no es que no nos ayuden. La cuestión es que da igual que nos ayuden. Nos han colocado en un camino de futuro para trabajar, pero nadie lo va a hacer. Nadie del toreo trabaja para la Tauromaquia porque no existe sector, no existe estructura, no existe modelo, concepto u hoja de ruta que ponga en valor lo que ya somos: Patrimonio Cultural Inmaterial de este bendito país.

Esta encardinación nos da estabilidad legal y constitucional. Nos da la vía para entrar en la normalización de nuestras relaciones con la sociedad, nos permite la entrada en colegios, escuelas, universidades, estudios estadísticos, permite otra redacción de pliegos de condiciones,… Pero, claro, si se trabaja. No podemos pretender que alguien nos haga este trabajo. Pero, excepto la Unión de Criadores de Toros de Lidia, apenas nadie del toro ha seguido con atención y ha alertado de esta bendita nueva realidad. Nos han dado un Ferrari que usaremos para ir por los caminos de piedra que aún transitamos. Aquí seguimos al negocio puntual, a euro del día, al negociete del día.

El toreo es una tienda de barrio que cree que puede competir con las grandes superficies porque tiene sol y moscas y años y la frase recurrente, anciana y rancia de “así ha sido toda vida de Dios”. Sin darse cuenta de que, incluso Dios ha mudado de acera y hace la compra en otra parte porque es más cómodo, tiene mas calidad y ni llueve ni hace viento. Como en Las Ventas. En donde se da el espectáculo de la Tauromaquia en las mismas condiciones que se daba antes de la Guerra Civil. Un frade de anacronismo que nos retrata.

Un viento que condiciona, altera, contamina, frustra, añade riesgo, defrauda, adultera la tauromaquia del s XXI. Que en Madrid se define así. El arte del toreo es aquello que permite el viento cerca de las tablas. En 2015. Pero inmediatamente el inmovilismo, ese que no desea invertir talento (no hay), dinero (si hay) para solucionar el problema, saca eso “esto ha sido así toda la vida de Dios”. Y entonces nos preguntamos si eliminar la penicilina, si regresar a la enfermería los utensilios de los años 30, … es decir, regresar a lo que la vida de Dios de toda la vida ha sido el toreo.

Que no es otra cosa que la incapacidad de gestión y el ninguneo de las propiedades. Si el futbol, el cine, el teatro… hubieran actuado igual, nadie iría al cine, al teatro, a la Fórmula Uno. Se puede, se debe eliminar el problema del viento en Madrid, sin excusas. Por coherencia con el siglo XXI, por coherencia con la evolución del toro, al que se está condenando a tablas, por respeto al toreo, que se está haciendo pegado a una tapia. Porque hemos evolucionado, porque tenemos que competir con las grandes superficies de ocio. Porque se nos hacen viejos los clientes. Porque el viento huracanado que Las Ventas multiplica es un insulto a le evolución, a la inteligencia, un agravio al toreo, al toro y al público.

Es lamentable que el torero, el ganadero, el aficionado, calle. Consienta. Que el recinto de propiedad pública que más dinero ha dejado ( no sólo en Madrid, sino en España) en las arcas públicas en los últimos 30 no haya sido capaz de solucionar su mayor problema de competitividad, es una broma macabra. Expliquemos a esta sociedad que, en 2015, un artista depende del viento, no para hacer arte, sino para no morirse haciéndolo. Y expliquemos que una obra de pocos millones de euros, conservando la catalogación y categoría del recinto, solucionaría esta aberración.

Y dejemos eso de lo de “así fue toda la vida de Dios”. A Dios también le gusta el aire acondicionado y huye de esas moscas que se mueven perezosas y bien mantenidas en la tienda de ultramarinos de la esquina que es el toreo.